Por Jorge Fernández Gentile
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El científico e investigador británico Stephen Hawking fue una de las voces más autorizadas de las últimas décadas en todo lo relacionado con la física, el planeta y el universo, y el gran responsable de acercar las estrellas a millones de personas en todo el mundo. Desde sus múltiples emprendimientos y obligaciones, a pesar de vivir postrado en una silla de ruedas por décadas, con sus funciones prácticamente anuladas pero con una mente lúcida y brillante, permitió que muchísimos de nosotros abriéramos nuestras mentes a otras ideas, no tan convencionales.

Lamentablemente, el pasado miércoles, cuando faltaba muy poco para el cierre de esta edición del suplemento Fenómenos Paranormales, las páginas del mundo informaban su deceso a los 76 años, en su casa de Cambridge. Por eso mismo, decidimos levantar una nota, que bien puede esperar una semana para ser publicada, y rendirle un pequeñísimo homenaje a ese diminuto personaje pero enorme pensador, que en varias oportunidades apareció en nuestras páginas, para aclarar y ampliar los conceptos más variados, siempre ejemplificadores, sobre los agujeros negros, la historia del universo y la teoría de la relatividad general, algunos de sus legados científicos más importantes.

Su vida

Stephen William Hawking nació en Oxford el 8 de enero de 1942. Hijo mayor de los cuatro que tuvo el prestigioso biólogo Frank Hawking y de Isabel Walker. Su infancia se enmarcó por la bohemia familiar. Considerado un discreto estudiante en St Albans, Londres, su brillantez fue reconocida por sus compañeros, que lo apodaron “Einstein” por su facilidad para entender la ciencia. Se matriculó con absoluta facilidad en matemáticas y física en Oxford en 1959, pero sorprendentemente la cosmología fue lo que más le interesó, a partir de la gran pregunta sobre el origen del universo. Por eso dedicó un posgrado en la Universidad de Cambridge, a la que ha seguido vinculado hasta el final.

Ya por entonces se agudizaban los síntomas que había detectado en Oxford -dificultad al hablar o, por ejemplo, al atarse los cordones de los zapatos- y en 1963, un año después de licenciarse, se le diagnosticó que padecía una esclerosis lateral amiotrófica (ELA). Los médicos le dieron entre dos y cinco años de vida. Pero vivió 54 años más.

Maldito mal

Los siguientes dos años sólo se dedicó a leer ciencia ficción, escuchar música clásica (Wagner) y beber mucho. Sin embargo, cuando el mal pareció estabilizarse, decidió retomar sus investigaciones. En 1965 se casó con Jane Wilde, estudiante de filología y madre de sus tres hijos. Hawking definía ese paso como un punto de inflexión en su vida, aunque concluyó en 1990. Indomable, volvió a contraer matrimonio en 1995 con Elaine Mason, una de sus enfermeras, cuyo anterior esposo había creado su sintetizador de voz, que lo distinguía, y de la que se divorció en 2006.

Rápida fama

Hawking saltó a la fama junto a su colega Roger Penrose a finales de los ’60, a partir de su teoría de la singularidad del espacio tiempo, cuando aplicaron la lógica de los agujeros negros al universo entero. Su más famoso hallazgo científico fue el del fenómeno que se conocería como la radiación Hawking, por la que los agujeros negros desprenden energía hasta desaparecer.

Empero, su mal lo recluyó a ser alguien condicionado. La ELA destruyó poco a poco su cuerpo, su capacidad motora, sus músculos. Primero quedó postrado y luego le quitó la capacidad de hablar. Además de su brillantez y sus cualidades divulgativas, Hawking se convirtió en un obstinado por luchar contra sus enfermedades. En 1985 ya respiraba por un tubo y ya no podía hablar, comunicándose a través de un sintetizador electrónico de voz. Fue entonces cuando su voz metálica agrandó su leyenda.

Contradicciones

Hawking sorprendió en enero de 2014 cuando presentó un polémico y sorprendente texto defendiendo que no existían los agujeros negros, al menos no como se creía hasta entonces, lo que en muchos fue un ajuste a su idea inicial. Un año después habló de una de sus últimas obsesiones: la vida extraterrestre. “Si nos visitaran, el resultado se parecería mucho a lo ocurrido cuando Colón desembarcó en América: a los nativos americanos no les fue bien. Estos extraterrestres avanzados podrían convertirse en nómadas, e intentar conquistar y colonizar todos los planetas a los que pudiesen llegar. Para mi cerebro matemático, de números puros, pensar en vida extraterrestre es algo del todo racional. El verdadero desafío es descubrir cómo podrían ser esos extraterrestres”.

Pese a todo, inquieto

Hawking, con sus enormes limitaciones, viajó por todos los continentes, incluida la Antártida. Ganó premios, entre ellos el Fronteras del Conocimiento de la Fundación BBVA en 2016, aunque el Nobel se le escapó (ver tema aparte). Seguido por millones de personas en todo el mundo, Hawking incursionó en la serie “The Big Bang Theory”, de la que se declaraba fanático. Sus 60 años los celebró en un globo aerostático. A los 65 probó la gravedad cero a bordo de un Boeing 727. Y cuando se le consultó por qué hacía todas esas cosas, expresó: “Quiero demostrar que la gente no debe estar limitada por discapacidades físicas, siempre que su espíritu no esté discapacitado”. Contundente. Como fue en vida.