Si la suerte ayuda... ¡No despilfarrar la guita!
Números y Destino HISTORIAS. De personas que ganaron fortunas se quedaron “secos”.
Bien se sabe (y se espera) que ganar una lotería o un juego poceado abren las puertas a un futuro deslumbrante en el que muchos “taparán agujeros”, harán frente a incómodas deudas o, directamente y en el mejor de los casos, podrán vivir el resto de su vida sin trabajar.
Pero no todas las historias tienen final feliz o acaban igual de bien. Hay una serie de casos más que desafortunados en los que los premios se convierten en una maldición. En nuestro país el cobro es anónimo, no así en unos cuantos lugares del planeta donde la legislación obliga a darse a conocer. Por eso por estas pampas no se conocen historias felices o tristes, mientras que hay decenas de relatos del “primer mundo”.
Por ejemplo, Adrián y Gillian Bradford ganaron el récord en premios de Inglaterra: un total de 148 millones de libras (más de 187 millones de euros).
Hicieron viajes en primera clase, un nuevo hogar y coches deportivos. Sin embargo después la pareja anunció su separación. En unas declaraciones a ‘The Daily Mail’ Gillian afirmó que para ella fue “muy estresante”.
“El dinero hace supuestamente feliz a la gente, pero también las convierte en personas exigentes y codiciosas”, afirmó. “He dado a mi familia dinero, casas y coches, pero siguieron queriendo más”. Al final, la fortuna produjo recelo entre sus familiares y amigos y terminaron cada uno por su lado.
Otro caso: Evelyn Marie Adams era una empleada de la tienda 24 Horas de Nueva Jersey que ganó dos veces grandes premios. Obtuvo tanto dinero que tuvo que escapar de su ciudad porque los pedidos de ayuda de familiares y amigos crecieron como la espuma. Luego despertó en ella la peor adicción: la ludopatía.
Despilfarró una gran parte del monto total en los casinos de Atlantic City. Años más tarde, el diario ‘The New York Post’ le preguntó cómo era su vida. “Estoy en la ruina y tengo dos trabajos”, admitió. “Mi consejo para cualquier persona que gane un gran premio es que lo primero contacten con su abogado y contable”.
También Billie Bob Harrell Jr. trabajaba en un Home Depot y era pastor de una parroquia. De pronto ganó 31 millones de dólares y toda su vida cambió. Tristemente Billy manejó mal su dinero; compró un campo, 6 casas inmensas y regaló grandes sumas.
El desorden en sus finanzas hizo que su familia se disolviera, su matrimonio acabara en un desastre y que finalmente él terminara suicidándose. Algo parecido les ocurrió a Lara y Roger Griffiths. Eran la pareja ideal, estaban casados desde hace un tiempo y ganaron casi tres millones de dólares.
Sin embargo, ella luego lo acusó de estar engañándola con otra mujer y, además, la gran casa que se habían comprado se incendió. Su fortuna se perdió y ellos se separaron… El dinero no les trajo nada de felicidad.
Esta es una historia positiva. Andrew ya era millonario cuando ganó el premio de lotería que le añadió 315 millones de dólares a su cuenta.
Donó gran parte del dinero a entidades de caridad y creó su propia fundación. Y también fue a la tienda donde compró el boleto ganador y le entregó a la mujer las llaves de una casa nueva, un auto y 50 mil dólares en efectivo. Y él continuó muy feliz con su vida.

