Por Florencia Bombini
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En una charla entre un grupo de amigos a la mañana, antes de entrar a la facultad, a trabajar o bien a realizar actividad física, se pueden escuchar diferentes temáticas. Desde el partido de fútbol de la noche anterior, el final de una novela, la jornada que se les viene… Pero en la mayoría de los casos siempre está aquella persona que cuenta que no durmió bien, que le costó conciliar el sueño y que no encuentra la solución a este problema, a pesar de los miles de métodos utilizados durante el último tiempo.

No es un extraño. Cada vez son más los casos de trastornos de sueño que llegan a los consultorios médicos. Y a pesar del avance en la ciencia, es un problema que va en aumento.

En la Unidad de Medicina del Sueño de la Fundación Fleni se atienden alrededor de 2.400 consultas y se realizan 3.255 estudios de sueño por año (polisomnografías nocturnas). Entre los trastornos que se tratan con mayor frecuencia, explicó el equipo de la institución liderado por Claudio Podestá, se encuentran el insomnio y las apneas.

En el marco del Día Mundial del Sueño, que se celebró el pasado 16 de marzo, los profesionales de la fundación explicaron de qué se tratan estos dos conceptos y brindaron consejos para un buen descanso, debido a la importancia que implica para la salud general.

Variaciones según la edad

Primero hay que entender que el sueño es una necesidad fisiológica de suma importancia que afecta la calidad de vida. La cantidad de horas que cada uno debe dormir varía según la edad y será la que le permita al individuo realizar sus actividades cotidianas (trabajar, estudiar, hacer deportes o desarrollar su vida social) sin somnolencia, fatiga ni déficits en la atención. Un niño pequeño necesita más de ocho horas y un adulto mayor, quizá, menos.

¿Cuándo es insuficiente?

Cuando la cantidad es inferior a la necesaria para mantener el estado de vigilia y alerta durante el día, debido a un escaso tiempo en cama. Estas personas generalmente duermen más si tienen la posibilidad, como por ejemplo, durante las vacaciones o los fines de semana. En la sociedad actual, este cuadro ocurre debido a factores sociales y culturales (como demanda laboral y familiar, uso de dispositivos electrónicos durante la noche, actividades recreativas). El descanso muchas veces es considerado como una pérdida de tiempo y esto no es así.

El sueño insuficiente afecta a mujeres y hombres, ocurre a cualquier edad, y es frecuente en la adolescencia. Entre sus consecuencias, se encuentran la fatiga y/o somnolencia diurna, déficit en la atención y en la capacidad de concentración, distracciones, mayor número de errores, cambios en el humor, riesgo de abuso de estimulantes, menor desempeño escolar y laboral, tendencia al sobrepeso y a la obesidad, síntomas físicos (dolor o alteraciones digestivas), alteraciones hormonales y mayor riesgo de sufrir accidentes.

¿A qué se llama insomnio?

Este término hace referencia a la dificultad para iniciar y/o mantener el sueño, que ocurre a pesar de contar con la oportunidad y las circunstancias adecuadas para dormir. Además, las personas que sufren esta problemática puede tener síntomas durante el día: cansancio, fatiga, dolor, cambios en el estad o Día Mundial del Sueño. Cómo podemos dejar atrás este problema que de ánimo, disminución en la motivación o iniciativa, tensión, cefalea, síntomas gastrointestinales y excesiva preocupación por el sueño.

En caso de sufrir alguna alteración o problema durante el sueño o presentar somnolencia diurna es muy importante que las personas consulten a su médico. En este sentido, la doctora Elda Berrozpe, de la Unidad de Medicina del Sueño de Fleni, explicó que “es muy importante que el paciente consulte a un profesional idóneo y evite automedicarse. Toda medicación tiene posibles efectos adversos y puede interactuar con otros tratamientos o sustancias. Puede ser necesaria en algunos momentos, pero su consumo no debe prolongarse de manera innecesaria. Existen problemas de salud que pueden producir dificultades para dormir y requieren un diagnóstico y tratamiento específico”.

¿Qué son las apneas?

El síndrome de apneas obstructivas del sueño consiste en la sucesión de episodios transitorios de obstrucción, parcial o casi total, de la vía aérea superior durante el sueño. Estudios epidemiológicos en la población general indican que este síndrome asociado a somnolencia diurna ocurre en el 3 al 7 por ciento de los adultos hombres y en el 2 al 5 por ciento de las mujeres. Sin embargo, debido a que muchos no sufren de somnolencia diurna, la prevalencia de la enfermedad sería mayor. Uno de los principales factores de riesgo son el sobrepeso y la obesidad. Además, se acentúa con la ingesta de alcohol, sedantes y el tabaquismo. ¿Cómo sospechar si una persona está en presencia de apneas del sueño? Cuando hay ronquidos fuertes, despertares con sensación de ahogo, sueño excesivo durante el día (trabajo, salas de espera, reuniones, al conducir, entre otros), dificultades para mantener la atención, despertares con boca seca o cefalea, pausas respiratorias durante el sueño relatadas por familiares, sueño superficial y fragmentado o necesidad de orinar muchas veces durante la noche.

La importancia de diagnosticar y tratar las apneas del sueño radica en que se ha demostrado que son un factor de riesgo cardiovascular (se relaciona con arritmias, hipertensión arterial, infartos, ACV) y aumenta la probabilidad de sufrir accidentes. Además, puede causar alteraciones en la memoria, cefalea y cambios de humor.

En los niños, las apneas del sueño pueden generar déficit de atención e hiperactividad, dificultades en la escuela, posiciones raras para dormir o enuresis (orinarse por las noches).