¿Cómo cuidar la piel del sol?

CRÓNICA SALUD La protección es uno de los puntos más importantes para no padecer daños durante la temporada estival.

Por Gabriel Arias
salud@cronica.com.ar

La época más deseada del año por muchos llegó para quedarse, y con ella también existen ciertos riesgos que una persona debe tener en cuenta, por ejemplo el cuidado de la piel, ya que si bien uno busca tener un buen color también es justo decir que los riesgos pueden llegar a ser altos en pos de alcanzar este objetivo. Los datos sanitarios indican que entre los 18 y 20 años una persona recibirá casi el 80 por ciento de la radiación solar a la que se expondrá durante toda su vida, y por tal motivo, es clave proteger la piel desde los primeros años de vida tomando conciencia de los daños que “febo” le puede traer a la salud.

¿Cómo cuidar la piel del sol?

La doctora Natalia Balestra (M.N. 101.535 y dermatóloga de la Clínica Zabala) se refirió a que “cuando estamos al aire libre nos exponemos a la luz del sol, fuente principal de la radiación ultravioleta (RUV). Los rayos UV dañan el ADN de las células de la piel, lo cual puede favorecer al desarrollo de cáncer cutáneo. Entre los rayos solares se encuentran la radiación ultravioleta A y B (RUV A y RUV B), causantes de la mayoría de los daños en la piel y la RUV C que no llega a la tierra por ser absorbida en la capa de ozono. Los RUV A componen el 95% de la radiación ultravioleta que llega a la piel y penetran en profundidad hasta llegar a la dermis, donde afectan las células y las fibras de colágeno y elastina”.

Síntomas en la piel

A la hora de saber qué pueden causar estos rayos, por ejemplo aparece el fotoenvejecimiento (la piel se torna fina, opaca, pierde elasticidad y presenta arrugas marcadas), intolerancia al sol o alergia solares (se manifiesta con picazón en todo el cuerpo y manchas rojas) y alteraciones de pigmentación. Pero lo más importante a destacar dentro de las alteraciones que provocan los RUV A es cáncer de piel. Por su parte, los RUV B son los responsables del bronceado, pero también de quemaduras que predisponen a desarrollar cáncer de piel y reacciones alérgicas. “Las zonas del cuerpo que están en contacto directo con el sol a diario durante años, pueden presentar lesiones que, en su conjunto, se llaman “fotodaño”. Este se manifiesta como: piel seca, laxa, adelgazada, arrugada y con manchas. Estas últimas pueden ser, marrones, blanquecinas o rosadas”, agregó la profesional. Otra lesión que provoca la acumulación de radiación UV en la piel es la queratosis actínica, una patología pre-cancerosa, también llamada queratosis solar. Suele darse en personas mayores de 40 años con piel blanca. Se presenta, generalmente, en el cuello, la cara y el escote en forma de escamas pequeñas y pálidas sobre un fondo rosado, por lo que se reconocen más al tacto que a la vista. Si se detectan a tiempo, se pueden curar sin mayor problema.

¿Cómo cuidar la piel del sol?

Cáncer de piel

En los casos más extremos, la exposición al sol y la excesiva radiación UV puede desarrollar cáncer de piel, y éstos se pueden dividir en dos tipos:

1) Melanoma: este es uno de los más agresivos para el ser humano. Se desarrolla principalmente en personas de piel y ojos claros que sufrieron quemaduras solares en la infancia o adolescencia. Suele localizarse en zonas de exposición puntual, excesiva e intermitente como la espalda y las piernas. Se manifiesta con manchas oscuras que pueden crecer y transformarse en nódulos o úlceras.

2) Epitelioma: es el tipo de cáncer más frecuente que padece la humanidad. Se observa principalmente en la cara, cuello, pecho y manos. Su aspecto es variado pero lo más común para detectarlo es cuando una lesión en la piel no se cura y se vuelve a lastimar.

Recomendaciones

Con un sol cada vez más peligroso, hay varias recomendaciones para proteger la piel de la exposición a la radiación UV, como utilizar diariamente protección solar, incluso los días nublados, ya que las nubes dejan pasar el 80% de la radiación UV. Lo mismo ocurre si estamos a la sombra de los árboles, en donde se pueden filtrar los rayos del sol.

No exponerse a los rayos UV entre las 10 y las 16 horas, estar a la sombra en los horarios picos y con ropa adecuada: gorros de ala ancha que protejan las orejas y cubran el rostro y anteojos para cuidar la visión. También se pueden utilizar prendas con filtros UVA y UVB, en el caso de los niños, se recomienda que hasta pasado el año no se los exponga directamente al sol. Los primeros 6 meses de vida no se les puede aplicar protector solar, por lo que deben mantenerse a resguardo, al tomar sol, utilizar un protector solar con factor 40 o superior, tanto en el cuerpo como en el rostro y reponerlo cada dos horas.

Los protectores solares no filtran el 100% de la radiación por lo que el cuerpo siempre genera melanina y la piel adquiere un tono más oscuro, al entrar en contacto con el agua, ya sea de pileta o de mar, se debe reponer la protección al salir aunque el protector diga que es resistente al agua y evitar el uso de camas solares. La OMS las considera cancerígenas, ya que estas emiten radiación UVA y la dosis acumulada es dañina. Algunos países como Australia, Canadá y Brasil prohibieron su uso. En la Argentina no está prohibido su uso, pero quien las utilice deberá hacerlo a conciencia. Y sabiendo los riesgos a correr.

Manchas y cicatrices

Si bien se habló de las recomendaciones para cuidar la piel o lo que pueden causar los rayos ultravioletas en la misma, existe también un punto clave para cuidar nuestra salud, ya que es importante hacer una visita al dermatólogo una vez al año y realizar un control de lunares y lesiones nuevas de la piel, preferentemente en noviembre, antes de las primeras exposiciones al sol. En los casos en que se presenten nuevas lesiones, manchas, lunares o que estos cambien de forma, piquen, sangren o se inflamen se recomienda consultar inmediatamente con un especialista.

Además, otro ítem a tener en cuenta son las cicatrices, es decir, aquellas marcas en la piel que pueden ser transitorias si se colabora con el proceso normal de reparación de tejidos, ya que se las debe consultar con un especialista y tomar los recaudos necesarios para evitar futuros problemas. Existen dos tipos de cicatrices que se dividen según su origen: las nuevas, de color rosado, y las antiguas, de color nacarado, que pueden tener distintas características.

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