TEMASuper Green Pass: ¿qué hace Italia para evitar otra Navidad blindada?
Pandemia de coronavirus hoy
Ante el aumento neto de los contagios con covid-19, el Gobierno italiano trata de salvar las fiestas navideñas, imponiendo nuevas medidas que deben vencer la resistencia del 15 por ciento de la población adulta, que sigue sin vacunarse.
El 3 de diciembre Italia reportó más de 17.000 contagios diarios con el coronavirus, una cifra comparable con los niveles de principios de abril, cuando el país estaba viviendo la tercera oleada.
Sin embargo, a pesar del aumento de casos que se registra en las últimas semanas, en los hospitales italianos hay cinco veces menos enfermos del coronavirus que a principios de abril. En cuanto a la mortalidad, la media de decesos diarios ahora resulta seis veces menor.
Además, actualmente los italianos pueden moverse tranquilamente respetando un mínimo de precauciones, como el mantenimiento de la distancia social y el uso de la mascarilla en los interiores, aunque últimamente algunas ciudades, incluida Roma, volvieron a extender la obligación de cubrirse la boca y la nariz en las calles comerciales, donde hay riesgo de mayores concentraciones de gente.
Algo con la que en los días de Pascua se podía solo soñar: entonces el país estaba en la así llamada "zona roja" y los ciudadanos podían desplazarse solo en casos de necesidad comprobada.
EL SECRETO DEL ÉXITO
Si la situación de ahora es tan diferente respecto a la de hace ocho meses, es gracias a la campaña de vacunación masiva, una de las más eficaces en la UE.
El total de las dosis suministradas en Italia, hasta el momento, se acerca a los 100 millones, con lo cual ya tienen la pauta completa 45,8 millones de personas (84,8 por ciento por ciento de la población mayor de 12 años). Además, las autoridades sanitarias ya han puesto 8,7 millones de dosis de refuerzo y se preparan para iniciar la inmunización de niños entre 5 y 11 años.
Por supuesto, el camino de la vacunación tuvo sus escollos. Los antivacunas organizaron un sinfín de manifestaciones en todo el país, pero el Gobierno de Mario Draghi no tuvo escrúpulos a la hora de decidir medidas que tenían que doblegar su resistencia.
Desde el verano pasado los renitentes se sintieron aislados cada vez más con la imposición y la consecutiva extensión del green pass (pase verde), al que podían acceder los que se habían curado del covid-19 en los últimos seis meses, se habían puesto ambas dosis de vacuna o se habían sometido al test antigénico en las 48 horas anteriores.
Inicialmente el pase era necesario solo para viajar en aviones, trenes o autobuses de largo recorrido, pero después se convirtió en una condición sine qua non para acceder a restaurantes, museos, gimnasios e incluso los puestos de trabajo.
SUPER GREEN PASS
No obstante toda esta presión y el hecho de que la mortalidad entre los no vacunados es nueve veces mayor que entre los que han completado la pauta en los últimos seis meses, más de seis millones de italianos aún no se han puesto ni siquiera la primera dosis.
El Gobierno considera esta renitencia como amenaza para la salud pública y prefiere recurrir a medidas duras para convencer a los antivacunas. Por ejemplo, a partir del 6 de diciembre no se puede utilizar el transporte público urbano y los trenes regionales sin el pase sanitario.
Pero la gran novedad es el Super green pass, o sea el pase sanitario reforzado, que entra en vigor este lunes y se mantendrá hasta el próximo 15 de enero.
El nuevo documento será necesario para acceder a las salas interiores de los restaurantes, consumir bebidas y comida en las mesas de los bares, entrar en los estadios, cines, teatros y discotecas, así como para asistir a las ceremonias públicas.
A diferencia del pase sanitario habitual, el Super green pass estará disponible sólo para los que se hayan vacunado o se hayan curado, mientras quedan excluidos los que esquivan la vacunación, haciéndose la prueba cada vez que necesitan el pase.
Si el Gobierno está dispuesto a privar a más de seis millones de personas de la posibilidad de ir al restaurante durante las fiestas navideñas, es porque quiere evitar la pesadilla que el país vivió el año pasado, con la zona roja que duró entre el 24 de diciembre y el 6 de enero.
Frente a la cuarta oleada de contagios, las autoridades no contemplan la opción de limitar las actividades económicas durante el período navideño, lo que podría frenar la recuperación económica tras la crisis pandémica. Los que temen la vacuna por una razón o por otra ahora se ven sometidos a una dura prueba: ceder a la presión de las autoridades o pasar otra Navidad en un semiconfinamiento.
Fuente: Sputnik
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