A 45 años del mÃtico “Adiós, Sui Generisâ€
Con un Luna Park repleto de gente, la mÃtica banda de rock nacional marcó aquel dÃa un final que inició muchas cosas. Más detalles en la nota.Â
Era el viernes por la noche del 5 de septiembre de 1975 cuando miles de personas se reunieron en el estadio Luna Park para despedir a uno de los grupos más importantes del rock nacional de toda la historia. Por la gran venta de entradas para aquella última vez, la convocatoria se repetirÃa un dÃa después, logrando en dos fechas el histórico número de 25.000 personas que dijeron “Adiós, Sui Generis”.
Con sus últimos conciertos, el dúo conformado por Charly GarcÃa y Nito Mestre no sólo terminaba su historia a lo grande, sino también plantando bandera en la cultura popular. Por un lado, porque el rock argentino, aún en su etapa seminal, ya no era un movimiento rebelde de algunos jóvenes. Con este hito daba cuenta de que el género se habÃa convertido en un fenómeno masivo, y por otro costado, quizás más sentido y simbólico, porque, a las puertas de la dictadura militar que llegarÃa tan sólo seis meses después, la época estaba signada por la censura y la violencia polÃtica. Atravesados por esos cambios a nivel social, el grupo representó acaso uno de los últimos gritos de luz y libertad antes de que el pueblo se hundiera en la oscuridad.
Sui Generis nació en Caballito, especÃficamente en el colegio Dámaso Centeno. AllÃ, el alumno Carlos GarcÃa, (Charly) deslumbró a Nito tocando el piano durante un recreo. La quÃmica fue instantánea y comenzaron a delinear el grupo, al que luego se sumarÃan cuatro integrantes más, pero al poco tiempo volvieron a ser sólo ellos dos.
En 1972 lanzaron “Vida”, su disco debut y su primer tema, con el que se dieron a conocer al paÃs, fue nada menos que “Canción para mi muerte”, hoy considerada unas de las obras imprescindibles de la música. Un año más tarde editarÃan “Confesiones de invierno” y en 1974, los EP “Alto en la torre” y “Pequeñas anécdotas sobre las instituciones”. Con un puñado de canciones, estos adolescentes que fueron encontrando su camino, al mismo tiempo que marcaban el ritmo del rock nacional, lograron llevar al género a lo más alto en tan sólo seis años.