En un domingo nublado como el de hoy, reapereció en internet una clásica pregunta: ¿Qué ver en Netflix? Un interrogante que tiene una respuestas ideal, Post mortem: Nadie muere en Skarnes, una miniserie noruega que recientemente llegó a la plataforma de streaming más popular.

En esta comedia dramática dirigida por Harald Zwart y Petter Holmsen se utilizan recursos propios del cine negro para crear un nuevo subgénero bastante particular. Se consigue reinventar así la figura de los monstruos y el temor a la muerte y a lo desconocido, entre otros asuntos.

Según su sinopsis, "Una mujer a la que declaran muerta se despierta de pronto con una insaciable sed de sangre, lo que es muy oportuno para la funeraria en quiebra de su familia".

El elenco de esta producción se encuentra liderado por Kathrine Thorborg Johansen, Elias Holmen, André Sørum, Kim Fairchild, Sara Khorami y Terje Strømdahl. La miniserie tiene 6 episodios de 45 minutos cada uno. 

Sus personajes son quienes le dan vida a diversas situaciones aparentemente cotidianas en las que suceden toda clase de crímenes y en las que, por supuesto, corre mucha sangre. 

Según los críticos especializados, la clave del éxito de este experimento televisivo es su excelente guion, que sabe ir más allá de lo burlón; y el buen ritmo de su narración que se condimenta a cada paso.

Vampiros, terror y ¿risas?

“¿Sabés lo que cuesta hacer una autopsia?”, repite una y otra vez la oficial Judith (Kim Fairchild) ante el cuerpo de la joven Live Hallagen (Kathrine Thorborg Johansen) tendido campo abierto en el pequeño pueblo noruego de Skarnes.

Se trata de un pequeño poblado que de acuerdo a dator del 2018, tiene tan solo 2.456 habitantes. Debido a su tamaño, no cuenta con presupuesto para forenses ni investigaciones porque hace tiempo que no hay muertes ni crímenes. Además, las probabilidades de que se trate de un asesinato son pocas, oor lo que la policía se toma las cosas con calma y no demasiada preocupación.  

Allí cobra importancia la funeraria Hallagen, que se encuentra al borde de la quiebra y el negocio familiar custodiado por cuatro generaciones a punto de desaparecer, con claros guiños a un clásico como Six Feet Under.

Sin embargo, la muerte de Live no despierta buenos augurios para la economía familiar, sino la sombra de una maldición de antaño y el desconcierto de convertirse en sepultureros de su propia sangre. Live parece aturdida y hambrienta, sin recordar qué ocurrió o por qué vivió semejante experiencia.

Es así que a osada producción se permite explorar peculiares ideas como la muerte, los vampiros y lo monstruoso con toque de humor.

Una de las grandes virtudes de Post mortem: Nadie muere en Skarnes es su cualidad para ser impredecible. Si por un lado Live representa al vampiro clásico sediento de sangre, también es la ruptura de ciertos clichés

Además, los guionistas se burlan de la idea de Noruega como un país pacífico a través del sarcasmo. Mientras todo se hace más siniestro, es evidente que el argumento tiene más interés en crear una sofisticada mirada a varios temas a la vez.

Mirá el avance lanzado por Netflix

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