Descubrí la magia de la mermelada de tomate casera: una explosión de sabor
La **mermelada de tomate** es una delicia que sorprende por su versatilidad y sabor único. Ideal para acompañar quesos, carnes o simplemente disfrutar en una tostada, esta receta te permitirá explorar nuevas combinaciones en tu cocina.
La mermelada de tomate es una preparación histórica que ganó popularidad en los últimos años, especialmente entre aquellos que buscan sabores diferentes y sofisticados. Acá la mejor receta.
Aunque su origen no está del todo claro, se cree que esta receta tiene raíces mediterráneas, donde el tomate es un ingrediente fundamental en la gastronomía. La combinación de lo dulce y lo ácido del tomate crea una experiencia gustativa única que se puede disfrutar de múltiples maneras.
Existen diversas variantes de la mermelada de tomate, dependiendo de los ingredientes adicionales que se utilicen. La elección de los tomates también influye en el resultado final; los tomates cherry, por ejemplo, aportan un dulzor más intenso.
Esta mermelada no solo es deliciosa, sino que también es una excelente manera de aprovechar los tomates que están a punto de pasarse. Además, al ser una receta casera, podés controlar la cantidad de azúcar y ajustar el sabor a tu gusto. Esta mermelada es perfecta también para acompañar una tabla de quesos, darle un toque especial a un sándwich o incluso como glaseado para carnes.
En cuanto a su preparación, la mermelada de tomate es bastante sencilla. Solo necesitás unos pocos ingredientes y un poco de paciencia para lograr la textura perfecta. El proceso de cocción permite que los sabores se concentren y se mezclen de manera armoniosa, resultando en una mermelada que es tanto dulce como ligeramente ácida.
Si bien la receta básica es bastante simple, podés experimentar con diferentes ingredientes para crear tu propia versión.
En resumen, la mermelada de tomate es una opción deliciosa y versátil que merece un lugar en tu repertorio culinario. Ya sea que la prepares para una ocasión especial o simplemente para disfrutar en casa día a día, esta receta te permitirá explorar nuevas combinaciones y sorprender a tus invitados con un sabor único y memorable.
Ingredientes para preparar y descubrír la magia de la mermelada de tomate casera: una explosión de sabor- Tomates maduros: 1 kg (aproximadamente 6-8 tomates medianos). Lo ideal son tomates de buena calidad, bien rojos y carnosos. Pueden ser perita, redondo o incluso cherry para un sabor más concentrado.
- Azúcar: 700 gramos. La proporción clásica es 700 g de azúcar por cada kilo de fruta para una buena conservación y textura. Si prefieren un toque menos dulce, pueden reducirlo a 600 g, pero tengan en cuenta que esto podría afectar ligeramente la conservación.
- Jugo de limón: el jugo de 1 limón grande (aproximadamente 50 ml). El limón no solo aporta un toque de acidez que realza el sabor del tomate, sino que también es crucial por su pectina, que ayuda a que la mermelada espese.
El proceso de hacer mermelada de tomate es sencillo, pero requiere paciencia y atención a los detalles para lograr el punto justo.
1. Preparación de los Tomates
Lavar y escaldar: Lavar bien los tomates. Para pelarlos fácilmente, hacerles un corte en forma de cruz en la base y sumergirlos en agua hirviendo por 30-60 segundos. Inmediatamente después, pasarlos a un recipiente con agua helada para cortar la cocción. La piel se desprenderá sin dificultad.
Pelar y trocear: Una vez pelados, retirar el pedúnculo y cortar los tomates por la mitad. Con una cuchara pequeña, quitar la mayor cantidad posible de semillas y el agua del interior. Esto es importante para que la mermelada no quede demasiado líquida. Luego, trozar los tomates en cubos pequeños o la forma que deseen para la textura final de su mermelada.
2. Maceración (Opcional pero Recomendado)
Combinar con azúcar y limón: En una olla grande de fondo grueso (idealmente de acero inoxidable para evitar que se pegue), mezclar los tomates troceados con el azúcar y el jugo de limón.
Dejar reposar: Cubrir la olla y dejar macerar la mezcla en el refrigerador durante al menos 2 horas, o idealmente toda la noche. Este paso ayuda a que los tomates suelten sus jugos, lo que acorta el tiempo de cocción y permite que los sabores se integren mejor.
3. Cocción Lenta y Paciente
Cocinando a fuego lento: Llevar la olla al fuego medio-bajo. Remover constantemente al principio para que el azúcar se disuelva por completo y no se pegue al fondo. Una vez que hierva, bajar el fuego a mínimo y cocinar a fuego lento, revolviendo ocasionalmente para evitar que se pegue y se queme.
Espumado: Durante la cocción, se formará una espuma en la superficie. Retirarla con una espumadera, ya que esto ayudará a que la mermelada quede más clara y con mejor aspecto.
Punto de mermelada: La cocción puede llevar entre 45 minutos y 1 hora y media, dependiendo de la cantidad de agua que tuvieran los tomates y la consistencia deseada. ¿Cómo saber cuándo está lista?
Prueba del plato frío: Pongan un plato pequeño en el congelador unos minutos antes. Cuando crean que la mermelada está lista, coloquen una pequeña cucharadita en el plato frío. Dejen enfriar unos segundos y luego pasen el dedo por el centro: si la mermelada se arruga y no vuelve a juntarse, está en su punto.
4. Envasado y Conservación
Esterilizar frascos: Mientras la mermelada se cocina, es fundamental esterilizar los frascos de vidrio y sus tapas. Para esto, hervirlos en una olla grande durante al menos 10 minutos, o colocándolos en el horno a 120°C durante 15 minutos. Asegurarse que estén completamente secos antes de llenarlos.
Llenar los frascos: Con la mermelada aún caliente, llenar los frascos esterilizados hasta el borde, dejando un pequeño espacio de aire (aproximadamente 1 cm). Limpien bien los bordes de los frascos antes de tapar herméticamente.
Baño María para sellado (opcional pero recomendado para larga conservación): Para asegurar una conservación prolongada y un buen sellado al vacío, colocar los frascos llenos y tapados en una olla grande con agua hirviendo y asegurar que el agua cubra las tapas por al menos 2-3 cm. Hervir durante 10-15 minutos.
Enfriar y almacenar: Retirar los frascos del agua con cuidado y dejarlos enfriar boca abajo sobre un paño de cocina. Una vez fríos, verificar que el vacío se haya realizado (la tapa debe estar hundida). Por último, almacenar en un lugar fresco y oscuro. Una vez abiertos, conserven en el refrigerador.

