No resulta extraño que una de las mejores delicias que ha dado la bollería tenga su propio día internacional. Cada 30 de enero el mundo celebra el croissant, un auténtico manjar de textura crocante y aroma irresistible que se come en todas partes y en todo momento. Por eso te traemos la mejor receta de medialunas

Gracias a su crujiente textura, su particular sabor entre dulce y salado y el potente aroma de la manteca, supo ganarse su lugar en el mundo. Cada bocado de un croissant aumenta rápidamente la cantidad de azúcar en sangre, lo que provoca un incremento de sustancias químicas como la dopamina, que brinda una sensación inmediata de placer.

 

Sin embargo, estos datos no terminan de hacer honor a las bondades de esta pieza hojaldrada. Parece una receta muy fácil de hacer, pero en realidad no lo es. Se necesita conseguir una masa con el punto justo de crujiente en todas las capas, una habilidad que lleva muchos intentos para alcanzar su forma habitual.

El croissant tiene la particularidad de ser rendidor y saciante sin resultar pesado, por eso es apto para consumir en cualquier horario. Su sabor se complementa muy bien con el café y los jugos de frutas, así como un vino tinto cuando se incorpora a una picada.

Por último, cabe destacar la experiencia sensorial de la degustación. Comienza con el “crunch” que produce el mordisco para luego sentir cómo se deshacen las láminas de hojaldre en el paladar y las papilas gustativas de la lengua interpretan lo obvio: el croissant es la mejor pieza de bollería en el mundo

Las medialunas rellenas son otro boom para el paladar. 

Ingredientes para 12 unidades: 

Para la masa:

  • 500 g. de harina fina de repostería.
  • 75 g. de azúcar. 
  • 6 g. de sal. 
  • 100 g. de manteca. 
  • 25 g. de levadura fresca (o 10 g de levadura seca)
  • 95 ml. leche entera. 
  • 135 ml. agua.
Para la placa de manteca: 250 g. de manteca fría, con 82 % de materia grasa.

Para pintar:

  • 1 huevo
  • 1 yema de huevo,
  • 30 ml de leche

Preparación paso a paso: 

  • Colocar la harina en un bol grande, añadir la sal, azúcar, leche, manteca blanda, y levadura, en ese orden. No poner la levadura en contacto con la sal. Mezclar y añadir el agua progresivamente. Seguir hasta que los ingredientes se junten entre sí, y la masa se separe del recipiente.
  • Amasar por 10-12 minutos hasta obtener una masa lisa y muy elástica. Dejar descansar unos 5-10 minutos. Estirar hasta formar un rectángulo, de 7-8 mm de grosor, envolver en papel film y reservar en la heladera unas 8 horas.
  • Colocar los 250 g. de manteca entre dos papeles de horno, aplanarla y estirar hasta lograr un rectángulo que sea la mitad del tamaño de la masa. Con los dos papeles, tapar la placa de manteca y enfriar por 20 minutos.  
Cuanto más tiempo este la masa en la heladera, su consistencia será mejor.
  • Sacar la masa principal de la heladera y estirar en forma de rectángulo de unos 6-7 mm de grosor. Colocar la placa de manteca en la mitad inferior de la masa. Cubrir la manteca con la otra mitad de masa, como si fuera un libro.
  • Girar la masa ¼ de vuelta, de manera que la doblez quede a la derecha. Estirar primero longitudinalmente, y después darle un poco de anchura. Estirar la masa hasta volver a tener 7 m. de grosor.
  • Girar una vez más y doblar la parte inferior hasta 2/3. Doblar la parte superior para que toque la parte previamente doblada. Doblar en dos, para así obtener cuatro capas de masa. Envolver con plástico y reservar en la heladera por 30-40 minutos

 

  • Colocar la masa con la doblez a la derecha, estirar de nuevo para darle forma rectangular de 6 mm de grosor. Darle un poco de anchura, y doblar un tercio de la masa sobre sí mismo empezando por la parte inferior. Cubrir con la parte superior para obtener tres capas de masa. Envolver y reservar en frío durante 30-40 minutos.
  • Retirar y estirar la masa para obtener un rectángulo de 28 por 64 cm y un espesor de 5-6 mm. Con un cuchillo afilado grande cortar 1 cm de masa de cada lado del rectángulo, para revelar las capas.
  • Cortar triángulos de 8 cm de base por 25 cm de largo, colocarlos sobre una bandeja, y reservar en la heladera por 15 minutos. Con un cuchillo, hacer una incisión de 5 mm en el medio de la base de cada triángulo, estirar ligeramente y envolver el triángulo sobre sí mismo. 
La punta del triángulo debe colocarse siempre para abajo.
  • Colocar los croissants en bandejas de horno, con una separación considerable entre ellos. Pintar con la mezcla de huevo, yema y leche, y dejar en un lugar templado por 2 horas hasta que tripliquen su tamaño.
  • Precalentar el horno a 200º C. Cuando los croissants hayan crecido lo suficiente, pintar una vez más. Hornear los 6-7 primeros minutos a 200º C y bajar la temperatura a unos 180º C para cocinar unos 12 minutos más. Retirar una vez que estén bien dorados.

¡Listo, a comer!

 

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