En una iglesia ortodoxa de Rumania, se ve como un sacerdote le presiona con fuerza la boca a un bebe para hacerlo callar, lo que no da resultado y lo hace enojar más aún.

En un acto de ira, se estira la vestimenta y le comunica a los padres que llevaría a cabo la ceremonia de todos modos. Con gran fuerza, tomó al bebé de la cabeza y lo sumergió reiteradas veces.

El bautismo ortodoxo requiere que las criaturas sean sumergidas tres veces en agua bendita de la cabeza a los pies.

La madre, declaró que este sacerdote acostumbra a hacer "shows" para los presentes y sabía que "estaba en buenas manos pese al enojo" por eso la risa durante el bautismo tanto de ella como del padre.