Crece el robo de caballos para faenarlos
El robo de caballos con fines de faena es un problema que está en aumento en las áreas rurales del conurbano.
La periodista Cami Barral estuvo en Villa de Mayo junto a Joel, quien compartió la dolorosa experiencia del robo de su caballo Peligro. Joel relató que el robo ocurrió hacía dos semanas, un día sábado durante una tormenta. Dos individuos ingresaron al corral ubicado en un campo municipal detrás de su casa, donde él tenía permiso para tener animales, y se llevaron a Peligro. Joel señaló que no era la primera vez que era víctima de un robo de equinos, ya que hacía cuatro años había sufrido una situación similar.
Con evidente angustia, Joel expresó su decepción por la inacción de la policía y el municipio ante estos delitos. Explicó que se vio obligado a recurrir a los medios de comunicación en busca de ayuda para encontrar a su caballo. Se describió cómo esta modalidad de robo, donde los caballos eran destinados a la faena para consumo humano, se había convertido en una tendencia preocupante entre los vecinos de la zona. Se mencionó que algunos caballos eran robados para ser vendidos a bajo precio, mientras que otros eran directamente llevados para ser faenados.
Se destacó el valor económico de Peligro, estimado en alrededor de 3 millones de pesos, aunque Joel enfatizó que el valor sentimental era incalculable, ya que el caballo era considerado una mascota familiar y había participado en una importante cabalgata dos años atrás. Joel describió el tiempo, los cuidados veterinarios y la dedicación que invertía en sus animales. Joel mencionó que personas que vivían a dos cuadras de su casa vieron a dos jóvenes pasar con su caballo al galope en medio de la tormenta, aunque en ese momento no sospecharon nada.
Basándose en la información que manejaba, Joel sospechaba que los ladrones eran menores de edad, quienes eran utilizados para cometer los robos debido a la facilidad con la que podían ingresar y salir de las dependencias policiales. La finalidad del robo, según Joel, era vender los caballos a personas a las que denominó "tacheros", quienes los compraban para destinarlos a la producción de mortadela y otros chacinados.
Durante la transmisión, se mostró la vivienda de Joel y el terreno donde se encontraba el corral.
A pesar de estar al descubierto, Joel manifestó que nunca había imaginado que algo así pudiera ocurrir en su barrio, al que describió como excelente, con gente trabajadora y buenos vecinos. Joel tenía dos caballos, Cachumba y Peligro, siendo este último el sustraído. Se mostró una fotografía de Peligro junto al hijo de Joel, resaltando aún más el vínculo afectivo. Finalmente, Joel lanzó una advertencia a los responsables del robo, exigiendo la devolución de Peligro sano y salvo.

