Coco y Panadero. Casi hermanos.

El Panadero Díaz murió en la clínica donde se encontraba internado desde el lunes, cuando debió ser intervenido de urgencia tras sufrir un aneurisma de la aorta abdominal.

El viernes 12 por la mañana, Díaz había ingresado a la Fundación Favaloro para someterse a una intervención quirúrgica programada, que consistía en la aplicación de una endoprótesis en la aorta abdominal. Sin embargo, la operación no salió del todo bien y su estado de salud se agravó. Fue intervenido nuevamente, y desde ese momento el Panadero quedó internado en terapia intensiva. Por la mañana, finalmente falleció.

Carrera

Díaz, quien había cumplido 72 años el pasado 8 de enero, tuvo una destacada carrera como futbolista, primero como defensor en  Racing, donde surgió y con el que se consagró campeón del torneo local de 1966, de la Copa Libertadores y de la Intercontinental de ese año, y luego en Atlético Madrid de España, club con el que ganó una Liga, una Copa del Rey y una Intercontinental entre 1973 y 1977. También supo vestir los colores de San Lorenzo.

Fuera de la cancha

Ya retirado de su papel de jugador, el Panadero, llamado así desde chico en alusión al oficio de su padre, siguió ligado al fútbol como entrenador y ayudante técnico. Su primera experiencia en este marco fue junto a Ramón Cabrero, en Deportivo Italiano, allá por 1985, pero fue en 1987, cuando decidió acompañar a Alfio Coco Basile, el momento en el que se instaló definitivamente como uno de los ayudantes de campo más reconocidos en el ambiente consiguiendo la Supercopa 88 con  Racing, el bicampeonato con Boca, la Sudamericana y dos Recopas, también con el Xeneize. Además, en el América de México conquistó la Copa Gigantes de la Concacaf.

Siempre junto con Basile, Díaz integró en dos ciclos el cuerpo técnico de la Selección Nacional. Consiguió las Copas América de 1991 y de 1993, la Copa Confederaciones de 1992. Y participó del Mundial de Estados Unidos en 1994.

Cabulero

El Panadero también fue famoso por colocarle talco en uno de los hombros de Basile a modo de cábala. Sus intervenciones no pasaban desapercibidas.


Así lo despidió Racing