WATERGATE

Cómo dos periodistas del Washington Post tumbaron al presidente más poderoso del mundo

Con una fuente anónima, libretas de apuntes y meses de trabajo a contrarreloj, Bob Woodward y Carl Bernstein destaparon la trama que obligó a Richard Nixon a renunciar a la presidencia de los Estados Unidos.

El sábado 17 de junio de 1972, el joven Bob Woodward recibió un llamado de la redacción del Washington Post: había cinco detenidos en el edificio Watergate de Washington. Un robo menor, aparentemente. Lo mandaron a cubrir la audiencia preliminar casi por descarte. Nadie imaginaba que ese encargo rutinario iba a convertirse en la investigación periodística más importante del siglo XX.

Woodward tenía 29 años y apenas nueve meses en el diario. Su compañero Carl Bernstein, 28, era conocido más por su desorden que por sus notas. Cuando el editor Ben Bradlee les asignó el caso, ninguno de los dos era considerado una figura del periodismo. Lo que siguió durante los dos años siguientes cambió esa percepción para siempre, y de paso cambió la historia de Estados Unidos.

La fuente que no tenía nombre

Desde el principio, Woodward tenía un contacto dentro del gobierno que lo orientaba en la oscuridad. Para proteger su identidad, los periodistas lo apodaron internamente "Garganta Profunda", en referencia a una película que se había estrenado esa misma semana en los cines de Washington. La fuente no revelaba información de forma directa: corroboraba datos, descartaba pistas falsas y señalaba hacia dónde mirar. Sus reuniones con Woodward eran en el sótano de un garaje de Arlington, siempre de madrugada, siempre en secreto.

The Washington Post hizo una famosa investigación sobre el escándalo Watergate, que condujo a la renuncia de Nixon.

The Washington Post hizo una famosa investigación sobre el escándalo Watergate, que condujo a la renuncia de Nixon.

El misterio sobre su identidad duró 33 años. Recién en 2005, un anciano de 91 años con principios de Alzheimer le dio una entrevista a la revista Vanity Fair y reveló que él era Garganta Profunda: Mark Felt, quien había sido el número dos del FBI durante los años del escándalo. El Washington Post confirmó la identidad ese mismo día. Woodward y Bernstein habían guardado el secreto durante más de tres décadas.

De la crónica policial al fin de una presidencia

Lo que empezó como una nota de cinco párrafos sobre un robo fue creciendo nota a nota. Woodward y Bernstein descubrieron que uno de los detenidos era coordinador de seguridad del Comité para la Reelección del Presidente. Tiraron del hilo y encontraron una red: espionaje sistemático a la oposición, fondos negros, encubrimiento desde la Casa Blanca. En octubre de 1972 publicaron que el FBI había concluido que el asalto al Watergate era parte de un plan de espionaje orquestado para favorecer la reelección de Nixon. La Casa Blanca negó todo.

Nixon ganó la reelección ese noviembre con una diferencia histórica. Pero la presión de la investigación periodística, combinada con las audiencias del Senado y la revelación de que el propio presidente grababa sus conversaciones en la Oval Office, terminó por hundirlo. El 8 de agosto de 1974, Nixon anunció su renuncia. Era el único presidente en la historia de los Estados Unidos en abandonar el cargo de esa manera. Meses después, un jurado declaró culpables a 48 funcionarios de su gobierno.

El Washington Post ganó el Premio Pulitzer al Servicio Público en 1973. Woodward y Bernstein escribieron un libro sobre la investigación, Todos los hombres del presidente, que en 1976 se convirtió en película protagonizada por Robert Redford y Dustin Hoffman. Ganó cuatro premios Oscar. Pero detrás del mito, como recordaron los propios periodistas años después, había dos jóvenes que escribían en libretas, usaban cabinas telefónicas para hablar con sus fuentes y a veces tenían miedo de que los siguieran al salir de la redacción.

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