Por qué todo escándalo político termina en "-gate": la historia detrás del sufijo que Nixon le regaló al mundo
Del Yomagate al Adornigate, pasando por el Russiagate y el Partygate de Boris Johnson: cómo un robo de cuarta en Washington terminó bautizando los escándalos de medio mundo.
Todo empezó con un robo bastante torpe. En la madrugada del 17 de junio de 1972, cinco hombres fueron detenidos mientras intentaban irrumpir en la sede del Partido Demócrata ubicada en el complejo Watergate de Washington. La noticia se publicó al día siguiente y no generó demasiado impacto. Nadie imaginaba entonces que ese edificio de lujo a orillas del río Potomac le daría nombre a todos los escándalos políticos del mundo durante el medio siglo siguiente.
Lo que vino después es historia conocida: la investigación reveló que el operativo era parte de una red de espionaje montada por el equipo de campaña del presidente Richard Nixon, quien terminó renunciando el 9 de agosto de 1974 para evitar un juicio político. Fue el único presidente estadounidense en abandonar el cargo de esa manera. El caso dejó 48 funcionarios condenados y una palabra nueva en el vocabulario político global.
El sufijo que cruzó fronteras
El primero en tomar prestado el modelo fue Francia, apenas un año después del escándalo original. En 1973, un fraude masivo en los vinos de Burdeos pasó a la historia como el "Winegate", aprovechando el juego de palabras entre "wine" (vino en inglés) y "water" de Watergate. La fórmula funcionó y no paró más.
Con los años, el "-gate" traspasó la política y se instaló en el deporte y la cultura popular. En el Super Bowl de 2004, la exposición accidental de un pezón de Janet Jackson en televisión en vivo se bautizó como "Nipplegate". El legendario quarterback Tom Brady protagonizó el "Deflategate" por inflar menos los balones para lanzarlos mejor. Donald Trump acumuló su propio catálogo: el "Russiagate" por la supuesta interferencia de Moscú en las elecciones de 2016 y el "Ukrainegate" por el escándalo con Kiev. El ex primer ministro británico Boris Johnson fue sacudido por el "Partygate", las fiestas que organizó en Downing Street durante la pandemia mientras el resto del país cumplía la cuarentena.
Argentina, tierra fértil para los "-gate"
El sufijo encontró en Argentina un terreno especialmente productivo. El primero y más resonante fue el Yomagate de 1991, durante el gobierno de Carlos Menem: la investigación por lavado de dinero del narcotráfico que involucró a Amira Yoma, cuñada del presidente y su secretaria de Audiencias. El periodista Román Lejtman llegó a escribir 45 notas de tapa seguidas sobre el caso, un récord para la época, y luego lo convirtió en un libro que tituló, precisamente, Narcogate.
Décadas después, la tradición sigue vigente. El escándalo patrimonial del jefe de Gabinete Manuel Adorni circula en medios y redes sociales como "Adornigate", demostrando que el legado de aquel edificio de Washington sigue tan activo como siempre.
Lo que pocos recuerdan es que el nombre "Watergate" no tiene ningún misterio político en su origen: el complejo se llamaba así porque allí se realizaban conciertos de orquestas sinfónicas a orillas del río Potomac entre 1935 y 1965. Una puerta de agua que, sin quererlo, abrió la puerta a todos los escándalos del mundo.

