El deportista que prefirió a "Los Redondos" más que jugar al fútbol: "Un recital del Indio es algo orgásmico"
El uruguayo que cambió la lógica del fútbol por la pasión ricotera. Su historia mezcla canciones, rebeldía y una cláusula única en su contrato. Los detalles, en la nota.
El fútbol y la música comparten un pulso: la pasión. Y si alguien entendió eso como nadie, fue Santiago “Bigote” López, exfutbolista uruguayo y símbolo de Villa Española, que hizo historia no por un gol, sino por algo mucho más singular: su fanatismo por Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota.
“Bigote” no solo fue hincha: fue el primer jugador profesional en incluir una cláusula en su contrato para poder ir a los recitales del Indio Solari. En un mundo donde la pelota suele estar por encima de todo, él eligió otra forma de felicidad: el pogo.
“No se paga la felicidad”Durante dos décadas en el fútbol profesional, López nunca dejó de lado sus pasiones. “Por ejemplo, ir a ver a Los Redondos o al Indio nunca lo dejé en mi vida. Es una de mis pasiones y no me perdí casi ningún toque”, recordó.
Su decisión de incluir una “cláusula de felicidad” fue tan inusual como revolucionaria: “Obvio que está por contrato y se respeta, pero es un cuestionamiento a por qué celebramos cláusulas millonarias y criticamos las de felicidad. Si algo te hace feliz, hay que ponerlo por escrito”.
El exfutbolista no duda al compararlo: “La final del mundo se está jugando en Uruguay y yo me voy a comer un asado con el Indio. Lo que me hace feliz escuchar a Los Redondos no lo comparo con nada. Los multimillonarios se han muerto y no han podido pagar su felicidad”.
Aunque su carrera deportiva lo llevó a capitanear equipos y liderar proyectos sociales, Bigote López siempre se definió más por su forma de sentir que por su forma de jugar. Su fanatismo por los Redondos trascendió las tribunas y se convirtió en una filosofía de vida: la del disfrute, la libertad y la lealtad a lo que te mueve el alma.
“El toque es mi forma de vida. Por más que no vaya más, voy a seguir siendo siempre ricotero hasta que me muera”, aseguró con una sonrisa. Y cuando le preguntaron qué lo hacía más feliz, respondió sin dudar:
“Un recital del Indio es algo orgásmico. El gol termina cuando el partido termina, pero un toque me dura cinco semanas”.
Aunque nunca llegó a conocer a Solari, Bigote se ilusiona con esa posibilidad: “Con que él sepa de mi historia, no sé si preciso mucho más. Daría la plata que no tengo por sentarme a comer un asado con él”.
Y aunque ese encuentro aún no ocurrió, el Indio ya sabe quién es ese loco lindo que puso la música por encima del negocio.
Santiago “Bigote” López se retiró del fútbol, pero su historia sigue viva en el mito ricotero. No ganó un Mundial ni levantó copas millonarias, pero convirtió uno de los goles más humanos del deporte: el de vivir como se canta, sin pedir permiso.
Y en cada pogo, entre luces rojas y banderas, hay un hincha uruguayo que sigue saltando por Los Redondos… porque la felicidad, como él dice, no se negocia.




