"Era un personaje", así lo definían tanto sus compañeros como los clientes. Daniel Hernández era ayudante de los mozos en el mítico bar El Cairo, en Rosario, y tenía síndrome de down. A sus 44 años de edad, falleció tras contraer síntomas de coronavirus. Además se haber sido símbolo de la inclusión y un empleado ejemplar, uno de sus fanáticos era el mismísimo escritor Roberto Fontanarrosa, uno de los habituales comensales del lugar. 

“Dany”, como le decían todos era un apasionado por el arte. No solo servía la comida, sino que cantaba, bailaba y hasta se había dedicado a la actuación, lo que lo llevó a ser un muchacho que trascendió las fronteras del bar. Cuando comenzó a tener dificultades para respirar, decidieron internarlo. 

“Quiero recordarte así, como mi amigo, el de la cara llena de sonrisa. Chau, Dany”, escribió para despedirlo en sus cuentas de redes sociales el intendente de Rosario, Pablo Javkin. Cabe recordar que en 2015,  la entonces intendenta de la ciudad, Mónica Fein, lo había distinguido como una de las 50 personas con síndrome de down destacadas en distintas actividades. Esto lo convierte en todo un símbolo de la inclusión de la ciudad. Según los habitués del bar, entre ellos Ricardo Centurión, Dany era mozo "hace unos ocho o nueve años", y trabajaba 3 veces por semana: jueves, viernes y sábados.

Para ejercer su labor allí, se había capacitado en la Asociación Padres por la Igualdad Rosario (Applir), lo que le permitió cerrar un convenio para sumarlo en algunas tareas. Pero el jamás abandonó su pasión por el arte y logró hacer el complemento perfecto: cantaba junto a las bandas que tocaban en el bar. Además, bailaba folclore y cumbia. Había participado incluso en un grupo de ballet que se presentó en Cosquín. “Bailaba en serio”, aseguró Centurión.

El bar "El Cairo" es mítico en la ciudad de Rosario.

En diálogo con Clarín, Centurión habló de Danny: “Era un personaje muy querido. No lo podemos creer. Fue terrible. Todo muy rápido. Los síntomas son de Covid, pero le tenían que dar el resultado. Lo vamos a extrañar mucho”. Tenía dos hermanas y vivía con la madre. Desde Applir reclamaban que él, como otro grupo de muchachos con discapacidades, sean vacunados contra la Covid “sin distinciones”.

También era fanático de Rosario Central y sabía de memoria todo el plantel. Sus compañeros le preguntaban por un lateral derecho que jugó en determinado partido. Dany ofrecía no sólo el apellido, sino los dos o tres nombres que podía tener el jugador en cuestión. 

Daniel Hernández era ayudante de los mozos y un apasionado por el arte.

“Era muy enamoradizo”, contaban también en el local. A sus compañeras les obsequiaba peluches, masas. “Con profundo dolor despedimos a un amigo. ¡Hasta siempre Dani!”, postearon desde “El Cairo” en sus redes sociales. Hoy, ha quedado un vacío tanto en los trabajadores del bar como en los habitantes de Rosario, que de seguro sabían de Danny.