Por Fedra Abagianos
@trinityflux

"Estoy angustiada y me siento con mucha incertidumbre", le expresó con dolor a Crónica Paula Ottolenghi, de 34 años, con un hijo de 4 y otro de 1, quien junto con su marido, después de alquilar durante diez años, compró el departamento de tres ambientes en el que vivieron toda su vida juntos como inquilinos en el barrio de Colegiales.

"Sacamos un crédito UVA en noviembre de 2017, escrituramos y nuestra primera cuota fue en diciembre de 2017 de 11.280 pesos más o menos. Eso es lo que pagamos el primer mes que sacamos el crédito.Hoy pagamos 17.300 en el mes de febrero", contó Ottolenghi.

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Ella es empleada estatal y su marido es investigador del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (Conicet). Para acceder al crédito utilizaron adelantos de herencias y dinero que les regalaron algunos familiares, pero eso que habían pensado que iban a poder manejar hoy se les fue de las manos. "Ahora se nos fue muy alta la cuota y no tenemos cómo llegar a eso. De hecho, ajustamos todo lo posible en gastos. Mi hijo más grande ahora entró a la escuela pública y tenemos algo de ayuda familiar y con eso llegamos a fin de mes, pero, si no, tendríamos que entrar en mora o deber en algo más. Mis papás nos tienen que pasar plata para llegar a fin de mes. Algo que antes no nos pasaba. Tampoco estábamos inundados de abundancia, pero llegábamos", aseguró Ottolenghi. A la suba de los servicios, las expensas, el supermercado y el transporte ahora se les suma el gasto del jardín del hijo más pequeño, que no pudo acceder, como otros miles de chicos, a las vacantes de la Ciudad de Buenos Aires.

"Estamos intranquilos, nos cambió la vida. Estás todo el tiempo pensando qué hago, qué compro, esto ya no lo puedo comprar, o tener que buscar precios, hacer la compra semanal más chica, todo es deterioro de la calidad de vida. La tarjeta de crédito no la usamos más, se nos hizo una deuda que tuvimos que pedir plata para poder pagarla y ahora ya no la usamos más", contó avergonzada Paula.

Ottolenghi aseguró que la posibilidad de entrar a la extensión de plazo no la tienen en cuenta ella y su marido para resolver la situación actual, porque "no le sirve a nadie". "Lo único que hace es hacerte la deuda más grande. Nosotros sacamos el crédito a veinte años, y eso te permite financiarlo un 25%, que en nuestro caso serían siete años más, y no conviene, es una cláusula de salvataje que ya existía en las escrituras y está pensada para usarlo mucho más adelante en el crédito, cuando vos ya tenés pagado más interés que capital", explicó la hipotecada.

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La extensión de plazo, según Ottolenghi, es el sistema francés, donde primero se paga el interés y después el capital real. "Si vos extendés tu deuda, vas a pagar más intereses por algo que va a bajar mínimamente, y con la inflación que hay enseguida va a volver a ser la misma cuota que pagabas. Y hay que volver a escriturar, volver a hacer un gasto con el escribano, volver a hacer la escritura. Yo no lo veo viable, no sé quién lo puede llegar a tomar o a quién le puede llegar a servir", explicó enfurecida.

Sobre cómo se está dando la situación para quienes accedieron al crédito, Paula explicó que "nadie en el colectivo se lo esperaba, se sabía que estaba ajustado por inflación, pero nadie imaginaba este escenario y menos que la crisis en los créditos se diera al primer año de haberlo tomado. Nosotros lo que queremos es poder pagar nuestras casas y que haya una regulación, que el Estado intervenga de alguna manera", solicitó.