Por Matías Resano
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Luego de protagonizar una admirable muestra de amor de hija a madre, Sabrina Villalba lleva a cabo una intensa lucha por un derecho: el de trabajar, el cual le fue denegado, justamente, por tener un riñón menos, que ella donó a su mamá.

La joven subsiste como puede, asumiendo toda oportunidad laboral mientras espera por un cambio de actitud de las autoridades del Servicio Penitenciario de Santa Fe, que la había convocado para desempeñarse en una unidad carcelaria poco después del trasplante.

Una enfermedad renal crónica le diagnosticaron a Martha los médicos del Sanatorio Parque, de Rosario, y, por lo tanto, la única opción para superar la afección era un trasplante, puesto que sus riñones prácticamente no funcionaban. En consecuencia, la mujer fue inscripta en la lista de espera del Incucai, la cual integró durante dos años. En ese tiempo, su hija, Sabrina, tomó coraje y se propuso como donante. "Sólo le devolví un poco de lo que ella me dio que fue la vida", expresó.

La intervención fue un éxito y en tan sólo una semana, menos de lo estipulado por los médicos, la mujer, de 30 años, se recuperó. "Me dijeron que podía hacer una vida normal, que no era una discapacitada", le contó a Crónica.

De la alegría a la bronca

A los pocos días de superar la cirugía fue convocada por el Servicio Penitenciario de San Miguel para someterse a las pruebas laborales de rigor y Villalba pasó "todas las etapas con éxito". Sin embargo, cuando reconoció que había sido sometida a una operación, le advirtieron que "no podía formar parte por tener un riñón. Me siento discriminada, los estudios médicos dejaron en claro que no era discapacitada y que puedo hacer cualquier actividad", aseguró.

Al no tener muchas alternativas, acudió al presidente Mauricio Macri, vía correo electrónico, pero tampoco obtuvo respuesta, reconociendo que "todas las autoridades" a las que recurrió la "esquivaron".

Ante tanto desamparo, Sabrina realiza empleos temporales y en condiciones de precariedad para, junto a su marido, poder alimentar a sus hijos de ocho y tres años. "Vivimos como podemos, pero no es justo porque hice todo lo que me pidieron y me dejaron afuera", se quejó. No obstante, no baja los brazos y por la vía legal intenta revertir tan polémica determinación.