Por Fedra Abagianos

@TrinityFlux

La Ley de Reproducción Médicamente Asistida fue promulgada en junio de 2013. Con esta disposición que permite el acceso integral a los procedimientos y técnicas especializadas con el respaldo del Estado,  la vida de muchas personas que desean ser madres o padres cambió. Sin embargo, los especialistas advierten que la normativa es de avanzada en torno a los derechos pero aún tiene algunos vacíos legales y mientras en el mundo las tasas de embarazo a través de estas técnicas van en aumento, en Argentina han disminuído. 

"Esto tiene que ver con que están accediendo pacientes de mal pronóstico que hacen igual los tratamientos y al mismo tiempo, por la desfinanciación del sistema de salud", explicó en diálogo con Crónica  Sergio Papier (MN 75952),  médico ginecólogo, especialista en medicina reproductiva, director médico del  Centro de Estudios en Genética y Reproducción (CEGYR) y exdirector de las sociedades argentina  y latinoamericana de medicina reproductiva. 

"Cuando tenés menos financiación impacta sobre la calidad,  y eso se nota en las tasas de embarazo. El aumento de la demanda además, hace que crezcan los centros de atención  y se registren más médicos que no tienen tanta experiencia. La falta de formación profesional y la creación de centros tiene correlación directa con la menor cantidad de resultados", expresó el médico quien es experto en abortos de repetición, en banco de óvulos y de semen, congelación de Óvulos,  diagnóstico genético preimplantacional, infertilidad y técnicas de reproducción asistida.

Los especialistas advierten que el aumento en la demanda hizo que creciera la cantidad de centros especializados, no siempre, con los profesionales adecuados: eso se traduce en los resultados. 

"El Estado no sólo debe habilitar los centros de atención, sino también acreditarlos, tienen que estar detrás de la calidad y eso es algo que hace la Asociación Argentina de Centros de Reproducción Asistida (AACERA),  que es una asociación científica no el Estado", advirtió.  

"Cuando tenés menos financiación impacta sobre la calidad,  y eso se nota en las tasas de embarazo. El aumento de la demanda además, hace que crezcan los centros de atención  y se registren más médicos que no tienen tanta experiencia"

Por otro lado, por la crisis económica general, la devaluación y el alza del dólar, la salud corre "peligro de colapsar" y sobre todo los tratamientos de alta complejidad debido a sus elevados costos.  "Es imposible sostenerlo y para que el tratamiento sea rentable muchos recurren a disminuir la calidad y ese es el impacto en los resultados negativos", explicó y agregó: "Es una ley del primer mundo en un país latinoamericano". 

A pesar de esto, para Papier, la ley que se sancionó en la Argentina y que ya lleva seis años de vigencia, es muy buena. "Ha aumentado el nivel de acceso a los tratamientos de reproducción asistida, otorgando derechos no sólo a parejas sino a cualquier persona que quiere tener una familia. Es de avanzada con relación  a los derechos humanos, le da la posibilidad de tener un hijo a parejas del  mismo sexo o a personas solas que quieren tener un hijo, eso habla sobre el concepto del derecho humano", dijo. 

"Para que el tratamiento sea rentable muchos recurren a disminuir la calidad y ese es el impacto en los resultados negativos. Es una ley del primer mundo en un país latinoamericano". 

Según el especialista, la ley nacional se cumple bastante bien en todo el país,  y si bien las provincias no están obligadas a implementarla, la mayoría hasta el momento lo ha hecho. Eso permitió una duplicación de los tratamientos y el acceso a ellos también mejoró. "Muchas de las barreras no eran sólo económicas sino que también estaban a nivel geográfico, la ley permitió el acceso en el interior del país como también la creación de centros de atención", expresó. 

La ley de Reproducción Médicamente Asistida facilitó el acceso a tratamientos en el interior del país. 

Según le explicó Papier a este medio, la infertilidad como la salud o la enfermedad, se define por ausencia, en este caso la ausencia de embarazo  luego de doce meses de búsqueda. "Porque la probabilidad de lograr un embarazo luego de 6 meses de búsqueda es del 60%, luego de 12 meses es del 85%, y es ese 15%  el que no logra el embarazo y recurre a la la fertilización asistida. Todo esto cambia luego de los 38 años donde en general el tiempo de búsqueda lo reducimos a seis meses", explicó. 

Desde el punto de vista médico, para Papier,  no hay límite de edad en el hombre -aunque esto  puede ser discutido éticamente- mientras que, en las mujeres sí hay una edad. En ese caso, el especialista aclara que lo indicado es separar los tratamientos que son con óvulos propios de los que son con óvulos donados.

"Con óvulos propios la reglamentación de la ley estableció como límite los 44 años porque después de esa edad es imposible lograr un embarazo,  pero cuando son donados una paciente puede lograr un embarazo después de la edad de la menopausia, por eso el límite son 50 años,  por los riesgos obstétricos y por aspectos éticos que tienen que ver con la edad de la madre con respecto a la  del hijo, la diferencia de edad", aseguró. 

De esta forma, Papier aseguró que el acceso a estas técnicas se puede medir por el índice de tratamientos por cada millón de habitantes. En Europa el promedio es de mil tratamientos por millón de habitantes, los escandinavos 2 mil y países como España o Francia tienen 800 o 900 por millón de habitantes. Argentina, que tiene una ley al estilo de un  país europeo, tiene un número de tratamientos esperado por millón de habitantes de mil. O sea, por 40 millones, el potencial era de 40 mil tratamientos por millón de habitantes, pero el nivel de acceso hizo que aumentara de 10 mil a 20 mil tratamientos. 

"Se duplicó pero no llegó a sus 40 mil, la conclusión es que el 50 por ciento de la población tiene esas necesidades y pueden recurrir a los tratamientos debido a las obras sociales o las prepagas, pero hay otra mitad que tiene las necesidades opuestas, que necesitan educación sexual y anticoncepción", desarrolló el médico quien hace más de 25 años se especializa en el tema. 

Vacíos legales

Pero esta ley del primer mundo tiene también sus vacíos legales. "Tenemos el nuevo código civil y comercial de la Nación, donde en su capítulo específico marca un piso en la regulación, tenemos una ley de cobertura pero lo que falta es una ley especial, que regule dos o tres aspectos importantes como qué hacer con los embriones congelados qué están en las clínicas y los pacientes no utilizan, porque no hay una regulación que unifique criterio; que regule además la gestación por sustitución o gestación solidaria, tratamiento que se realiza cuando la mujer no tiene útero o se trata de hombres solos;  y  regular transferencia de embriones post mortem", advirtió Papier. 

Estos tratamientos que son de alta complejidad, son parte de un proceso donde intervienen muchas personas. No sólo la parte médica,  sino también el acompañamiento psicológico además del departamento de embrionología, que atiende lo referido a la seguridad y a la bioseguridad. Según Papier, a todas estas especialidades que forman parte de un mismo procedimiento, ahora se le suman "los avances genéticos y el acceso a la tecnología que pueden prevenir enfermedades genéticas con el fin de mejorar los resultados y también enfermedades de ese tipo", concluyó Papier. 

El acompañamiento psicológico es fundamental en los tratamientos de medicina reproductiva

Entre los especialistas de las distintas disciplinas que se llevan a cabo a lo largo de todos los procesos de tratamiento, la psicología es un área fundamental para el acompañamiento de quienes desean y deciden tener un hijo a través de estas técnicas. "Tener un problema reproductivo es una de las experiencias más dolorosas. El impacto es similar a un diagnóstico terminal o a la muerte de un padre, es una de las experiencias emocionales más difíciles que hay para las personas",  explicó Darío Fernández (MN 19118), psicólogo especializado en medicina reproductiva. 

Según el profesional, en una clínica el psicólogo cumple muchos roles. En los tratamientos de alta y baja complejidad como estos, se incluye un módulo de acompañamiento que se lleva a cabo durante y después de los resultados.

"Tener un problema reproductivo es una de las experiencias más dolorosas. El impacto es similar a un diagnostico terminal o a la muerte de un padre"

"Entiendo que la ley no deja claro que la psicología esté incluída o deba ser cubierta en los distintos tratamientos, sí hay una mención muy general como 'disciplinas afines' pero no está muy claro. Por supuesto que debiera cubrirlo porque el factor emocional en esta área de la medicina es importantísima", explicó Fernández.

¿Existe la violencia reproductiva?

Jorgelina Galera creó Nidra Mater Fertilidad Consciente a partir de su propia historia. En su búsqueda y en el camino hacia la maternidad, creó un espacio para que quienes deseen ser padres puedan aprender e  incorporar herramientas de manera natural y compartan experiencias en el proceso de alcanzar la fertilidad. 

Galera, en ese camino de acompañar a personas durante todo el proceso, como por ejemplo en la fase de la pre concepción, ha recibido y  escuchado alrededor de 500 historias en las que, según ella, en algunos casos los hombres han recibido frases peyorativas en relación a su calidad espermática y a su posibilidad de ser papás,  y en el caso de las mujeres sobre la posibilidad o no de ser madres.  

Frases como "Con esos espermatizoides nunca vas a ser padre", "Con esa reserva ovárica nunca vas a ser madre" o "Y si esperaste tanto...", en relación a la avanzada edad de las mujeres, fueron recibidas según Galera, por distintas personas durante sus procesos de tratamiento por parte del personal de algunos centros de atención. Estas situaciones Galera las define como de "violencia reproductiva"

Si bien los médicos especialistas en medicina reproductiva consultados por este medio, desconocen la existencia de esta terminología y de casos como los que expresó Galera, aseguraron que "no es violencia reproductiva sino más bien un estado de enojo que parte de una angustia y de un estado de tristeza". 

Jorgelina Galera a partir de su historia comenzó a acompañar a personas bajo tratamientos de medicina reproductiva

Esta angustia o enojo para los especialistas se debe a la relación medico - paciente,  que es cada vez más frecuente en un contexto donde la sociedad ha cambiado. Tanto  los aspectos sociales como la comunicación se han modificado y "puede que haya problemas de adaptación" a esos cambios. Para los especialistas hoy los pacientes están más informados y a veces mal informados por lo que provee internet. 

"La medicina reproductiva es 'opinable', por la incertidumbre que hay y porque a veces se distorsionan las realidades. Son pacientes muy demandantes y emocionalmente muy comprometidos para generar un vínculo a largo plazo,  porque los fracasos son muy frecuentes y eso genera tristeza y a veces se manifiesta con enojo", explicaron. 

Para Galera, el Estado debe velar por los derechos de los pacientes, debe garantizar el cumplimiento de la ley de fertilidad e incluir  aspectos en los que se trate las perdidas gestacionales y la "violencia reproductiva", término que deriva de la conocida "violencia obstétrica". 

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Ser padres antes de la ley 

Fernanda y Mariano decidieron ser padres y entre 2004 y 2011 estuvieron bajo tratamientos de reproducción asistida. Dos años antes de que fuera sancionada la ley nació Lupe, pero el camino no fue fácil. Ella tenía 36 años y le habían diagnosticado endometriosis y pólipos uterinos.

"El camino fue medio tragicómico porque fui saltando de médico en médico que me iban recomendando qué hacer sin ser totalmente escuchada ni en la patología ni en el deseo", contó a este medio Fernanda.  

"Tenía que tratar ambas cosas, la patología primero y luego ver si podía quedar embarazada en forma natural y sino, empezar un tratamiento de fertilidad", dijo, y luego de varias consultas a distintos profesionales y de varias operaciones,  tomó la decisión junto a Mariano, de comenzar el tratamiento.

 A los dos meses de la última intervención quirúrgica, comenzaron con las técnicas de fertilización asistida como estimulación a la mujer e inseminación en consultorio de los espermas. "De estas técnicas realizamos 4 intentos. La cobertura de los tratamientos la repartíamos con las prácticas cubiertas por la obra social  como los análisis clínicos, las ecografías y las consultas con los endocrinólogos,  la medicación la pagábamos nosotros. Si bien era cara en ese momento podíamos costearlo", contó la mamá de Lupe. 

"Lo más difícil es respirar fuera de los tratamientos. La vida empieza a girar en torno al consultorio, las extracciones de sangre, y los ciclos menstruales".

En el camino cambiaron de médico. "El nos dijo que no empezaba ningún tratamiento hasta no curar mi útero", contó Fernanda y agregó: "Pasé los siguientes cuatro años por el quirófano para sacarme los pólipos, tomé un año completo pastillas anticonceptivas para controlar las hormonas y una vez que él consideró que estaba bien, empezamos el camino de los tratamientos in vitro"

El primer tratamiento lo hicieron en noviembre de 2009. "El primer beta, el análisis de sangre que indica la cantidad de betacoriónicas en sangre, me había dado positivo. ¡Estaba embarazada!, pero en el segundo análisis el valor era menor e indicaba que era químico. El bajón fue tremendo", contó. 

Hubo tres intentos más y en el último, ambos le plantearon al médico realizar una ovodonación. "Yo entendía que lo que fallaba era mi respuesta ovárica", expresó Fernanda y contó que el médico le insistió que necesitaba intentarlo una vez más y que si entonces ella quería se detenían.  

"Lo más difícil es respirar fuera de los tratamientos. La vida empieza a girar en torno al consultorio, las extracciones de sangre, y los ciclos menstruales. Y así transcurre el tiempo… ", contó Fernanda. 

Mariano, Fernanda y su hija Lupe. Sus tratamientos fueron antes de la Ley de Reproducción Médicamente Asistida. 

La pareja costeaba los tratamientos de baja complejidad con sus salarios y en ese entonces no les fue muy sacrificado, pero las fertilizaciones Invitro sí fueron muy costosas, algo así como un promedio de USD 7200 dólares por tratamiento.  Si bien en algún momento pensaron en la posibilidad de presentar un recurso de amparo para la obra social, la empresa transportadora de gas en donde Fernanda trabaja desde hace más de 25 años  en el área de seguros y finanzas, tomó cartas en el asunto y decidió ayudarla en ese costoso camino. 

Fernanda y Mariano llevaron adelante varios tratamientos muchos años antes de que la ley fuea promulgada. Si en ese camino sinuoso y costoso, hubieran estado acompañados por la ley, otra hubiera sido la historia. "Es que sin ley, sólo tienen acceso aquellos que poseen el dinero para costear un tratamiento. Ser padres entonces sería un tema de billetera. Antes de la ley los tratamientos eran carísimos", dijo. .

"Sin la ley, sólo tienen acceso aquellos que poseen el dinero para costear un tratamiento. Ser padres entonces sería un tema de billetera".

Por otra parte, Fernanda explicó que se trata de economía de escala. "No es lo mismo que una persona vaya a la farmacia a comprar la medicación a que una obra social la compre. El precio es otro. Por supuesto que ahora también hay médicos que trabajan bajo la cobertura de la ley y otros que no,  y si te querés atender con ellos deberás pagar sus honorarios y la medicación", explicó. 

Despúes de tanto sacrificio, tristezas y decepciones, en 2011 llegó Lupe. "Es lo más hermoso de nuestras vidas. El embarazo fue perfecto, con mucha felicidad. El parto fue normal, ya que fue programado y por césarea. Todo lo que vino después, hasta hoy, es un aprendizaje", concluyó Fernanda. 

Ser padres después de la ley

Patricia Alejandra López es mamá de Benicio que tiene 6 años y está en la búsqueda de un segundo hijo en un camino que comenzó hace unos tres. 

"Consultamos varios médicos por fertilidad ya que después de mi embarazo tuve una serie de complicaciones como focos de endometriosis y una trompa de falopio obstruida con lo cual estas problematicas bajan las probabilidades de quedar embarazada", explicó López.

 En este trayecto que lleva de búsqueda, son varios los desafíos a los que tanto ella como su pareja deben enfrentar. "Lo mas difícil fue y sigue siendo la espera, la ansiedad, mantener siempre viva la esperanza de lograr el gran objetivo y continuar poniendo todo de vos, en la medida que tengas las posibilidades económicas de poder afrontar estos tratamientos. Son muy costosos en todo sentido emocional y económicamente", explicó.

"Lo mas difícil fue y sigue siendo la espera, la ansiedad, mantener siempre viva la esperanza de lograr el gran objetivo y continuar poniendo todo de vos, en la medida que tengas las posibilidades económicas de poder afrontar estos tratamientos. Son muy costosos en todo sentido emocional y económicamente"

En su primera embarazo, Patricia y su pareja debieron enfrentar con sus salarios los tratamientos. Las salpingografías, las histeroscopías, o las ecografias, eran entonces estudios que les cubrió la prepaga. En esta segunda etapa en la búsqueda de su segundo hijo, realizaron todos los trámites para que el camino sea en acompañamiento de la ley. 

El último especialista que habían consultado, ya en 2018 con la ley en vigencia, le presupuestaron $100 mil pesos por un tratamiento de alta complejidad, algo que para ellos era imposible. "Fue ahí cuando nos pusimos a pensar en lo ecónomico y la frustación, y en lo que sale cumplir el gran sueño de poder ser padres en terminos monetarios", contó.

"Me cubrió la obra social y la prepaga toda la medicación que necesité para hacer los tratamientos invitro. Actualmente tengo 7 embriones crioconservados y estoy feliz de poder gracias a la ley afrontar este gran sueño", expresó Patricia emocionada a este medio. 

La Ley de Reproducción Médicamente Asistida fue promulgada en 2013. 

Para Patricia el trámite es sencillo, consiste en volcar en un papel el diagnóstico de la infertilidad. Algo que no le sucedió en la búsqueda de Benicio, su primer hijo. "Si la ley hubiera estado presente en esa primera etapa, claramente hubiera transitado el camino sin pensar en la plata que tenía que tener en cuenta para cada tratamiento", contó. 

Actualmente tengo 7 embriones crioconservados y estoy feliz de poder gracias a la ley afrontar este gran sueño",

"Si hoy no estuviera vigente la ley nosotros no podríamos tener la ilusión de pensar en agrandar nuestra familia ya que claramente solo podrían tener acceso a este camino aquellos que económicamente podrían afrontarlo, algo que es muy triste", dijo y agregó:  "Todos tenemos que tener las mismas oportunidades de poder cumplir el sueño de tener un hijo,  y no que sea algo a los que sólo algunos tengan acceso por un tema económico". 

Patricia y Juan hoy tienen 39 y 35  años respectivamente, ambos son empleados administrativos y están en la búsqueda de su segundo hijo, también con tratamientos. "La vida es maravillosa desde que cumplimos nuestro gran sueño de ser padres. Estamos muy agradecidos de tener a Benicio,  definitivamente es lo mejor de nuestra vida", concluyó.  

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