Con 35 años, un título universitario en Relaciones Públicas y un puesto de ejecutiva en una empresa multinacional de Seguros radicada en nuestro país, Sabrina Uricchio dejó Argentina y se fue a vivir a Barcelona, España.

Pese a lo que muchas personas creen que es más fácil irse de Argentina y vivir en Europa, esta "viajera empedernida" advirtió en su cuenta de Twitter: “Por el bien de ustedes, emigren con información. Averigüen todo lo que puedan. No vengan con dos euros en la billetera y un pasaporte comunitario porque, al menos para España, no es suficiente. No importa qué les vendieron, no es fácil y lleva años de trabajo emigrar. No es magia”.

Sabrina se quedó en Barcelona por "las playas y el sol".

Sabrina vivía en el barrio porteño de Caballito, ahora se instaló en Les Corts, Barcelona. “La vida se mide en millas”, aseguró la joven. Su cuenta de Instagram está minado de consejos útiles para viajeros, se la ve en el Coliseo de Roma, caminado por las calles de Manhattan, paseando Liverpool, posando en Tokio o deslumbrándose con el Big Buddha en Hong Kong.

Con respecto a la decisión de migrar a Barcelona, Sabrina comentó al medio Infobae que más allá de la situación económica del país, ella "iba a hacerlo de todos modos, fuera cual fuera el panorama" en Argentina, porque ella siempre quiso "vivir en Europa". Su pareja, con la misma holgura económica que ella y las mismas ganas de emprender un desafío, decidió acompañarla.

“Nos lo planteamos como un plan a futuro y empezamos a darle forma tres años antes de llegar. Emigrar es un proyecto enorme y nadie se embarca en algo tan grande pensando en el fracaso. Nunca dijimos: ‘Bueno, vamos y si nos va mal, vemos’. Es muy duro pegarte el golpe”, admitió Sabrina.

Antes de instalarse en el barrio Les Corts, Sabrina Uricchio vivía en el barrio porteño de Caballito. Sin embargo, al menos dos veces al año, se subía a un avión para salir a conocer el mundo.

Antes de instalarse en el barrio Les Corts, Sabrina Uricchio vivía en el barrio porteño de Caballito. Sin embargo, al menos dos veces al año, se subía a un avión para salir a conocer el mundo. "Siempre supe que quería vivir en algún país de Europa", dijo.

Planificar bien el viaje

 

"Emigrar no tiene nada de improvisación. En mi caso se planeó con tres años de anticipación y mucha información. Uno tiene que estar preparado para todo y eso también incluye el plano emocional y afectivo. Yo me considero una persona bastante desapegada y, así y todo, extraño un montón más de lo que esperaba extrañar. Y mirá que lo elaboré en terapia", aclaró.

Además, agregó: "Yo sabía que los domingos iba a tener ganas de ver a mi papá, a mi hermano y de comer asado. Pero tal vez no sabía que iba a extrañar juntarme con una amiga para tomar mate en el parque. Nunca se me ocurrió. Y aunque acá hice amigos, es distinto. Hay temas que a mis amigas les puedo abrir de la nada. En cambio, a alguien que conocés hace poco, tenés que explicarle. El factor emocional es un tema y si te agarra un poco desprevenida el golpe puede ser bajo. Sé de personas que logran asentarse, conseguir trabajo y se terminan volviendo porque mo podía ver crecer a mis hijos sin sus abuelos".

Según remarcó Sabrina, ella tenía la idea de irse a Londres, en vez de a Barcelona, pero el hecho de migrar con su gato, le fue difícil concretar ese trayecto. "No me permitían que el gato volara conmigo y despacharlo me daba miedo. La otra opción era volar a Francia y, desde ahí, manejar. Pero era mucho más costoso, tuvimos que descartarlo", contó.

La argentina oriunda de Caballito, viven e Barcelona desde hace 11 meses.

"Hay un mito de que la gente se va del país porque no está conforme con la vida que tiene. No es mi caso. Cuando decidimos que íbamos a emigrar, tanto mi novio como yo trabajábamos en empresas multinacionales en muy buenos puestos. De hecho, viajábamos al exterior dos veces por año. Teníamos un estilo de vida que nos gustaba y estábamos contentos. Es más, nos costó renunciar", relató la joven quien destacó que cuando una persona migra se "va con lo puesto y después resulta muy pesado", por lo que recomendó que "hay que tomarlo con paciencia y hablar con gente que ya lo hizo y hacer un montón averiguaciones".

"Yo tengo ciudadanía española, pero igual tuve que hacer otros papeles una vez que llegué. Con un pasaporte de la Unión Europea podés, valga la redundancia, vivir en cualquier país de la Unión Europea. Pero una cosa es vivir y otra es trabajar, hacer aportes, pagar hacienda... Para todo eso hay que tramitar un Número de identificación de Extranjero (NIE): que dice que vos sos extranjero y que podés vivir acá. Para obtener ese número hay que sacar una cita, que requiere un turno, y ahí depende de quién te atienda", explicó.

Asimismo, Sabrina aclaró que ella llegó en julio y en agosto empezó con los trámites, por lo que pudo conseguir trabajo recién la segunda semana de octubre y terminó los papeles tres sólo semanas antes de empezar a trabajar.

"Veníamos preparados para lo peor"

 

"Las búsquedas laborales son en el momento y muchas veces vuelan. Sobre todo los puestos más requeridos, como el de camarera. Yo soy Licenciada en Relaciones Públicas y toda mi vida trabajé como Ejecutiva de cuentas en una Empresa de Seguros. Si bien acá conseguí un puesto en ese rubro, antes de viajar hice un curso de barman y un curso de cata de vinos por si tenía que trabajar de moza y tenía que hacer descorche. En la vida pre-pandemia había mucha oferta para trabajar de moza. Entonces yo pensaba: ¿por qué me tomarían a mí y no a otra persona? ¿Qué puedo ofrecer yo para diferenciarme? Todo eso es tiempo de estudio y dinero que uno invierte. Mi novio hizo lo mismo: se puso a estudiar y renovó todas sus certificaciones", reconoció Sabrina.

"Acá en España el sueldo mínimo son 1000 euros, aproximadamente. En algunos lugares es de 980, en otros 1100. La cifra está pensada para que puedas pagar tu alquiler (compartiendo habitación con alguien), comer y ahorrar un poco. En Barcelona, en cambio, el sueldo promedio está entre los 1300 y 1400 euros. Muchas personas creen que cobrás en euros y sos millonario", advirtió.

En ese sentido, Sabrina aclaró que la luz, el agua, el alquiler, también los paga en euros, por lo que vivir allí, para ella, "es caro", ya que destacó que una habitación compartida en Barcelona "no baja de 400 o 500 euros", que es "un gasto que cualquiera va a tener que hacer sí o sí hasta que tenga los papeles". Por último, Sabrina consideró que "los meses muertos” acá, donde no podés generar dinero, son meses muy costosos".

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