Por Matías Resano 
mresano@cronica.com.ar 

Un menor de edad salvó su vida de milagro, tras ser sometido a golpes por personal de seguridad de una discoteca, en la localidad bonaerense de González Catán. El adolescente quedó inconsciente producto de la agresión, pero ello no detuvo a los patovicas, quienes le gatillaron por la espalda una importante cantidad de veces, para dejarle en claro que la próxima vez le quitarán su vida.

En consecuencia, el menor apareció a pocas cuadras de su domicilio (no se descarta que los custodios lo hayan arrojado allí) y fue hospitalizado. Afortunadamente se recupera de las lesiones, pero no logra superar el tormento por semejante infierno padecido. El festejo del cumpleaños de un amigo fue el motivo de la presencia de "T", de 16 años, en el local bailable M21, cuyos encargados de la seguridad del lugar le permitieron el ingreso a pesar de no ser mayor de edad.

En un momento de la madrugada del último viernes, "había un patovica que ya los empujaba y los provocaba. Entonces mi hijo le dijo que se dejara de molestar y este tipo los sacó del boliche", relató Jorge, papá de la víctima, a Crónica. En la vereda, el joven y sus amigos fueron recibidos a insultos y con desafíos violentos por parte de otro grupo de visitantes del boliche, una situación que impulsó a los vigiladores del recinto a perseguir a la carrera a los adolescentes.

Afortunadamente  el joven se recupera de las lesiones, pero no logra superar el tormento por semejante infierno padecido

"T" cayó a los cincuenta metros, y eso fue aprovechado por los patovicas (en total eran cinco) para descargar su furia a las patadas. Al respecto, el padre reveló que "mi hijo se desvaneció, pero de todas maneras lo cargaron y lo metieron en la discoteca. Adentro, él recuerda que le gatillaron por la espalda, en muchas oportunidades, y le dijeron que si lo ven otra noche lo matan".

El adolescente fue hallado por una vecina, que presenció el ataque, e inmediatamente acudió a la vivienda de aquel para notificar a su familia, que no descarta que el violento personal de seguridad lo haya abandonado en ese lugar, como si se tratara de un desecho. El joven debió ser trasladado al Hospital Equiza, de dicha localidad, por las severas lesiones desencadenas por la brutalidad de los patovicas. En referencia a ello, Jorge reconoció que el joven "está muy dolorido, no puede comer por la pérdida de sus dientes. Está destruido anímicamente, no habla, se mantiene callado y lo vemos que está muy asustado, no quiere salir a la calle".

Un estado que profundiza la impotencia y la bronca de su progenitor, quien confesó que "recién ayer (por el domingo) pude calmarme porque quería prender fuego el boliche. Estaba muy angustiado porque lo veía a él que quería llorar todo el tiempo". El hombre radicó la denuncia policial en la comisaría 1ª de González Catán, pero hasta el momento no han sido identificados, ni siquiera aprehendidos los patovicas, que en vez de garantizar la seguridad, priorizaron descargar su fuerza de forma demencial.

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