Por Matías Resano 
mresano@cronica.com.ar 

Una muestra de firmes convicciones por un sueño, a pesar de los obstáculos y por más extremos que sean, es la que representa cada día Tomás Videla, un joven pampeano, que arribó a la ciudad de Mar del Plata para cursar sus estudios universitarios. En La Feliz, Tomás transitaba hacia su anhelo de recibirse de arquitecto, hasta que comenzó a verlo truncado, ante las dificultades económicas.

Sin muchas alternativas, y con el afán de no bajar los brazos, decidió vender pañuelos descartables en la vía pública, una faceta que asumió con hidalguía y con la idea fija en su cabeza: culminar la facultad y mediante su profesión garantizarle a su familia una vida digna, como signo de agradecimiento. Oriundo de Santa Rosa, provincia de La Pampa, Tomás arribó a Mar del Plata con su amigo Alex, ambos con el motivo de realizar allí sus estudios universitarios en arquitectura y psicología, respectivamente.

En su caso, el primero de los jóvenes contaba con una beca y la ayuda económica de su familia, hasta que estas fuentes de recursos se disolvieron. Al respecto, Videla reveló a Crónica que "la beca se venció y al poco tiempo nació mi hermanita, que ahora tiene diez meses, entonces preferí que esa plata que me daban a mí, la emplearan en el cuidado de ella".

En consecuencia, al agotarse los ingresos, "había días que no teníamos para comer y eso nos daba mucha bronca, porque habíamos venido para estudiar, que es lo que más queremos, y veíamos que se nos estaba haciendo difícil".

No quería pedir
Fue entonces que los jóvenes pampeanos comenzaron a planificar diferentes alternativas y la más atractiva de ellas radicó en vender pañuelos descartables en la vía pública. En este sentido, Tomás argumentó que "buscábamos un trabajo con horarios flexibles, para poder trabajar, porque un empleo fijo comprende ocho horas o diez y eso nos complicaría para estudiar e ir a la facultad. Además, los pañuelos son un producto fácil de transportar y que la gente los necesita, porque nuestra idea no era salir a pedir".

Una actividad que con creces y altibajos los pampeanos llevan adelante en las intersecciones de San Juan y Colón, y de Olazábal y Colón, con una meta clara, la de recibir el ansiado título universitario. En este aspecto, Videla reconoció dos motivos de su firme sueño, en primer lugar "garantizarles una vida digna a mi mamá y a mi hermano mayor, que cumplió el rol de padre, porque a mi papá lo vi una sola vez en la vida".

En segundo lugar, el estudiante confesó que su deseo es desarrollar "una arquitectura diferente a la de hoy, porque los arquitectos tenemos una gran responsabilidad con el cuidado de la tierra, que está muy dañada, porque se privilegia el negocio". A su vez, el muchacho de 22 años remarcó que "también nuestras intenciones es transmitirles a otros chicos, en la misma situación que la nuestra, que se puede lograr un sueño y un objetivo".