Por Francisco Nutti 
 @frannutti 

La constante pérdida del poder adquisitivo de los jubilados llevó al sector a una situación dramática, tal es la situación que Teresa Susana Sassano, de 85 años, tuvo que salir a vender tortas fritas para poder sobrevivir. El caso de la abuela se replica actualmente en una gran cantidad de adultos mayores de todo el país, quienes poseen una jubilación mínima que apenas supera los 10.000 pesos, con la que cubren alrededor del 35% de las necesidades básicas.

"Soy sola, pero no me alcanza. Me pongo muy mal, aporté toda la vida para tener una vejez tranquila y estoy viviendo estos momentos tan difíciles. Miro mi casa y encuentro la heladera vacía, tan vacía como mi estómago. Tengo hambre y no sé a quién pedir ayuda, pero con mi bastón hice un esfuerzo para salir a vender tortas fritas en Palermo", explicó la anciana, sumamente angustiada.

Teresa presenta una discapacidad y ya no cuenta más con bonificaciones del 100% para todos los medicamentos que necesita diariamente, en total son 15. Por mes, gasta 4.400 pesos en remedios y unos 2.000 destina al pago de luz y gas. "No miro más la tele desde las 10 de la noche para no gastar luz y tampoco uso el aire", señaló, para luego aclarar que otros 2.000 pesos se le van en el pago de las expensas del reducido ambiente en el que vive, y lo que le resta, casi 2.000 más, es lo que cuenta por mes para comprar alimentos.

Pero la brutal crisis por el que transita la Argentina hace que con su mirada cansina y su voz entrecortada, salga por las mañanas con una caja llena de tortas fritas hechas por ella misma para venderlas a 10 pesos cada una. Se toma el colectivo desde Devoto y viaja hasta el Rosedal de Palermo para juntar no más de 200 pesos. "Me alcanzan para una sopa o una yerba, pero estoy entusiasmada porque no tengo que pedir", dijo entristecida.

Por mes, gasta 4.400 pesos en remedios y unos 2.000 destina al pago de luz y gas. 

La jubilada, que cobra el haber mínimo y todo se la va entre remedios, es una "privilegiada" porque tiene casa propia. Aún así, no le alcanza "para nada", como define. Su hija Liliana, también jubilada, la ayuda con lo que puede para intentar llegar a fin de mes de la manera más digna. Y es fundamental el aporte que hace su nieto, quien se fue a Inglaterra hace dos años a trabajar porque en Buenos Aires tampoco conseguía empleo.

Merienda compartida

Teresa, como tantas otras, asiste al comedor Juventud Acumulada. "La gran mayoría está en situación de pobreza, yendo a desayunar o merendar a comedores y esa merienda para muchos termina siendo la cena, porque no les alcanza para comprar nada", explicó al portal Minutouno.com la responsable del espacio comunitario, quien ofrece todos los martes una merienda para diferentes abuelos del barrio porteño de Flores.

"Cuando arrancamos venían tres abuelos todas las tardes. Ahora son alrededor de 23 y no tenemos más espacio, pero es impresionante cómo nos llegan pedidos de ayuda de jubilados todos los días", precisó la mujer. Esta triste realidad se confirma con un dato demoledor: más de 6 millones de adultos mayores se las ingenian para vivir como pueden porque perciben apenas el 34% del costo mensual de su canasta básica, según la Defensoría de la Tercera Edad.

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