Tortas fritas caseras: las tres versiones de un clásico que no falla nunca
Además de las clásicas tortas fritas de siempre, existe una opción más liviana y una variante rellena que es un golazo para acompañar cualquier desayuno o merienda.
Las tortas fritas son uno de los clásicos más queridos de la cocina argentina, especialmente en los días de lluvia, cuando el mate pide algo calentito y casero para acompañar. Esta receta tradicional, simple y económica, tiene muchas variantes que vale la pena probar.
De origen humilde y profundamente arraigadas en la cultura rioplatense, las tortas fritas nacieron como una solución práctica para cocinar con pocos ingredientes. Con el tiempo, se transformaron en una tradición familiar que pasa de generación en generación.
En esta ocasión, vamos a repasar tres versiones: las clásicas de siempre, una opción más liviana al horno y una variante rellena que es un golazo. Todas se resuelven en pocos pasos claros para que salgan perfectas, incluso en la primera vez.
Como se mencionó, las tortas fritas tienen raíces en la gastronomía española, especialmente en recetas similares como los buñuelos. Llegaron al Río de la Plata durante la época colonial y se adaptaron a los ingredientes disponibles, como la grasa vacuna.
Tradicionalmente se cocinaban con grasa y se freían en días de lluvia, ya que se creía que el agua de lluvia era más pura para la masa. Más allá de ese mito, lo cierto es que hoy siguen siendo una excusa perfecta para compartir y disfrutar algo casero.
Ingredientes base para las tres versiones (económicos y fáciles de conseguir)
- 500 g de harina 000
- 1 cucharadita de sal
- 1 cucharada de grasa o manteca
- 250 ml de agua tibia (aproximadamente)
- Aceite o grasa para freír (solo para versiones fritas)
Versión 1: Torta frita clásica, crocante por fuera y tierna por dentro
Paso a paso para lograr la textura perfecta sin complicarte.
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En un bowl grande, mezclá la harina con la sal. Sumá la grasa o manteca y desmenuzala con los dedos hasta integrar bien.
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Agregá el agua tibia de a poco mientras mezclás, hasta formar una masa suave. No tiene que quedar pegajosa.
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Amasá durante unos 10 minutos hasta lograr una textura lisa y elástica. Tapá y dejá descansar 20 minutos.
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Estirá la masa con palo de amasar hasta que tenga unos 5 mm de espesor. Cortá círculos (podés usar un vaso) y haceles un agujerito en el centro.
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Calentá abundante aceite o grasa a temperatura media (alrededor de 170-180°C). Es clave que no esté demasiado caliente para que no se quemen por fuera y queden crudas por dentro.
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Freí las tortas fritas de a pocas por vez, dándolas vuelta cuando estén doradas. Retiralas y dejalas sobre papel absorbente.
Cómo lograr una masa sabrosa sin necesidad de fritura.
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Prepará la masa exactamente igual que en la versión clásica.
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Estirá y cortá las tortas fritas de la misma forma.
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Colocalas en una placa previamente enmantecada o con papel manteca.
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Podés pincelarlas con un poco de manteca derretida para darles mejor color.
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Llevá a horno precalentado a 200°C durante 15 a 20 minutos, hasta que estén doradas.
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Para un toque extra, podés espolvorear azúcar apenas salen del horno.
Versión 3: Torta frita rellena, ideal para sorprender y salir de lo tradicional
Un giro dulce (o salado) que convierte la receta en algo especial.
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Prepará la masa base y estirala un poco más fina que en la versión clásica.
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Colocá una cucharadita de dulce de leche, membrillo o queso en el centro de un disco.
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Tapá con otro disco de masa y sellá bien los bordes presionando con los dedos o un tenedor.
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Freí en aceite a temperatura media, cuidando que se cocinen bien sin quemarse.
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Retirá y dejá escurrir. Si son dulces, podés espolvorear con azúcar.
Tips para que tus tortas fritas siempre salgan de diez
Las tortas fritas son una receta simple, pero con algunos detalles podés llevarlas a otro nivel. Controlar la temperatura del aceite es clave para que no absorban de más. El descanso de la masa también ayuda a que queden más tiernas.
Si querés innovar, podés agregarle ralladura de limón o naranja a la masa, usar harina integral para una versión más rústica o incluso hacerlas con levadura para una textura más aireada.

