Celeste tiene 11 hijos, es viuda y gracias a sus vecinos puede seguir dándole de comer a su familia. "Nunca pedí nada, mi pobreza la resguardo con respeto. No he pedido ayuda porque estoy buscando trabajo. Pero las cosas últimamente están complicadas. Ni siquiera tengo harina para hacer unos bollos o tortillas para vender", sostuvo la mujer, que vive en la localidad salteña de Rosario de Lerma con apenas cinco mil pesos por mes.

Sus vecinos se solidarizaron con la familia y le llevan alimentos y algunas mercaderías para que la mujer pueda vender. "Hay mucha gente buena que entiende la situación y se solidariza. Algunas veces nos traen ropita en condiciones para los chicos. Y así, la gente se acerca, y me deja algo de dinero", contó.

"Todos los chicos estudian, excepto los más pequeños de 2 y 4 años. Recibo la asignación universal y mando a los chicos a la escuela porque no quiero que pasen hambre. Tuvimos la desgracia de perder a mi marido el año pasado y todo se nos vino abajo", contó Celeste.

"Debo pensar todo los días y a cada hora cómo salir de este estado. No es fácil salir a buscar trabajo y dejar a los chicos solos. No pretendo tener interminables subsidios para poder alimentar a mi familia. Tengo manos para trabajar, pero no encuentro dónde hacerlo", agregó la mujer, a quien hace pocos días le cortaron la luz de su humilde casa y desde entonces usa velas para iluminar el hogar.