¿Cómo ayudar a la nena que pidió auxilio a su vecina y fue azotada por su madre?
Las imágenes de la pequeña pidiendo socorro para escapar de su mamá dejan sobre el tapete la necesidad de un sistema que brinde contención tanto a los pequeños que sufren como a los adultos que no encuentran límites.
"Dejala Mimi, dejala", se siente una voz desde lejos. El llanto ahogado de una niñita no permite oir con claridad. Con su cabecita pegada contra el alambrado, la pequeña de no más de ocho años intenta escapar. Detrás, su mamá en muletas, muestra amenazadora un cinturón negro de cuero e insulta a quien busca proteger a la chiquita. La escena es desgarradora se la mire por donde se la mire. El dolor y la violencia que combina, también.
"La violencia no es método de disciplina: no es una puesta de límites, sino todo lo contrario. Lo único que se logra en el chico es que tenga temor", sostuvo en diálogo con Crónica al mediodía, el psicólogo Bernardo Stamateas. "Tenemos personas con muy poco control de sus impulsos. Es necesario poner en palabras el enojo", agregó.
El especialista explicó que existen tres maneras de reaccionar ante una situación: explotando de manera violenta, implotando -es decir, sin expresar la bronca pero con riesgo a enfermarse por no poner en palabras lo que se siente- y por último, alejándose para hablar. "Cuando uno está muy enojado no hay que hablar. Hay que posponer el conflicto y hablarlo luego. Poner en palabras el enojo una vez que estemos calmados", indicó Stamateas.
Lo cierto es que cuesta entender a una madre que reaccione de forma tan brutal contra su hijita. "La mamá de la nena muestra un nivel de impulsividad muy primitivo, como quien no ha desarrollado los frenos psíquicos para poner dominio a los impulsos primitivos", agregó el especialista. "Todo violento fue matratado en su infancia, pero no toda persona que fue maltratada en su infancia se convierte en violento", especificó.
Ahora bien: más allá de la explicación psicológica que pueda encontrarse al comportamiento de la madre, no cabe duda de que tanto ella como su pequeña y el resto de sus hijos, necesitan ayuda. En la Ciudad de Buenos Aires, la línea 137 asesora y asiste tanto a víctimas de violencia familiar o sexual, como a aquellos familiares o vecinos o incluso instituciones, que quieran ayudar.

