Edgardo, un ejemplo de superación e inclusión
En el Día Mundial del Síndrome de Down, este hombre de 52 años cuenta en diálogo con Crónica cómo son sus días, ahora jubilado y dedicado a la música. Su hermana publicó dos ediciones del libro "Mi hermano y yo".
Por Francisco Nutti
@FranNutti
La historia de Edgardo Pezzettoni y su hermana Georgina -quien lo acompañó en diferentes desafíos a lo largo de su vida- es, quizás, el mejor homenaje en el Día Mundial del Síndrome de Down, que se conmemora hoy en todos los rincones del planeta. Producto del respaldo de su familia y de un gran entusiasmo por aprender, el hombre, que nació con esa discapacidad, adquirió múltiples habilidades que le permitieron tener un trabajo, independizarse y jubilarse. Hoy, a sus 52 años, dedica sus días a la música, a la actuación y a la cocina.
Pezzettoni tiene todo para ser un rockstar. Llega a la redacción de Crónica con un saco oscuro y lentes de sol, acompañado por su hermana Georgina, quien, además de brindar charlas junto a él sobre su experiencia (en 2015 participaron del congreso anual de la Asociación Nacional de síndrome de Down, de los Estados Unidos), publicó dos ediciones de su libro "Mi hermano y yo", donde narra cómo fue la vida de ambos desde la infancia y hasta cómo se arreglaron para seguir adelante luego del fallecimiento de su madre, en abril de 2010. "Trabajé 20 años en la cocina de la empresa Mercedes Benz, en su planta de Virrey del Pino, en el partido de La Matanza, a la cual ingresé luego de un programa de inclusión. Como me quedaba lejos, porque vivo en Belgrano, me tenía que levantar a las 4 y media de la mañana para llegar a horario", dice Edgardo, quien expresa, respetuosamente, que eso ya forma parte del pasado porque ahora le toca disfrutar de su jubilación.
"Vivo sólo, me gusta hacer música con la guitarra y cantar canciones de Sandro junto a mi sobrina. También amo cocinar y sigo yendo al club de mi barrio donde tengo la posibilidad de nadar y de ir a un taller de teatro". El deceso de su madre lo condicionó a independizarse pero no tuvo ningún problema de afrontar ese desafío, del cual su hermana lo ayudó a transitar: "Georgina siempre me apoyó y estuvo conmigo", explica. Mientras ella, a su lado, lo observa y comenta que el logro de Edgardo se debe al intenso apoyo escolar que recibió en su niñez (fue a la Escuela de Educación Especial N° 9, en el barrio porteño de Once, y luego al Colegio Especial N° 21 "Rosario Vera Peñaloza") y al respaldo familiar, más precisamente de su madre, quien aún en tiempos de discriminación y prejuicios, les inculcó a ambos la dignidad del trabajo y el esfuerzo por no bajar los brazos.
"Mi hermano y yo"
Georgina se lanzó como escritora al contar las experiencias que ambos compartieron a lo largo de la vida. El libro fue presentado hace unos años -ya tiene dos ediciones, financiadas de su propio bolsillo-, y espera por una tercera, por eso está a la busca de patrocinadores que banquen el proyecto. Esa experiencia también la llevó a dar charlas por el país, viajó a la localidad bonaerense de Chacabuco junto a su hermano y a la periodista Valeria Román, quien presentó la historia. Y en 2015 fueron invitados al Congreso anual de la Asociación Nacional de síndrome de Down, en los Estados Unidos.
"A mi hermana hay que hacerle un monumento por todo lo que hace", dice él, con una sonrisa mientras mira a su compañera de toda la vida que vive con su familia a unas pocas cuadras de su residencia y que siempre está dispuesta a escucharlo y ayudarlo cuando la necesita: "Es muy independiente pero hablamos mucho por teléfono", explica la mujer, que antes de finalizar la entrevista define a su hermano como un "un orgullo total".
#DiaMundialDelSindromeDeDown Edgardo y Georgina en la redacción del diario Crónica contando su historia ¡Mirá! pic.twitter.com/e9SxT3Wkqy
— Crónica VIRALES (@CronicaVirales) 21 de marzo de 2019
