La Unión Europea y el gobierno británico alcanzaron un nuevo acuerdo de Brexit tras superar diferencias sobre cómo evitar controles aduaneros en la isla de Irlanda, donde la UE y el Reino Unido tendrán su única frontera una vez concretado el divorcio.

Ambas partes querían mantener completamente abierta la frontera en la isla entre Irlanda del Norte, que es parte del Reino Unido, e Irlanda, un Estado miembro de la UE, porque esto es visto como crucial para la economía irlandesa y norirlandesa.

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Además, el libre movimiento de bienes y personas a través de esa frontera es visto como pilar del acuerdo de paz que recién en 1998 puso fin a décadas de violencia en Irlanda del Norte entre partidarios y detractores de la pertenencia al Reino Unido. Encontrar una solución a este problema que fuera aceptable para todos ha sido el mayor problema con que se han topado las partes a lo largo del tortuoso proceso de divorcio disparado por el referendo británico que aprobó el Brexit en 2016.

Un pacto de retirada entre el anterior gobierno británico y la UE fue rechazado tres veces en el Parlamento británico porque dejaba al Reino Unido dentro de la unión aduanera europea hasta que Londres y Bruselas acordaran que ya no era necesario.

El acuerdo implicaba que no habría controles aduaneros en la isla de Irlanda, pero legisladores lo rechazaron por la incapacidad del Reino Unido para alcanzar un acuerdo de libre comercio con otros países al permanecer atado a la reglas comerciales europeas.

Según el nuevo acuerdo anunciado, todo el Reino Unido, incluyendo Irlanda del Norte, abandonarán la unión aduanera de la UE, con lo que Londres podrá sellar acuerdo de libre comercio con otros países. En consecuencia, entre Irlanda del Norte e Irlanda habrá una frontera aduanera. Pero, en la práctica, los controles aduaneros serán entre Gran Bretaña y la isla de Irlanda, en puertos de Irlanda del Norte.

Los importadores no tendrán que pagar aranceles, al menos de manera automática, por productos que entren a Irlanda del Norte desde Gran Bretaña. Cuando ese producto esté "en riesgo" de ser transportado hacia la República de Irlanda, sí se pagará un arancel. Una comisión integrada por representantes del Reino Unido y la UE decidirán en una fecha futura qué bienes deberían estar en esa lista.

Podría darse el caso que se paguen aranceles por importar bienes que no terminen yendo desde Irlanda del Norte hacia Irlanda -es decir, hacia la UE-. El Reino Unido deberá reintegrar ese impuesto en esas circunstancias. El equipaje que viaje desde Gran Bretaña a Irlanda del Norte no será revisado y tampoco se cobrarán aranceles a productos enviados por particulares a otros individuos. Como en la práctica Irlanda del Norte quedará separada del resto del Reino Unido y atada a las normas comerciales de la UE, el acuerdo da al Parlamento autónomo norirlandés la facultad de poder votar sobre estas reglas. Cada cuatro años, los diputados norirlandeses tendrán oportunidad de votar sobre las normas aduaneras.

Si la Asamblea se pronuncia en contra, la normativa expirará dos años más tarde. Durante esos dos años, una "comisión conjunta" deberá formular recomendaciones al Reino Unido y la UE sobre las "medidas necesarias". Si la Asamblea acepta continuar con las reglas por mayoría simple, estas regirán por otros cuatro años. Si el acuerdo tiene además el respaldo tanto de los pro como los anti británicos, entonces regirán durante ocho años, o hasta que se llegue a un nuevo acuerdo sobre la relación futura entre Bruselas y Londres.

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