Amerie Jo Garza había cumplido 10 años días atrás. Era una alumna destacada del cuarto grado en la escuela primaria Robb Elementary, en Uvalde, Texas, y por ese motivo, fue reconocida el pasado martes en el cuadro de honor por sus excelentes notas.

Apenas horas después ese día, ocurrió la tragedia que conmociona a los Estados Unidos y volvió a poner encender el debate sobre el uso de armas de fuego. Todo ocurrió cuando Salvador Ramos, de 18 años, ingresó al establecimiento y asesinó a sangre fría a dos docentes y 19 niños, entre ellos Garza, quien había intentado llamar a la Policía para salvar a sus compañeros.

“Mi nieta fue asesinada a tiros por tratar de llamar al 911. Murió como una heroína intentando obtener ayuda para ella y sus compañeros de clase”, relató Berlinda Irene Arreola, abuela de la nena, en una publicación de Facebook, citada por varios medios nortamericanos. Y continuó: “Era una niña súper extrovertida y le gustaba destacar en la escuela". 

Garza fue identificada junto a sus compañeros fallecidos varias horas después del tiroteo. En medio de la desesperación, su padre Ángel Garza buscaba noticias sobre el paradero con la esperanza de que hubiera logrado escapar. 

“Por favor, pasaron siete horas y todavía no tengo noticias de mi amor”, escribió el hombre en una publicación de Facebook, junto con una foto en la que abrazaba a su hija.

La peor noticia llegó pocos minutos después: “Gracias a todos por sus oraciones y por ayudarme a encontrar a mi bebé. Mi amorcito ahora vuela alto con los ángeles allá arriba”.

La publicación del padre  Amerie Jo Garza tras el crimen (Facebook).

Ramos, de 18 años, mató el pasado martes 24 de mayo a 19 niños y dos maestros en una escuela primaria de Uvalde, una pequeña localidad de Texas, situada cerca de la frontera con México. En la escuela estudiaban una mayoría de niños hispanos, de entre 7 y 10 años, muchos de ellos de familias modestas.

El gobernador de Texas, el republicano Greg Abbott, dijo que autor del tiroteo era un residente local y ciudadano estadounidense y también falleció abatido por las fuerzas de seguridad.

El tiroteo fue el más mortífero desde el de Sandy Hook en Connecticut en 2012, en el que murieron 20 niños y seis adultos.