jfgentile2002@yahoo.com.ar 

La duda ha rondado por más de un siglo, y continúa generando mucho ruido. Es que nadie pudo confirmar de qué se trataba lo que realmente sucedió en la región rusa de Siberia. Fue el 30 de junio de 1908, cuando una esfera de fuego brillante y ardiente atravesó la atmósfera de nuestro planeta, para explotar aproximadamente a una altura de 8.000 metros sobre el valle rocoso que cruza el río Tunguska. Tan inmensa fue la explosión que generó, que se ha comprobado que generó un equivalente a la de una bomba nuclear de doce megatones y medio.

La gran discusión derivó en dos teorías: La primera y que más se ha sostenido en el tiempo se refiere a que la llamada explosión de Tunguska fue una ráfaga nuclear proveniente del espacio exterior. ¿El origen? Aunque se han evaluado muchas conjeturas, siempre se centralizó en que todo se produjo a partir del incendio de una nave espacial de propulsión nuclear y origen extraterrestre. En cambio, otros han aseguraron que el objeto que explotó era la cabeza de un cometa, de medianas dimensiones y que terminó por diseminarse en una verdadera lluvia negra, desintegrándose al caer. Aunque algunos evaluaron otras probabilidades, estas dos variables de un mismo estallido son, por lejos, las más probables. Y aunque a muchos les hubiera encantado encontrar pruebas de un OVNI que explotó mientras caía, todo parece apuntalar que la tesis del cometa estallado es la correcta.

Evento de Tunguska,   <a href='https://www.cronica.com.ar/tags/Siberia'>Siberia</a>.
En la imagen, la zona donde se produjo el misterioso estallido.

¿Nave espacial marciana?


Entre todas las teorías que han pretendido explicar la explosión de Tunguska, la más discutida fue la planteada en 1946 por Alexander Kazantsev, un escritor soviético de ciencia-ficción. Es que al maquillar su teoría en forma de cuento, con supuestas informaciones reales, sugirió que lo sucedido en Siberia lo causó una nave propulsada con energía nuclear que se prendió fuego al ingresar a la atmósfera debido a la fricción, por lo que sus motores estallaron, diseminándose. 


Kasantsev especulaba que los extraterrestres (que en el cuento se decía que venían de Marte) habían llegado  para aprovisionarse de agua en el lago Baikal, el mayor volumen de agua dulce existente en el planeta, y que la explosión en el aire fue como la que años después produciría la bomba de Hiroshima.

Más de cien años después del evento de Tunguska, el área permanece intacta.
Más de cien años después del evento de Tunguska, el área permanece intacta.

Lo concreto es que los ufólogos soviéticos Felix Zigel y Alexei Zolotov han apoyado esta teoría. Zigel llegó incluso a proponer la idea de que la nave realizó una maniobra en zigzag al intentar desesperadamente un aterrizaje, aunque en realidad ninguno de los testigos declaró haber visto cambios de rumbo en la bola de fuego que caía a gran velocidad.

Otro escritor


El australiano John Baxter también dedicado al género de ciencia-ficción, en su libro “The fire carne by”, publicado en 1976, siguió la teoría de Kazantsev al comparar los efectos de la explosión de Tunguska con los de la bomba de Hiroshima: el fogonazo cegador y el intenso calor, la corriente ascendente de aire caliente que originó una columna “ardiente”, y el característico grupo de árboles que permanecieron de pie en el centro de las devastaciones de Tunguska, tal como había ocurrido en el punto de explosión de Hiroshima.


Incluso, se citó que existieron vestigios d. radiaciones mortíferas en el lugar. Extrañamente, ambos autores citan un hombre que, tras examinar la zona devastada de Tunguska, murió entre terribles dolores, como si lo consumiera un fuego invisible. “Sólo podía tratarse de radiactividad”, citaban. Y si bien es real que no existe ningún informe según el cual alguien muriese a consecuencia de la explosión de Tunguska, sí es cierto que los habitantes del lugar, los tungues, declararon que los renos de aquella zona presentaron costras en su piel, lo que podrían ser quemaduras causadas por radiación. Otro punto que abraza esa teoría es que alrededor del punto de la explosión se aceleró el crecimiento de la vegetación, atribuido también por algunos a unos trastornos genéticos que suelen provocar las radiaciones.

El cometa paga más


Aunque Tunguska no es fácil de acceder, se organizaron varias expediciones, como la que encabezó Leonid Kulik apenas 12 años de producida la explosión. Sin embargo, se deben destacar tres importantes emprendimientos al valle rocoso, encabezados por el geoquímico Kirill Floresnky. El primera expedición ocurrió en 1958, a 50 años del estallido, y las otras dos restantes fueron en 1961 y 1962 respectivamente. En la última utilizó moderna tecnología para la época y hasta sobrevolaron el área con un helicóptero, para ver desde el aire la zona de desastre. 


El equipo de Florensky analizó en detalle el terreno a fin de encontrar partículas microscópicas que pudieran haberse desparramado durante el incendio y la desintegración del objeto estallado. Así, los científicos lograron delimitar una estrecha franja de polvo cósmico extendida a lo largo de 250 kilómetros hacia el noroeste del lugar de la explosión, compuesto por magnetita (óxido de hierro magnético) y pequeńos cristales de roca fundida.

Tunguska: ¿fue un meteorito el responsable de la explosión?
Tunguska: ¿fue un meteorito el responsable de la explosión?

Estas muestras debieran haber bastado para acabar con la controversia acerca de su origen de una vez por todas. En 1963 Florensky escribió un artículo sobre su Tunguska en la revista Sky & Telescope, que tituló: “¿Chocó un cometa con la Tierra en 1908?”, ratificando su teoría del cometa, algo que, entre los astrónomos, siempre fue la preferida.


Los expedicionarios controlaron la existencia de radiación en la región, y la única hallada se encontraba en árboles del área y se trataba de polvillo radiactivo proveniente de pruebas atómicas posteriores, que había sido absorbido por la madera. También se analizó la aceleración del crecimiento del bosque en la zona devastada, que algunos atribuyeron a los perjuicios genéticos de la radiación. Los biólogos concluyeron que únicamente se había producido una aceleración del crecimiento, normal después de un incendio, algo que todos saben, suele suceder. Y sobre las dudas respecto de los renos y otros animales que aparecieron con las ya citadas “costras” tras el estallido, si bien no hubo análisis de veterinarios, se consideró que la enorme ráfaga de calor que siguió a la explosión pudo provocar quemaduras.


Los yanquis vieron otra cosa


Otro estudio, encarado por los físicos estadounidenses Clyde Cowan, C.R. Atluri y Willard Libby, sí consideraron la teoría de una explosión nuclear tras estudios efectuados en 1965. Con equipamiento más avanzado observaron un aumento, que cifraron en un 1%, en el nivel de radiocarbono contenido en los anillos de los troncos de los árboles tras la explosión. Un estallido atómico libera una ráfaga de neutrones que convierten el nitrógeno atmosférico en carbono 14 radiactivo, el que es absorbido por las plantas junto con el carbono corriente durante un proceso normal de fotosíntesis. Si la explosión fue nuclear, hubiera sido esperable un exceso de radiocarbono en la vegetación que entonces se encontraban en la etapa de crecimiento.


Para probar esta hipótesis los científicos estadounidenses analizaron tres anillos de un abeto tipo Douglas de unos 300 años, proveniente de Tucson, Arizona, y también de un viejo roble de un bosque próximo a Los Ángeles, hallando que el nivel de radiocarbono en ambos árboles había ascendido sólo en un 1 % entre 1908 y 1909. Paralelamente, otro chequeo realizado por tres biólogos holandeses en un árbol proveniente de Trondheim, Noruega, más cercano al sitio de la explosión, y que por eso deberían haber sido mucho más evidentes arrojaron que, en vez de medir un aumento de radiocarbono en 1909, marcaban un descenso constante de aquel nivel durante esos años. La explosión de Tunguska no había incidido en nada.

Más para analizar


¿Y el conjunto de árboles que quedó en pie en el centro de la zona afectada por la explosión de Tunguska? Algo que ya ocurrió con la bomba atómica debajo del punto de explosión de Hiroshima.¿Y la llamada “columna ardiente” tras la explosió?. Se retaficaron que ambos efectos no se producen únicamente tras un estallido nuclear. Cualquier explosión va acompañada de una ascensión de aire caliente y de una profusa humareda. Frecuentemente se producen explosiones de brillantes bolas de fuego cuando penetran en la atmósfera trozos de escombros provenientes del sistema solar, que resultan ser mucho más diminutos que el objeto de Tunguska.

Tunguska: así quedó la vegetación de la región.
Tunguska: así quedó la vegetación de la región.

Cualquier explosión dejaría un conjunto de árboles en pie, como lo demostraron los experimentos en pequeńa escalade Igor Zotkin y Mijail Tsikulin, de la comisión investigadora de meteoritos de la Academia de Ciencias de la desaparecida Unión Soviética (URSS), que utilizando bosques pilotos provocaron pequeñas explosiones para reproducir el modelo de árboles derribados, incluido el grupo central no afectado. Así, parecería que toda “evidencia” a favor de la teoría de una explosión nuclear queda reducida a una mala interpretación o a una distorsión malintencionada.

¿Prueba concluyente?


Las pruebas decisivas para asegurar que el objeto que hizo explosión en Tunguska era de naturaleza meteorítica las facilitan los resultados de las últimas expediciones soviéticas al lugar, concretadas en 1977. Las partículas microscópicas de piedra halladas en las capas dejadas por la explosión de 1908 tienen la misma composición que las partículas cósmicas recogidas por los cohetes en la atmósfera superior. Se calcula que miles de toneladas de este material se encuentran dispersas alrededor de la zona del impacto. Junto a estas partículas de roca espacial figuran partículas melladas de hierro meteórico. Los investigadores soviéticos concluyeron que el objeto de Tunguska era un cometa compuesto por condrito carbonáceo. Esto no resulta sorprendente, pues los astrónomos han estado descubriendo que una composición de condrito carbonáceo es característica de los escombros interplanetarios. ¿Por qué no se encontró? Simplemente porque se desintegró. O al menos, a esa conclusión llegaron esos científicos.


Un hecho muy parecido


El suceso de Tunguska se repitió en escala menor sobre América del Norte la noche del 31 de marzo de 1965. Una zona de aproximadamente un millón de kilómetros cuadrados, correspondiente a Estados Unidos y Canadá, fue iluminada por la caída de un cuerpo que hizo explosión sobre las ciudades de Revelstoke y Golden, 400 kilómetros al sur de Edmonton, Alberta, Canadá. Los habitantes de aquellas ciudades hablaron de un “rugido atronador” que sacudió y rompió las ventanas. La energía liberada fue equivalente a varios kilotones de TNT.
Los científicos determinaron el punto de impacto del meteorito y se pusieron en camino para encontrar un cráter, tal como había hecho Leonid Kulik en Siberia medio siglo antes. Pero tampoco lograron encontrarlo.

Así reflejaba la explosión en   <a href='https://www.cronica.com.ar/tags/Canadá'>Canadá</a> uno diario de la época.
Así reflejaba la explosión en Canadá uno diario de la época.

Sólo cuando los investigadores se dirigieron a la zona a pie, pudieron ver que la nieve estaba cubierta por un extrańo polvo negro a lo largo de varios kilómetros. Se recogieron algunas muestras de este polvo y, tras un análisis, se comprobó que su composición era la misma que la de un tipo particularmente frágil de meteorito conocido como condrito carbonáceo. El objeto de Revelstoke hizo explosión, fragmentándose, a mitad de camino entre la atmósfera superior y la Tierra, originando una lluvia de miles de toneladas de polvo negro desmenuzado sobre la nieve. Significativamente, también los testigos de la explosión de Tunguska describieron una “lluvia negra” semejante.

Conclusiones


Se han ofrecido numerosas explicaciones alternativas, incluida la curiosa sugerencia de que lo ocurrido en Siberia fue el impacto de un pequeńo “agujero negro”. De acuerdo con la teoría astronómica, los miniagujeros negros, con la masa de un asteroide comprimida hasta alcanzar el tamańo de una partícula atómica, pudieron haberse formado en el torbellino que siguió a la gigantesca explosión que, de acuerdo con la hipótesis del Big Bang, se produjo como origen del Universo. Según A. A. Jackson y Michael Ryan, físicos de la Universidad de Texas, el paso de un miniagujero negro a través de la Tierra habría producido todos los efectos observados en el fenómeno de Tunguska… con la excepción de que el agujero negro habría atravesado toda la Tierra y salido por el Atlántico Norte, con unos efectos espectaculares muy semejantes al partir. Desgraciadamente para esta teoría, no hubo tales efectos.

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