CLÁSICO

Fe, timba y huevos: la Quiniela también juega en Pascua

FIJAS. Para seguir de cerca durante Semana Santa

En el calendario del timbero, hay fechas que no se juegan, se celebran. Pascua es una de ellas. Porque si bien el sentido profundo de la festividad está ligado a la resurrección y la renovación espiritual, para muchos aposta- dores también representa una oportunidad única para mirar al cielo, interpretar señales y cruzar los dedos frente al pálpito.

¿Cuáles son entonces los números de la quiniela que más se asocian con la Pascua? ¿Y cuáles son los que, históricamente, más sa- len o más se esconden en la se- mana previa? En la simbología popular, el número más directamente vincula- do con Pascuas es el 00, que en la tabla tradicional representa “los huevos”, elemento infaltable de la celebración, ya sea en forma de chocolate o de gallina.

A ese le sigue el 33, el núme- ro de la edad de Cristo al morir y resucitar, otro clásico de la fecha. También aparecen con fuerza el 23, por “el cocinero” –figura que se cuela con los aromas de la rosca y el asado familiar– y el 17, que refiere a “la desgracia”, un guiño de los más cabuleros que creen que para que haya resurrección primero debe haber cruz.

Atrasados y salidores
Pero la mística no termina ahí. Un análisis realizado sobre los sorteos de las últimas dos décadas muestra que en la semana previa al domingo de Pascua, hay números que tienden a repe- tirse más que otros.

El 03 (“San Cono”, patrono no oficial de los jugadores) aparece con notable frecuencia en las estadísticas de la Quiniela de Ciudad y de la Pro- vincia.

También se destacan el 48 (“el muerto que habla”) y el 62 (“la inundación”), dos cifras que, aunque a priori suenen ajenas a la celebración, emergen como protagonistas de esos días, qui- zá porque el azar también tiene sus misterios.

Del otro lado, hay cifras que parecen esquivar los bombos cuando llega la Semana Santa. El 59 (“las plantas”) y el 06 (“el perro”) figuran entre los menos repetidos en los sorteos anali- zados, al igual que el 81 (“las flores”), curioso ausente para una fecha donde la primavera espiritual debería florecer con fuerza.

Los más obsesivos también mi- ran los ambos, esas combinaciones de dos cifras que suelen dar sorpresas. Entre los más reiterados en los días previos a Pascuas aparecen el 33-95, combinación de símbolo puro, y el 17-03, mezcla de fatalismo con fe.

En cambio, los menos frecuentes son el 59-81 y el 06- 23, tal vez por mero capricho del azar o porque hasta las bolillas respetan el espíritu pascual. Así, entre supersticiones, esta- dísticas y sueños reveladores, la quiniela se vuelve también un ri- tual. Y mientras los fieles se pre- paran para la celebración más sagrada del calendario cristiano, los jugadores afilan sus apuestas con la ilusión de siempre: que este año, la resurrección venga con un pleno.

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