Ganó una espectacular fortuna en la Quiniela, pero hizo todo para gastarla lo antes posible: "Tranquilidad"
El afortunado millonario se convirtió en un mendigo tras contraer deudas impagables y meterse en graves problemas que lo llevaron a arrepentirse de las decisiones egoístas. Pese a sus disculpas, los seres queridos lo dejaron solo e incluso confirmaron que para ellos ya no existe.
Ganar la lotería es un golpe de suerte que puede transformar radicalmente la vida de una persona, dado que ofrece una oportunidad única para cambiar la rutina y romper con las predicciones establecidas por el destino en cuestión de pocas horas.
Sin embargo, siempre existe la posibilidad de recibir una gran cantidad de dinero y generar consecuencias negativas, sobre todo si no se gestiona adecuadamente. Por este motivo, los especialistas aconsejan mantener la calma, ser paciente y tener una visión clara para invertir el premio de manera inteligente.
Más allá de los peligros existentes, muchos afortunados también se terminan convirtiendo en los villanos de la familia porque generan desde discusiones subidas de tono, robos de plata y hasta distanciamientos irremediables.
Esto fue lo que le paso a William Bud Post, un estadounidense que experimentó una transformación radical en su vida después de ganar casi 19 millones de dólares en la quiniela. En lugar de disfrutar de su suerte, se distanció de sus seres queridos y su vida se convirtió en una verdadera pesadilla por una inversión fallida.
Antes de ganar la fortuna en la quiniela, la vida de William Bud Post estuvo marcada por la adversidad. Se había convertido en huérfano de madre a los 8 años y su padre lo envió a un orfanato porque no lo podía criar. Posteriormente, comenzó a llevar a cabo empleos muy precarios, como limpiador de tuberías, obrero, cocinero y conductor de camiones en circos y ferias ambulantes.
Su mala posición económica y la falta de estudios lo enfrentó a grandes problemas financieros desde que era muy joven, de hecho, llegó a pasar un mes en la cárcel por emitir cheques sin fondos. Pese a sus malas experiencias, nunca perdió la esperanza de que su situación iba a cambiar cuando menos se lo esperara.
Según relata el propio protagonista, el día que adquirió el billete ganador de la lotería se encontraba en un momento pésimo, a tal punto de que tenía 2.46 dólares en su cuenta bancaria y padeciendo una incapacidad temporal que no le facilitaba el trabajo.
En un gesto desesperado por mejorar aquel presente empobrecido, empeñó un anillo por 40 dólares y le entregó el dinero a su casera, Ann Karpik, para que comprara algunos boletos de quiniela local, incluyendo el que resultaría ser el premiado.
Finalmente, la suerte le dio una mano y ganó 11 millones de dólares. William Bud Post decidió recibir su premio en 26 pagos anuales de 497.953 dólares en lugar de un pago único, el cual haría que pierda un importante porcentaje.
Al recibir el primer pago, realizó una serie de inversiones y compras impulsivas, incluyendo una licencia para vender bebidas alcohólicas, un alquiler de un restaurante en Florida, un lote de autos usados y un avión bimotor, a pesar de no tener licencia de piloto.
Estas malas decisiones hicieron que, en solo tres meses, generará una deuda superior a medio millón de dólares. Sin embargo, al recibir su segundo pago, William Bud Post no pagó y adquirió una lujosa mansión en Oil City, Pensilvania, por una suma cercana a los 400.000 dólares.
Como era de esperarse, la plata se terminó y los gastos lo superaron. En un último esfuerzo por recuperar su estabilidad financiera, vendió su casa por 65.000 dólares, y decidió subastar los pagos restantes de su premio de la lotería.
En una entrevista con el diario The Guardian, expresó su deseo de escapar del acoso constante y la atención no deseada, declarando: "Cuando ya no tenga el dinero de la lotería, la gente me dejará en paz. Eso es todo lo que quiero: solo tranquilidad".

