Había un tiempo en que los abuelos solían sentar a sus nietos en torno a la mesa familiar después de un suculento almuerzo para relatar historias que a las pequeñas criaturas les sonaban lejanas e intrigantes a la vez porque parecían surgidas de otro mundo.

Eran cuentos que hablaban de gente que había dejado hogares, parientes, vecinos y amigos bien lejos para subirse a un barco con destino incierto. Los protagonistas tenían, casi siempre, la misma edad que aquellos que estaban escuchando el relato, pero la vida de unos y otros habían sido diametralmente opuestas. 

Hablando de esas cuestiones, Leandro, el amigo que hace algunas semanas tuvo problemas con su página web y fue una de las estrellas de nuestra primera columna, el otro día me contó que aún hoy cada tanto sigue recordando lo que le solía contar uno de sus abuelos. El viejo, que se fue cuando Leandro era apenas un pibe, viajó cuando tenía siete años desde Rumania a Argentina junto a su mamá y sus hermanos para conocer a su padre

Olga, Leandro y Bernando, el abuelo rumano de mi amigo.

En su país natal vivía en un pueblito que estaba ubicado en un territorio que hoy pertenece a Moldavia. De paso por una gran ciudad como Marsella, él y sus hermanos se sorprendieron al ver a la gente tocando timbre en las casas y se dispusieron a hacer lo mismo sin saber una palabra de francés, ni qué implicaba realmente ese accionar.

El reto que se comieron al quedarse parados ante la salida de un "franchute" no muy simpático no necesitaba intérpretes, pero generó una anécdota familiar que perdura y genera una sonrisa décadas después en quienes fueron escuchando ese relato que con los años fue pasando de boca en boca.

En tiempos en que hay que lavar hasta el jabón cada vez que uno viene del supermercado con artículos nuevos, las historias que irán quedando para generaciones futuras hablarán de esta pandemia tanto como aquellos relatos de ese abuelo rumano narraban lo que ocurría en el período entre guerras aquí y en Europa.

Porque ahora los abandonos y los desafíos que eso implica son otros. ¿Cómo es eso? Lo que ayer era viaje a un mundo nuevo, hoy es un encierro en un mundo propio, casi sin contacto con seres queridos. Y vamos de nuevo con algo que le pasó a Leandro, quien ayer cumplió 45 años y lo celebró como se festeja en esta pandemia.

Bueno, celebrar es un formulismo, porque si bien es cierto que recibió cientos de saludos virtuales de afectos reales y no tanto, lo que vivió ayer estuvo lejos de ser considerado un festejo. Sin culpable más que el destino, a él le ocurrió lo que le viene pasando a muchos desde el 20 de marzo, aquí en Argentina, y más adelante o atrás en el calendario en otros sitios del planeta.

Facebook y WhatsApp llenos de "Feliz cumple" con todos los emojis posibles a modo de acompañante, llamadas varias de amigos y familiares con los que compartieron penurias económicas y miradas apocalípticas sobre el futuro y, de postre, una velita que se sopló por videollamada con sus seres queridos

Una nueva manera de afecto, se podría decir. Porque la ausencia de contacto físico hoy no es sinónimo de destrato. Al contrario, es una cuidado hacia el otro. Una manera de mostrarle que lo querés ante la incertidumbre de no saber si uno tuvo, tiene o tendrá coronavirus por el alto número de casos asintomáticos que nunca se enteraron que estuvieron infectados.

Es así, para quien nunca pensó que alguna vez iba a tener que lavar el jabón antes de usarlo, eso está pasando y ocurrirá lamentablemente durante un buen tiempo. Tiempo en que hay que prestarle atención más que nunca a las señales del alma porque, como venimos escribiendo semana a semana, de coronavirus no es de lo único que se muere la gente, incluso en tiempos de pandemia

Chicos, adultos y abuelos tienen hoy gran parte de sus necesidades básicas insatisfechas. Cada grupo con sus particularidades, pero todos unidos en que se pasa del buen al mal humor, y viceversa, en muy poco tiempo. Y con reacciones, en uno u otro caso, que solo se pueden entender dentro de la situación actual. 

Para Leandro y para todos lo que festejaron o celebrarán en breve, no queda otra que desearles virtualmente un "Feliz cumpleaños" con todos los emojis del caso y el deseo sincero de que en breve puedan estar comiendo un suculento asado con un buen vino junto a sus seres queridos. .   

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