El viernes arrancó bien fiero. Húmedo por demás. Es uno de esos días tediosos para los huesos que alguna vez se rompieron. Seguramente más temprano que tarde terminará en lluvia. O no. Nunca se sabe con los pronósticos.

Mañana a las 18:43 comienza oficialmente un invierno que en este pandémico 2020 se adelantará unas horas en llegar por ser año bisiesto y el frío está visto más que nunca como un enemigo por lo que puede llegar a inferir en materia de enfermedades respiratarias como el coronavirus

En otro momento del mundo, hubiera sido una jornada ideal para quedarse adentro, tirado en la cama o en el sillón favorito. Aprovechando el resguardo y la calidez del hogar mientras las horas pasan viendo una serie o una película, escuchando música o leyendo un libro, por nombrar solo un puñado de actividades placenteras que distraen y se suelen realizar cuando uno no está trabajando.

Eso sí, siempre debe haber algo de comida y bebida cerca del sitio elegido, porque no sea cosa que haya que tener que moverse mucho a la hora de ir a buscar algo. Y, por más que se trate de aguantar hasta el último momento, cada tanto también habrá que ir alguna vez al baño, no queda otra. Cuando el cuerpo pide, hay que cumplir. 

Pero hoy no. La casa, ya sea un departamento de un ambiente o una mansión con parrilla, pileta y parque, poco a poco se fue transformando en una suerte de cárcel a lo largo de los más de 90 días de aislamiento que lleva el AMBA. No hace falta buscar la cifra exacta de jornadas.

Ya se sabe que en breve llegaremos a las 100 y por más que se tachen los fechas del calendario cual chico ansioso esperando la Navidad, Reyes, el Día del Niño o su cumpleaños, la meta parece cada vez más lejana después de una semana en que se batieron récords de contagios y fallecidos y en la que la vuelta a la Fase 1 en Capital y Gran Buenos Aires parece una opción más probable que la liberación de la cuarentena el tan nombrado domingo 28.

Se sabe poco del coronavirus. En realidad se sabe bastante, pero eso que hoy se da por sentado, mañana ya es una verdad a medias y pasado, una mentira. Ocurre con los informes de la OMS, la organización mundial más prestigiosa en materia sanitaria, mal que le pese a Donald Trump y a Jair Bolsonaro. Con lo que dan a conocer muchas veces los gobiernos. Y con lo que replicamos los medios y luego se traslada, a veces teléfono descompuesto mediante, a través de las redes y los grupos de WhatsApp. 

Y en esto tiene que ver con que estamos, y es algo que también se repitió una y otra vez en este 2020, ante una enfermedad nueva en un mundo que, a diferencia de las pandemias de siglos anteriores, globaliza la información y la desinformación al instante. ¿Cuántas vacunas, tratamientos milagrosos y medicamentos adaptados de otros usos han aparecido y desaparecido en los últimos meses? 

Más allá de los intereses creados para difundir esa información en algunas casos, hay una avidez lógica por encontrar rápidamente una solución que vuelva a la normalidad a un mundo que a partir de la expansión del virus que surgió en Wuhan, China, entró en slow motion

Todo es coronavirus hoy. En cada charla telefónica. En cada reunión de Zoom, Meet o vaya a saber qué plataforma se usa hoy para tener encuentros que antes eran cara a cara. No hay otro tema. Y esa cámara lenta a la que nos referíamos nubla la realidad y agota. Como si se tratara de una repetición en loop de la Pantera Rosa seguida por una nube, idea que Metallica también tomó para su canción My world, de a ratos muchos sentimos que solo llueve para nosotros. Y es lógico que así sea. Pero no es cierto, lamentablemente. 

¿Qué hacemos, entonces, si el hartazgo nos agarra en el peor momento de la pandemia como parece que está ocurriendo en Argentina? Números en crecimiento de infectados y muertos por un lado. Números en baja hasta niveles negativos de plata en los bolsillos por el otro. País, empresas y, por consiguiente, ciudadanos, compartimos en mayor o menos medida el mismo problema. 

No hay una única respuesta a la pregunta anterior. Y desde acá no es la idea darla, porque eso es potestad de las personas que el año pasado elegimos como sociedad para que comanden el destino de nuestro país. Está en ellos saber ocupar esos cargos y en nosotros cuidarnos, cuidar al otro y acompañar lo mejor posible desde el rol que nos toca. 

Si eso implica quedarnos adentro un buen rato más, como todo parece indicar, habrá que apechugarla una vez más y tratar de pasarla lo mejor posible. Eso sí, sin dejar de pedirle al Estado que se ocupe de los que no pueden salir a trabajar o bajaron considerablemente su facturación por esta situación de emergencia porque de hambre y angustia la gente también se muere. Y en cantidad. 

Para el cierre y como todo indica que no queda otra que hacer lo más amena posible esta vida en slow motion, les dejo algunas recomendaciones de series, películas, músicos y libros para pasar el invierno que a su vez me dejaron a mí Darío Lopilato y Julieta Díaz, y un recitado a cargo de Víctor Laplace. 

Darío Lopilato

Julieta Díaz

Víctor Laplace

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