Por Alicia Barrios 
abarrios@cronica.com.ar 

Cuando Gildo Insfrán asumió el primer mandato lo recibió una provincia sin agua potable, ni cloacas. Huérfana de salud, con hambre, enfermedades infecciosas, altos índices de mortalidad infantil, donde muchas mujeres morían al parir por falta de asistencia. No había trabajo y la miseria se llevaba todo por delante.

Todas eran adversidades en una tierra en la que los pueblos vivían asolados por el hambre producto de las grandes sequías e inundaciones que arrasaban con los rancherías. En aquellos años, quien revise las hemerotecas no encontrará notas periodísticas de los medios hegemónicos describiendo esa realidad. Para los porteños que hacían diarios y revistas, Formosa no existía.

Sin embargo las comunidades tuvieron la fortaleza de resistir. Gildo Insfrán, nacido y criado en Formosa, entendió eso y se propuso devolverles la dignidad al hombre y a la mujer formoseña fuera de la etnia, el color o el origen que fuere, con especial preferencia hacia el pueblo pobre.

En estos últimos veinte años llevó el agua potable, la electricidad, la posibilidad de acceder a un lote, levantar un techo, tener trabajo, salud para todos, educación publica y seguridad. No se cansó de golpear las puertas de los despachos de los distintos gobiernos nacionales, ni de imaginar y articular formas de procurar recursos para esas necesidades colectivas. El cuidado de la tierra, la casa común.

Eso mismo que predica Francisco en Laudato si ( Alabado seas). Las últimas elecciones las ganó por el 75 por ciento de los votos. Toda la oposición junta no alcanzó el 25. Un feudal, autoritario, necesita de un pueblo analfabeto. No es el caso. Inauguró 1.380 escuelas. Provee a todos los chicos y chicas de los mejores útiles escolares que no tienen nada que envidiar a los de las clases más pudientes.

Construyó dos grandes hospitales y los dotó con equipos de tecnología de punta y especialistas calificados que incorporó. El último tiene cinco quirófanos para emergencias, entre otros auspicios de singular calidad y un albergue para médicos residentes. En los dos se puede atender el que tiene y el que no.

Si algo conmueve de ese pueblo es la clase, la educación, la cultura. El cuidado de uno por el otro, porque cuidando al otro se cuidan entre todos y así consolidaron una comunidad organizada. Se vive con amor y pasión. Porque no hay contradicciones.

Formosa es hermosa. Caminar por la costanera al atardecer. A la vera del río. La laguna Herradura. El bañado La Estrella. Es la provincia con menor porcentaje de muertes de coronavirus. La nueva dictadura -que no es militar sino mediática- apunta a destruir esta historia.

En este año electoral, la oposición está montada en esta guerra. A esta provocación Formosa no va a responder. Lo dijo el propio gobernador que, como lo demostró, es el mejor intérprete del pueblo formoseño.