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El gobierno logró un buen resultado en las Primarias Abiertas Simultáneas y Obligatorias (PASO), pero no abrumador. En 14 distritos su candidato perdió. Sin embargo, el escenario es casi el soñado por los estrategas de Cambiemos. ¿Por qué? Simplemente, porque no hay nada enfrente. No hay una oposición capaz de disputarle el poder.

Por eso sienten que recibieron un aval para avanzar con su plan de gobierno. Sin perder tiempo, aplicaron en la justicia, una de las arenas más importantes de la percepción de la opinión pública, una demostración de fuerza. Exagerada. En una maniobra poco legal, iniciaron jury a un camarista “opositor”, como Eduardo Freiler.

También volvieron al temario las reformas del sistema laboral, el jubilatorio y también el acuerdo fiscal. Y volvió el pedido de voto electrónico. ¿Por qué? Porque el kirchnerismo debe disputar voto a voto frente a un candidato pobre como Esteban Bullrich. Porque Sergio Massa perdió frente a su rival la polarización, y su futuro es una incógnita. Porque la “liga de gobernadores peronistas” no tiene ningún nombre de peso rumbo a la carrera presidencial. Y, si lo tuviera, estarán ocupados negociando obras y gestión con el macrismo. Sólo saben que no quieren más de Cristina.

En la misma oscuridad aparece la CGT, que llevará mañana sus reclamos a una Plaza de Mayo aquejada por su feroz interna y sus disputas palaciegas. Que Moyano, que Daer, que “el próximo paro” o “desensillar hasta que aclare”. Duros y blandos pulsean, pero ninguno gana.

Por lo menos, no ante el gobierno, que aprovecha la situación y avanza. Mientras todos se pelean entre ellos, el oficialismo logra seguir con su plan. Incluso los díscolos propios, como la UCR o Elisa Carrió, aparecen calmos y aprovechando las mieles de las urnas.

Para “Lilita”, el domingo fue su debut como ganadora en una elección. No es poco. En resumen, no es que el oficialismo se haya hecho gigante: el problema es que el resto no tiene la fuerza para plantarse y hacerlo retroceder. No se trata sólo de tu fortaleza, sino también de la debilidad de tus oponentes.