Eva Duarte fuiste tierra y cielo de la
Patria. Hermana victoriosa, catedral
de esperanzas.

En cada cabecita sembraste
una ilusión.

Te entregaste a los pobres como
Dios manda.

El amor por el pueblo me canta esta
canción. Santa con vela en altares,
reina de los promesantes.

Atravieso los años para verte.

Me vienen tus palabras sencillas al
alcance de todas las manos.

Quedaste clavada en la memoria.
Sos el grito de la historia.

Escapas de estampas y fotografías
para estar presente. Traviesa, siempre eterna, repartiendo milagros.

Caminando invisible los cantos de
la Virgen, las peregrinaciones, los
cirios encendidos.

La Piedad popular.
La antorcha se enciende y la bandera flamea de alegría.

Cuando se oye tu voz las palomas
vuelan aladas por la algarabía.
Sos la luna de julio, enamorada
de Perón.

La voz de aquella marcha: los gorilas
a otra parte viva el macho de
Eva Duarte.

Maternidad de ramas con la fuerza
de un bosque que camina.

Un día el dolor de los pobres dejó
de ser un entretenimiento
de ricos.

Quien diría que en ese instante
terminó la hipocresía. Fue cuando a
la beneficencia le cerraste los picos.

Le devolviste la dignidad a Dios.
Así comienza el tiempo de borrar
la limosna y devolver a los ricos la
vergüenza. Les peso
la conciencia.

Amar al otro, entregarse al servicio
del que hiciste tu oficio.
Lo fuiste danto todo en un camino
de ida que tan joven te costó la vida.

Te fuiste en tu ley como Evita la
Franciscana de Asís. Envuelta en
hábito blanco.

El cabello sobrevivió en un cepillo
de cuero negro que hacía más fuerte
el contraste de tu pelo dorado.

Se conservan intactos, en un escapulario, de un Padre que Reza en los
santuarios. Argentina lloró y llora
todavía. Lágrimas de sudor en los
torsos desnudos.

Hay duelos que nunca se elaboran.
Una voz me sopla desde lejos, es San
Juan de la Cruz, que me susurra: el mal de amores no se cura sino que es con
la presencia y la figura.

Tu prédica se vuelve campanario. Militante de Jesús. Sagrada en la escritura.
Nunca muere quien deja de vivir si
resucita, la justicia social, en
la bandera.

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