@egodoyvallejos
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La presentación del ministro de Finanzas, Luis Caputo, en el Congreso, ofreció una imagen poco ortodoxa de lo que la opinión pública esperaría de un funcionario de primera línea. Su participación generó polémica, por sus confusas explicaciones sobre sus vínculos con sociedades offshore en paraísos fiscales. Pero el representante del gobierno de Mauricio Macri pareció tomar la sesión en el Parlamento con bastante liviandad.

La anécdota del "papelito", como la quiso minimizar el Ejecutivo, es parte de una manera de ser, pensar y vivir la función pública por parte de los miembros de Cambiemos. Caputo, en pleno interrogatorio y a sabiendas de que una de las siguientes oradoras sería Gabriela Cerruti, le envió un mensaje informal, trivial y con tintes infantiles: "Mis hijas tienen 11 y 13 años. No seas tan mala ☺". El emoticón, aclaro, estaba incluido en la misiva.

Más allá del exagerado escándalo que hizo la legisladora y casi todo el arco kirchnerista, las formas no pasan para nada inadvertidas en el ciudadano común, el votante. El mismo que, además de exigir pericia en la gestión, pretende que sus representantes apliquen el "ser y parecer".

Cuando el Presidente presentó a su gabinete, en diciembre de 2015, aseguró haber formado el "mejor equipo de los últimos 50 años". Y en el imaginario popular, o mejor dicho, entre quienes le depositaron su confianza en las urnas, todavía está arraigada la certeza de que en esta administración hay "gente que viene de manejar grandes empresas. Si algo saben es manejar los números". Esa aseveración no tuvo ni tiene correlato con la gestión económica. Hasta ahora, el gobierno hizo muy pocos avances en la materia.

Pero había incertidumbre en cómo se iban a llevar con la política. En ese aspecto, les fue peor. Marchas y contramarchas en anuncios fueron moneda corriente en estos 27 meses. Y hablando de ministros, imposible olvidarse la seguridad con que Oscar Aguad, de Defensa, afirmó el día en que desapareció el ARA "San Juan", que "no hay nada para preocuparse".

El que hasta ahora parece insuperable es Juan José Aranguren. El titular de Energía confió, sin ponerse colorado, que no trae el dinero que tiene fuera del país, simplemente porque no confía en la Argentina. Brutal.

El mensajito de Caputo desnudó esa dificultad para entender la política. Lo tomó como una broma, ni imaginó el valor simbólico de su accionar (ni un poco). Pero debe quedarle claro: si quiere decir algo, que no lo haga con un emoticón.

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