A 62 años de la "Revolución Libertadora". (Archivo)

@jorgecicu

La grieta. La crispación. Palabras que tanto se usaron en los últimos años del kirchnerismo y que aún flotan en el ambiente político, el periodístico y hasta el familiar. Triste, pero real. Y si para hablar, comprender y tratar de salir de esta situación se prescinde de nuestra historia, difícilmente podamos terminar con tanta bronca.

Hoy se cumplen 62 años del golpe que derrocó al gobierno de Juan Domingo Perón. La autoproclamada “Revolución Libertadora”. Y este recuerdo nos sirve para entender que la grieta no es un invento de la última década.

La historia argentina está llena de divisiones, y muchas de ellas terminaron con sangre en las calles. Suena lejano remontarse a la época de federales y unitarios. Pero sirve como ejemplo para tener en cuenta que hasta el propio Padre de la Patria, don José de San Martín, no pudo regresar al país por ese enfrentamiento sangriento y debió morir en Francia.

Y este 16 de septiembre vale recordar lo que fue la grieta entre peronismo y antiperonismo. Tan fuerte que llevó a que se recibiera como héroes a los pilotos de la Armada que tres meses antes del golpe habían bombardeado la Plaza de Mayo y la Casa de Gobierno, dejando más de 300 muertos, entre ellos decenas de niños que estaban en un trolebús y hasta 12 granaderos.

Sí, argentinos bombardeando argentinos, pilotos de la Marina asesinando a sus camaradas granaderos. Piensen que hasta el golpe llegó con un decreto -el número 4161/56- que enviaba a la cárcel a quien decía -sí, sólo decir- palabras como Perón, Evita y peronismo, o que cantara la marcha, o que tuviera en su casa una fotografía del general.

Este aniversario del golpe del ‘55 tendría que servir para hacernos reflexionar. Lamentablemente, la Argentina vive de grieta en grieta. Y para terminar de una buena vez con esta, es imprescindible recordar, comprender nuestra historia. Saber que una grieta sólo se construye de a dos. Ojalá podamos hacer el esfuerzo para terminar con esto.