Una semana atrás, desde esta misma columna se señalaba la "preocupación por la inflación" que el ministro de Trabajo, Jorge Triaca, ponía en boca del presidente Mauricio Macri. Un par de días después, el escenario político forzó un giro: la oposición estuvo a punto de conseguir el número para voltear los tarifazos energéticos, en medio de críticas a la política económica, incluso de aliados del oficialismo, como los radicales y, sobre todo, Elisa Carrió.

Las dificultades económicas de Cambiemos son el único punto en el que la oposición, totalmente desorganizada desde lo político, consigue hacer mella sobre la imagen del Presidente. Más allá de la estrategia, los números marcan que la imagen de Macri está en baja.

Con ese panorama, la Casa Rosada aplicó la misma receta que en las mismas fechas de diciembre, cuando se discutió la reforma previsional: acordar con los aliados un "gesto". Demostrar que escuchó las críticas, entendió que la situación no se podía sostener y cambió.

Pero esa rectificación, tanto antes como ahora, no implica un cambio real. A fin de año fue el "bono" de 350 pesos para los jubilados. Se pagó en marzo, y aún así el aumento otorgado quedó por detrás de la inflación del mismo período. Ahora son las cuotas para pagar el gas. Y, encima, con intereses.

Desactivada la bomba política, Cambiemos busca ahora congelar el malestar social. Acusará a la oposición de buscar frenar el cambio del esquema económico. Y los ministros salen en fila a defender el rumbo adoptado. Ya lo hicieron  Federico Pinedo y Rogelio Frigerio. Al jefe de gabinete, Marcos Peña, le tocará el miércoles, ante los senadores. Será una segunda prueba del vínculo con los gobernadores, especialmente del peronismo.

Mientras tanto, la gente, que no tiene un asiento en la mesa de negociaciones, ve cómo los gestos políticos se alejan de su bolsillo y de sus necesidades.