OPINIÓN

Juan Román Riquelme es la principal amenaza para el futuro de Claudio Ubeda

Una vez más, el presidente de Boca se cortó solo con los refuerzos: su incorporación estrella fue Ángel Romero, que vino de Brasil prácticamente inactivo, para un fixture de veinte partidos en tres meses... ¿Lo apurarán para descomprimir frente a Newell's?

Previsiblemente, el segmento mayoritario del público se queda con lo que está en vidriera el fin de semana: las indicaciones desde el banco, el posicionamiento táctico y, por supuesto, la rentabilidad que se alcance a la hora de jugar por los puntos. Sí, el corazón del hincha también late al ritmo de los resultados, esos sensores que, al mismo tiempo, son capaces de encender en verde para ratificar la continuidad de un entrenador o, por el contrario, ponerse al rojo vivo para dejarlo sin trabajo antes de lo previsto. 

La antesala de la presentación de cada domingo, lo que se esconde detrás del producto que llega al consumidor final, es el trabajo de la semana. Algo que pocos ven. Donde se lleva a cabo la preparación y empieza a plasmarse progresivamente la planificación del partido que se viene.

 A excepción de lo que generalmente sucede, el panorama en el corto plazo, con un fixture comprimido por la proximidad del Mundial, plantea un escenario inusual para cada uno de los cuerpos técnicos de la Liga Profesional. El calendario, con 16 fechas en apenas 90 días, representa un desafío que no todos, evidentemente, vislumbraron a la hora de arrancar la pretemporada y empezar a incorporar. 

El caso de Boca, puntualmente, es un nítido ejemplo de la precariedad y de una gestión dirigencial -vaya novedad- puramente personalista. Es evidente que la palabra de Claudio Ubeda, que viene de tropezar con Estudiantes y ya prepara el equipo para recibir a Newell's, ha tenido muy poco peso a lo largo del libro de pases. 

Con el diario del lunes, entendemos que el técnico xeneize fue un actor secundario al momento de elegir los refuerzos y que esa responsabilidad fue asumida, al igual que durante las gestiones de Sebastián Battaglia, Hugo Ibarra y hasta -en menor medida- el propio Diego Martínez, de manera exclusiva por Juan Román Riquelme. De no ser así (difícil), resultaría preocupante que, frente a un semestre en el que su equipo deberá disputar tres competencias (campeonato local, Copa Argentina y Copa Libertadores) y en el que de arranque se ve condicionado por las lesiones de sus tres delanteros centro (Miguel Merentiel, Edison Cavani y Milton Giménez), se haya conformado con sumar apenas dos caras nuevas y que juegan en otras posiciones, seguramente de menor influencia dentro de un campo de juego.

Y lo que es más curioso, una de ellas precedida por una última parte de 2025 con un promedio de apenas 27 minutos en cancha por partido jugado. Hablamos de Ángel Romero (media punta/segundo atacante), quien, junto a Santiago Ascacibar (volante central posicional), desembarcaron en el plantel de La Ribera recientemente para, preliminarmente, traer soluciones para dos funciones en las que las urgencias no son tan extremas como sí lo son en los últimos metros. El paraguayo procede de Corinthians, donde más allá de participar de una liga como la brasilera, con todo lo que eso implica, prácticamente no tuvo competencia (de 27 cotejos disponibles, solo compitió en doce, de los cuales en únicamente dos estuvo desde el inicio). 

Un calendario tan apretado como el que ya empezó a transitar Boca, exige futbolistas que estén en plenitud para que el entrenador pueda utilizarlos ni bien los necesite, sin esperar ese "ritmo" que el propio Romero afirmó venir a buscar a la Argentina con miras al Mundial con su selección. 

Las chances de jugar aumentan por el riesgo de lesiones ante una seguidilla tan pronunciada y aunque esa particularidad haga que la competencia en el grupo se nivele hacia arriba, los buenos réditos únicamente irán apareciendo si la totalidad del plantel está en un mismo nivel mental, físico y futbolístico. 

Haciendo una evaluación de antemano, la contratación de Romero no justifica anunciarlo como refuerzo estrella. Es verdad que se trata de un futbolista de jerarquía internacional, pero es precisamente ahí donde Riquelme, salvo con Luis Advíncula, viene resbalando. Los ejemplos de Cavani y de Ander Herrera, inclusive el de Marcos Rojo, desmienten una vez más que el peso específico de un nombre sea suficiente para garantizar rendimiento.

En lo que respecta a las necesidades y al modelo de fútbol de la actualidad, tampoco existen motivos estadísticos para colocarlos por encima de los futbolistas del mercado local que cuentan con continuidad reciente y un alto promedio de presentismo, un plus tan valioso como el talento. Cualidades que el semestre deportivo que está en marcha reclama para que el entrenador, en este caso Ubeda, disponga de un recambio que no resienta al equipo ni al funcionamiento cuando sea modificado el once inicial.

Es el semestre de los planteles largos. Numéricos, cuantitativos. Con los pibes no basta. Con los Romero tampoco. El Sifón seguramente lo sabe, pero, al igual que varios de sus antecesores, prefirió callar. O directamente no fue escuchado.

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