Los que superan, sin culpas, la grieta

Opinión por Luis Autalán. 

laautalan@baenegocios.com 
@luisautalan 

Como un hit de la campaña electoral aparece cruzando todo el arco político la grieta. Más allá de eventuales algoritmos de incidencia para ese fenómeno divisorio y cíclico de la Argentina o que algunas ponderaciones lo definan como "un gran negocio" y otras, en estudio filosófico o sociológico, van más allá de recomendar el evitar la charla política en almuerzos de familia o reuniones con amigos.

Lo cierto es que se atribuye a la grieta agravar los problemas de un país con abundantes recursos naturales, sin modelos económicos adecuados y entusiasmado desde el gobierno en reclamar definiciones en cuanto el regreso al pasado o seguir apostando -con las espaldas y ánimos diezmados de muchísimos compatriotas- al cambio necesario.

Hay algunas preguntas para dejar sobre la opinión pública entonces: ¿Puede ser la "meritocracia" el motor del resurgir de una nación? ¿Es tan fácil de discutir la aplicación de la pena de muerte; derechos laborales y otros a la luz de ser medidos sólo como costos? ¿Los pobres llegan o no a una universidad? ¿Los chicos nacen malos? ¿Un desempleado es un vago? ¿Qué podemos explicarle a un pobre sin evitar considerar que su destino en tiempo real está marcado?

¿Es la dinámica punible la solución a todos los males sociales? ¿Realmente somos todos iguales ante la ley? Y existen muchas y más profundas, desde ya. Ahora, considerando riesgo de antipatía y de sumar "un aporte más a la confusión general", como rezaba aquella "Noticia rebelde" de Jorge Guinzburg, Adolfo Castello y cía., es para tomar en cuenta la alternativa de que no hay contrato social, ni cónclave o mediador inefable a señalar un atajo al supuesto bien común.

Y asoma respetable no tomar como a riesgo el litigio sin apuntar al prójimo como enemigo. Será en respeto a quienes nos forjaron como ciudadanos, desde padres a decenas de docentes o referentes del oficio periodístico. "No negociable", es la etiqueta que adherimos al alma para sostener en nombre propio la noble misión de las Abuelas de Plaza de Mayo, la prédica de maestros como el inolvidable camarista penal Guillermo Ouviñas, el maestro de periodistas Armando Vidal y siguen firmas...

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