No sólo el mundo financiero necesita explicaciones

Opinión por Mariano Boettner. 

mboettner@baenegocios.com 
@marianoboettner 

"Sabemos que los argentinos piensan en dólares, pero hay muchos argentinos que no ahorran, que viven al día en pesos y que ven con menos angustia lo que pasa con el dólar", arriesgó hace pocos días el ministro de Hacienda y Finanzas, Nicolás Dujovne, como diagnóstico de la crisis cambiaria, dirigido seguramente hacia la gente "común".

El gobierno se acostumbró en las últimas semanas a hablar, gestualizar, explicar y tratar de dar tranquilidad a los mercados financieros, con la razón válida de que, básicamente, necesita de los inversores para conseguir dólares. Pero en determinado punto, el cuadro de situación comentado por Dujovne cae por su propio peso.

Es cierto que los asalariados, que apenas logran vivir al día, tienen un margen mínimo para comprar algún puchito de dólares, pero no por eso una escalada del tipo de cambio no debe generarles un desvelo. Y se trata, para colmo, de un síntoma que algunos funcionarios del gobierno se esforzaron en relativizar durante mucho tiempo (entre ellos el saliente Federico Sturzenegger): cuánto impacta una suba del dólar en la inflación.

El ahora ex presidente del BCRA había asegurado que el ritmo de los precios dependía mucho más de la tasa de interés y de la cantidad de pesos en circulación. La realidad demostró en los últimos meses que la devaluación provocó un repunte de la inflación y que en adelante la aceleración de precios continuará.

Parece razón suficiente para que cualquier trabajador, por menor acceso que tenga al billete verde, siga las pizarras de cotización del dólar con preocupación.

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