Curiosidades: las supersticiones frente a "La parca"
HISTORIAS, MITOS Y MÁS. Los rituales en el pasado ante la inevitable muerte
Por Carlos Parodi (*)
carlosparodi64@gmail.com
El acontecer de la humanidad también ha sido revestido por el transparente velo de las llamadas supersticiones, cuyas raíces componen esa tonalidad cromática de los miedos más primitivos. Vinculadas a la religión, la Magia y el Esoterismo, dichas supersticiones contienen la dosis indiscernible de misterio que la vida misma sobrelleva.
En realidad, la superstición es el antídoto que los seres humanos han utilizado para preservarse ante la siempre latente condición de su propia finitud. Es la primaria pulsión que sobrevive en la búsqueda de seguridad ante la inminencia de algún peligro.
Aún teniendo en cuenta los pensamientos racionales y el descreimiento ante este tipo de manifestaciones consideradas como producto del vulgo y de la ignorancia cultural, los temores arraigados en el subconsciente siempre han puesto a prueba al ser humano.
En tal sentido, la insondable esencia de las Supersticiones ante la cercanía de la Muerte atravesó todos los períodos de la Historia y fue abordada tanto por la Religión, como por la Antropología y la Psicología.
Más allá de los sortilegios y rituales caseros que se han practicado desde épocas remotas, las Supersticiones vinculadas a la noción de mortalidad se caracterizaron por la puesta en práctica de diversas experiencias ritualistas que abarcaron a muchas civilizaciones y cultos. La naturaleza que subyace en el entramado de las Supersticiones tuvo a partir del Medioevo un sinnúmero de conjuros.
Para tal fin, unos extraños individuos llamados “Oficiantes”, trabajaban a la par de los Alquimistas en procura de obtener fórmulas que mantuvieran alejados los síntomas de una muerte prematura. En esos tiempos, las abominables condiciones de higiene sumadas a las epidemias, conformaban un encuentro cara a cara con la “oscura Dama de la Guadaña”, y cualquier ceremonia de protección era tomada como una esperanzadora salvación.
Por ejemplo, la vieja costumbre de cruzar los dedos para desear “suerte” era una forma de mantener alejados a los demonios de la Peste Negra. Al igual que el acto de “tocar madera” cuyos remanentes provenían de los antiguos cultos que se realizaban abrazando a los árboles que tenían poderes sagrados, práctica que en la actualidad aún se mantiene vigente.
En el mismo sentido, adentrarse en la profundidad de los bosques para la búsqueda de plantas medicinales conllevaba el peligro de franquear territorios malditos, por lo que los “Oficiantes” durante su nocturna procesión, frotaban ramas para emitir sonidos que alejaran a los espíritus perversos.
Si la Muerte llama
Los ritos mortuorios siempre estuvieron vinculados a la Superstición. Una costumbre muy primitiva era la de colocar monedas sobre los ojos del cadáver para evitar el contacto visual con el recién fallecido. Por esa razón y ante el horror de ser “elegido” por la última mirada del muerto, los deudos que rodeaban al féretro se ubicaban a prudente distancia.
La noción de “capilla ardiente” también está vinculada a la Superstición. El ataúd siempre tenía que estar rodeado de velas para mantener viva la luz divina, a fin de impedir que los evanescentes espíritus no elevados, se apoderaran del alma del difunto.
Las Supersticiones vinculadas a la cercanía de la “Parca” también aconsejaban mantener flores frescas y perfumadas sobre las tumbas y asegurarse de que las lápidas estuvieran bien selladas para evitar un súbito e inoportuno despertar. Los oficios religiosos no estuvieron ajenos a los fenómenos vinculados a la Mitificación.
Las iglesias de los cementerios hacían sonar con terrorífica cadencia las “campanadas de la muerte”, con el fin de anunciar un suicidio o una muerte extremadamente macabra, y también de paso, ahuyentar a los entes endemoniados que, plenos de tentaciones, podrían revolotear en cercanías del occiso.
La Superstición y el abominable mundo de los vampiros también tuvo sus propios rituales. Un extraño libro escrito por el doctor inglés Herbert Mayo (1796 1852) lleva por título “Sobre las verdades contenidas en las supersticiones populares”.
En esta obra puede leerse: “Este no es el sueño de un romántico. Es el relato sucinto de una superstición que hasta hoy sobrevive en el Este de Europa. El vampirismo se ex tendió como una peste a través de Serbia y Valaquia. Los hechos son datos históricos: la gente murió como ovejas descompuestas y el método de su muerte fueron los que se han declarado: víctimas de vampiros o de no muertos que despiertan de sus tumbas en busca de sangre fresca”.
CLUB 13, EN NUEVA YORK LA LOCA CITA MENSUAL DE LOS ANTI SUPERSTICIOSOS
En la ciempre sorprendente Nueva York, desde la conformación de los Estados Unidos de America, una de las ciudades más influyentes e importantes del planeta, en 1882, un variopinto grupo de increíble y a la vez sofisticados políticos, entre los que se encontraba un tal Theodoro Roosevelt (1858- 1919) se reunía bajo el nombre del “Club 13” (Dubujo de abajo), para darse lo que ellos denominaban (en inglés, se entiende), “la gran vida” y así burlarse de todo lo concerniente a las populares supersticiones, que atormentaban a muchísimos neoyorquinos, y de muchos otros sitios del mundo, ante ciertas cuestiones.
Los trece miembros organizaban grandes banquetes todos los martes trece, en contraposición al temerario número 13, que mundialmente es relacionado en la jerga del juego como “la yeta”. Ornamentaban la cena con candelabros posados sobre calaveras y a modo de “souvenir# distribuían huesos humanos sobre las mesas.
Como si esto de por sí no alcanzara, en los encuentros rompían espejos, derramaban sal, y para no desentonar también dejaban los paraguas abiertos. Acorde a la temática del singular encuentro, trece mozos vestidos de funebreros caminaban al ritmo de la marcha fúnebre con sus bandejas coronadas por un cráneo reseco con gusanos y velas humeantes.
Hasta que, como casi siempre suele suceder, una noche “algo” pasó. Un mozo trastabilló con una gran fuente con sopa hirviendo que cayó sobre uno de los comensales y lo quemó por completo. Y todos permanecieron en un sepulcral e incómodo silencio. Lo cierto es que a partir de este hecho desafortunado, algunas versiones señalan que esa fue la última cena del fatídico Club 13.
(*) Investigador paranormal y ufológico

