Por Marco Bustamante

Con todo esto de la pandemia, realizar reportajes se volvió cada vez más complejo, hay que coordinar horarios, lugares al aire libre o con mucha ventilación, entrevistados con mascarillas y grabarlos sin ellas para poder registrar las expresiones faciales; y allá en el fondo quedan las historias esperando para ser contadas. Algunos pequeñas, pero necesarias, otras enormes y trascendentes.

Para mí, la que sigue a continuación está en el segundo grupo, en las necesarias, porque al fin y al cabo, todos perseguimos un “Grial” en nuestras vidas.

El escritor Marcelo Cosentino acaba de publicar su opera prima, el libro “Detrás del Espejo: La comunidad del Grial”, una novela corta sobre un Parsifal moderno que vive en Buenos Aires y descubre que su misión en la vida en recuperar el objeto Santo. En la aventura tiene que superar algunos retos para demostrar que es digno de semejante honor. Una especie de continuación de la saga artúrica pero traída a los tiempos modernos.

La historia

Volvamos al personaje tomado por Wagner y que da nombre a su festival escénico sacro: Parsifal. En alemán  es definido como “el puro tonto”, un hombre que anda perdido en la vida sin un propósito. Que tiene una misión, y esta toca a su puerta insistentemente y el le da vuelta la cara, porque no quiere dejar su vida cómoda y tranquila.  Por carriles similares va la historia del personaje principal del libro de Consentino. Pero en este caso, más que no aceptar lo que ocurre, la persona en cuestión está segada por la modernidad, el trabajo, internet, el consumismo.

A raíz de la compra de un espejo su vida cambia, recordemos que estos objetos desde siempre han sido tratado como portales a lugares inimaginables. No quiero seguir avanzando para no contarles el libro, pero lo que sigue recuerda y atrapa como otras búsquedas que ya leímos en el pasado, como en “La novena revelación”. 

Está bueno como el concepto de “dignidad” viene a ser rescatado por el autor. Aunque no es mencionado ni una sola vez en el texto, desde el principio nos recuerda que las cosas importantes de la vida llegan solo si uno se esfuerza y se enfoca en querer ser mejor de lo que es, si nos animamos a salir de nuestra zona de confort y aceptamos que hay miles de “griales” esperando; algunos al alcance de la mano, otros tal vez más lejos y para llegar a ellos tenemos que andar por caminos mucho más difíciles.

Pero aceptar esa ruta,  ese viaje, esa búsqueda, es lo que nos hace dignos o no de llegar y estar a la altura de los resultados. El libro es una gran metáfora de los grandes viajes personales que a veces, por miedo a la propia experiencia nos negamos a aceptar.

La historia detrás de la historia

Ahora bien, el que viene leyendo los 2500 caracteres anteriores se estará preguntando: ¿Cuándo habla del Uritorco?, ahí voy, no me apuren que es un tema complejo.  El secreto detrás del libro es que al parecer el texto fue canalizado por el autor, Marcelo Cosentino. Cada palabra, ilustración y aclaración, fue escrita a pedido de sus guías espirituales. En este punto queda en cada uno de ustedes elegir si creer o no, así que sigamos.

Según cuenta Cosentino, desde hace un tiempo recibe mensajes, en sueños y despierto, sobre cosas puntuales que debe realizar. Como canalizador viene aceptando responsablemente todas esas comunicaciones y las ejecuta, lo que el autor denomina “las trae a la luz”. El texto es fruto de esa sinergia.

Estos guías espirituales, le han indicado a esta persona, que el “Santo Grial” está ahora en la zona de Capilla del Monte, en Córdoba, debajo del imponente cerro Uritorco, en la mítica ciudad de “Erks” (Encuentro de remanentes cósmicos siderales). Lo que usted se estará preguntando ahora es: ¿hay forma de corroborar esto?, la respuesta corta es: no. La larga es que algunas cosas en la vida son cuestiones de Fe. Mucha gente asegura que el lugar existe, y que debajo de la montaña hay un gran agujero. En esa burbuja estaría esta ciudad en la que conviven supuestos maestros espirituales con seres extraterrestres. Pero nunca se pudo comprobar nada de esto, no hay una foto, no hay un video, por lo tanto permanece como leyenda.

Estoy seguro que cuando Wagner se topó con la historia de Parsifal y redescubrió el Santo Grial, tampoco pensaba que era un objeto físico. Que en realidad es una excusa para motivar a todos aquellos que les da pachorra la vida y que seguramente tienen sus propios griales al alcance de la mano pero eligen no aceptar su responsabilidad. De la misma forma estoy seguro que cuando el profesor cordobés Guillermo Terrera comenzó en la década del setenta a hablar de Erks, no se refería  a una ciudad física y tangible. Pero quien sabe, ¿Quién soy yo para afirmar que debajo del Uritorco solo hay granito y tierra?

 

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