MASÓN

El genio de la metafísica: quién era, detalles de su vida y obra

René Guénon es considerado un destacado pensador del siglo XX

Por Prof. Antonio Las Heras (*)
alasheras@hotmail.com

René Guénon (nacido en Blois, Francia, 15 de noviembre de 1886 y fallecido en El Cairo, Egipto, el 7 de enero de 1951) fue matemático, filósofo y esoterista. También maestro masón.

Es reconocido, aún en la actualidad, por sus esclarecedoras publicaciones de carácter filosófico espiritual tanto como su esfuerzo a favor de la conservación y divulgación de aquellas tradiciones que se conocen como los “Antiguos Misterios.”

En 1930 abandonó Francia, mudándose a Egipto con el objeto de profundizar en el conocimiento del mundo tradicional islámico.

Allí, permaneció hasta su muerte en 1951, siendo conocido en los círculos del sufismo egipcio por el nombre de Abdul Wahid Yahya. Publicó un total de 17 libros, además de 10 colecciones de artículos los cuales fueron publicados póstumamente. Sus obras escritas en francés han sido traducidas a todas las lenguas modernas occidentales y orientales René Guénon es considerado el mayor metafísico que tuvo Occidente durante el siglo XX.

A pesar de que su pensamiento ha tenido una influencia decisiva en el ámbito del esoterismo como también de la cultura en general.

En la Argentina, su obra fue reconocida por escritores de la talla de Ricardo Guiraldes, Leopoldo Marechal y Héctor Murena, entre otros. Su primer libro en traducción al castellano fue publicado en la Argentina.

Mas la vida misma de Guénon está relacionada con nuestro país. Sus artículos y libros abarcan todos los grandes temas tradicionales de Oriente y Occidente (hinduismo, taoísmo, budismo, tradición hermética, masonería, judaísmo, cristianismo, islam) en sus vertientes metafísica, cosmogónica e iniciática. Fue iniciado masón por una logia francesa.

Sobre esta antigua sociedad tratan sus libros póstumos “Símbolos Fundamentales de la Ciencia Sagrada” (1962) y “Estudios sobre la Francmasonería y el Compañerazgo” (1964).

“He tomado como tema de esta exposición la metafísica oriental; quizás habría valido más decir simplemente la metafísica sin epíteto, ya que, en verdad, la metafísica pura, al estar por esencia fuera y más allá de todas las formas y de todas las contingencias, no es ni oriental ni occidental, es universal. Son sólo las formas exteriores de las que es revestida por las necesidades de una exposición, para expresar lo que es expresable de ella, son estas formas las que pueden ser ya sea orientales, ya sea occidentales; pero, bajo su diversidad, es un fondo idéntico el que se encuentra por todas partes y siempre, por todas partes al menos donde hay metafísica verdadera, y eso por la simple razón de que la verdad es una”, dijo Guéñon sobre las diferencias entre la metafísica de occidente y oriente.

Y en lo que hace a la metafísica en sí misma, escribió: “La razón es una facultad específicamente humana, pero lo que está más allá de la razón es verdaderamente ‘no humano’ esto es justamente lo que hace posible el conocimiento metafísico”.

Y agrega: “Hay una tradición primordial de sabiduría metafísica que une íntimamente las grandes culturas de la antigüedad, la indoeuropea, la semítica o la china, y que se destaca por el énfasis en un conocimiento que va más allá del yo y se concreta en diversos grandes temas de conocimiento del ser, de la unidad primordial y de los ciclos de la existencia”.

A pasar el testigo de ese hondo saber filosófico y religioso, dedicó su vida e inmensa labor. Guénon sería luego definido por su confeso discípulo Mircea Eliade como “el hombre más inteligente del siglo XX”. El filósofo insistió en sus escritos en darle a la metafísica un significado de percepción de las realidades trascendentes, como una facultad que puede percibir las cosas del mundo inmediato.

“Los problemas que trata son mostrados como si hubieran surgido finalmente por la pérdida de su dimensión mistérica, o sea, la dimensión de los misterios del esoterismo. Encuentra todos los problemas del mundo moderno relacionados con el olvido de los aspectos elevados de la religión; estaba seguro de ser un pionero”, supo decir Eliade.

En cuanto a la naturaleza de su labor, Guénon lo explicó de este modo: “Todo lo que podemos hacer o decir servirá para dar, a quienes vengan después, facilidades que a nosotros no nos fueron concedidas. Aquí, como en cualquier otra parte, está el principio del trabajo que es más difícil”.

Tal fue la certeza de este autor de que en la Gran Arquitectura Universal todo lo que ocurre sucede por un razón, que sorprendió -y aún lo hace- a muchos al expresar: “Puesto que todo lo que existe bajo cualquier forma, incluso el mismo error, posee necesariamente su razón de ser, hasta el propio desorden ha de encontrar por fin su lugar entre los elementos del orden del Universo”.

ANÁLISIS: LOS VACÍOS DE LA DUCACIÓN
El doctor Martin Lings, profesor de Literatura durante años en la Universidad de El Cairo y que conoció a René Guénon, durante una conferencia en 1994, en el Instituto Príncipe de Gales, de Londres, expresó: “Guénon estaba consciente de tener que ejercer una misión y distinguía con claridad qué le era propio y qué no. Supo que su función no era tener discípulos; nunca los tuvo.Su misión era enseñar la preparación de una vía que las personas encontrarían por sí mismas, y esa preparación consistía en llenar los vacíos que dejaba la educación convencional moderna. El primer vacío es la falla en el entendimiento del significado de lo trascendente y, en consecuencia, en el significado de la palabra intelecto -un vocablo que seguimos utilizando y que, en su acepción tradicional, corresponde al sánscrito buddhi-, que sencillamente hemos olvidado en el mundo occidental".

(*) Doctor en Psicología Social, filósofo y escritor. Magister en Psicoanálisis. Pte. Asoc. Arg. Parapsicología y de la Asoc. Junguiana Argentina.

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