Los misterios dimensionales
INICIOS. Distintas “visiones” sobre los enigmas del Universo
Por Carlos Parodi (*)
carlosparodi64@gmail.com
Inmersos en un acuciante acertijo cuyo entramado jamás pudo develarse, filósofos, científicos, religiosos y visionarios intentaron durante siglos hallar respuestas concernientes a la noción del sentido del vocablo Universo.
Y precisamente hacia esa dirección plena de incógnitas, la historia del pensamiento y de las religiones ha incursionado en la probable existencia de otras dimensiones espacio- temporales que vulneraran los límites de la ciencia.
Diversas civilizaciones y cultos relataron y también soñaron su propia versión del Universo y desde entonces sus tratados científicos y alégoricos ensamblados en un laberinto tan deslumbrante como inquietante, nos siguen sorprendiendo. Según los postulados científicos el “Universo” es la unidad que comprende a todo lo que existe.
Pero si realizamos un viaje a la antigüedad, advertimos que para las escrituras provenientes de la India, se trataba de un poético y romántico “juego divino” de influjos metafísicos, que le daba al Universo un eterno “sentido oceánico“.
Por su parte, los babilónicos, sumerios y asirios, realizaban rituales en sus templos llamados “Zigurat” (foto superior), o “Montaña cósmica”, que eran erigidos como simbología de la “Creación Universal “ para lo cual contaban con varios niveles para ascender a las categorías espirituales.
El diseño de la “Torre de Babel” está inspirado en los extraños “Zigurats”. Durante los años de la Edad Media hasta la Moderna, el númen de la búsqueda científica del Universo oscilaba entre los estudios de las probabilidades físico- matemáticas de los astrónomos, y los ilimitados ensueños de la imaginación.
Porque de la misma manera en que se exponían las teorías acerca de un Espacio “real y limitado”, también se expandían las fronteras del pensamiento hacia un Espacio “ideal e infinito”. Y detrás de aquellos compendios pragmáticos y empíricos de basamento científico, también transitaban en secreto por su propio sendero la Alquimia y las prácticas adivinatorias en pos de dilucidar la “Realidad Cósmica”.
De esta manera convergían por un lado los pensadores místicos para los cuales la esencia de la “Dimensión Espiritual y Divina” no debía ser demostrada por la Razón, y por otra parte los estudios basados en los rigurosos pasos de la Ciencia, a saber: hipótesis, teoría, evidencia y síntesis.
Dimensiones espectrales
Ante un tema desbordado por tantas implicancias, la disruptiva probabilidad de un Universo “invisible” que contenía a uno “visible” trajo aparejadas múltiples lecturas esotéricas. Fue el caso de Johann Zollner (1834-1882) prestigioso astrónomo de Leipzing, Alemania, que en su libro “Cuarta Dimensión y Ocultismo” se refería a los espíritus procedentes de una “Cuarta Dimensión Fantasmagórica”.
También el físico y escritor inglés Edwin Abbot ( 1838-1926) desarrolló estudios sobre un Mundo que contaba con otra “magnitud paralela”.
La misma tarea la prosiguó el matemático y narrador “dimensional” británico Charles Howard Hinton (1853-1907) en la cual vinculaba nuestra Dimensión espacio-temporal a otra conformada por “sustancias contemplativas. De forma enigmática, el dramaturgo belga y ganador del primer Premio Nobel de Literatura (1911) Maurice Maeterlinck (1862-1949) en su libro “La Maravilla del Infinito”, se refería a los misterios del Universo: “ No debemos prejuzgar lo que ocurre en la Naturaleza según las normas de lo que ocurre en nuestros laboratorios...”
El advenimiento de científicos con influencias metafísicas confluyó a mediados del siglo XIX ante la irrupción de las fenomenologías espiritistas. Por esa zona espectral se deslizaron teorías del físico y escritor británico Oliver Lodge (1851- 1940) investigador de la propagación de ondas electromagnéticas y también socio fundador del “Club de los Fantasmas”.
En tal sentido, durante una exposición ante la comunidad científica, advirtió acerca de “Una luminosa idea de que el Tiempo no va más allá de ser una manera de considerar las cosas, por lo que concebimos una posible Cuarta Dimensión pero bajo el aspecto del Tiempo”.
Quizá las palabras con las que el investigador francés René Sudré (1880-1968) finaliza su obra “Los nuevos Enigmas del Universo” (1955) laureada por la “Academia de Ciencias de Francia”, sinteticen nuestro presente dimensional pleno de interrogantes: “¿Acaso todo está escrito desde la primera semana de la Creación? Ciertamente no. Pero realmente todo se vuelve a escribir, no sin tachaduras y enmiendas, y todo se cumple al pie de la letra, cuando no se sabe dominar su destino".
HISTORIAS: LA NOVELA “PLANILANDIA” Y UN CUBO “MÁGICO”Corría el año 1884 y el escritor y científico inglés Edwin Abbot publicó una muy extraña y a la vez increíble nouvelle que tituló “Flatland”. La misma fue traducida al español como “Planilandia, una novela de muchas dimensiones” que, para empezar, desconcertó y dividió a los críticos de la literatura de su época, con dos miradas diferentes.
Es que algunos la consideraron una mera sátira basada en cálculos matemáticos junto a otras consideraciones. En cambio, otros analistas catalogaron al libro como una crítica que calificaron “solamente para entendidos” y que estaba destinado a los estratos de la acartonada sociedad inglesa, pero que no era un texto de fácil comprensión.
Borges y un regalo
Lo cierto es que la obra tenía por protagonistas a figuras geométricas, las que según los críticos, “piensan, hablan y tienen todas las emociones humanas”, analizaron. Años más tarde, un ejemplar llegó a la Argentina y le fue entregado al notable escritor Jorge Luis Borges, uno de los más notorios de nuestro país.
Lo novedoso y a la vez sorprendente es que la obra traía de regalo un enigmático “cubo mágico dimensional” para jugar con las distintas imágenes. Un souvenir que fascinó al por entonces aún joven escriba argentino. Un hecho inexplicable No obstante, otro dato “de color”, no exento de suspicacias, se conoció cuando el libro fue editado en Francia.
Se contaba que aquellos jugadores que lograban formar determinadas imágenes con el extraño cubo, inmediatamente perdían la razón.
Está visto que, dado el original formato y las particularidades propias del libro, así como también el “cubo mágico” que lo acompañaba, inusual ya para entonces, era obvio que no era una obra cualquiera. Saquen ustedes mismos, amigos lectores, sus propias conclusiones.
(*) Investigador paranormal y ufológico

