¡Antiguas señales y "visiones" espaciales
MIRAR AL CIELO. Cuando las culturas milenarias se asombraban ante las cosmonaves
Por Carlos Parodi (*)
@CarlosParodi.64
Un inabarcable universo pleno de exégesis estelares recreó las visionarias ensoñaciones de los grupos primigenios que habitaron la Tierra.
Ese cósmico concepto, basado en la mistificación que provocaban los avistamientos de “naves voladoras”, sedimentó en elucubraciones supersticiosas que las enlazaban con deidades provenientes de los cielos. Y fue en esa senda espacial que las más primitivas “señales” dieron cuenta de una multiplicidad de miradas que con el devenir de los tiempos colisionaron con las teorías de raigambre científica.
Muchas civilizaciones traspasaron por estas misteriosas y errantes contemplaciones “voladoras” a las que les otorgaban ancestrales enigmas y también hitos divinos. Y lo cierto, es que los imaginarios colectivos -inmersos en sus periplos socio culturales - referían en muchas ocasiones a la presencia de “visiones celestiales” que de manera simbólica (o terrenal) intervenían en los sucesos históricos y en las creencias de cada sociedad.
En tal sentido y dentro de una memorabilia interestelar, algunos investigadores ufológicos del siglo XX, han reinterpretado en “modo espacial” los relatos que le atribuyeron a soldados de las huestes de Alejandro Magno quienes habrían descripto a unos “escudos volantes de fuego” en el cielo, como a “naves voladoras” que los ayudadon a vencer a sus enemigos durante las batallas.
Curioso fue también el caso de un escritor romano llamado Julius Obsequens, quien al parecer no dejaba de mirar hacia las estrellas ya que se ocupó de recopilar todos aquellos fenómenos insólitos que surcaban los cielos. Ejemplo de ello resulta un singular párrafo de su obra: “Cuando Licius Valerius y Cayo Murius eran cónsules en Tarquinia, poco después de la salida del Sol, pudo observarse un objeto redondo como un escudo flamígero, que surcó el cielo lentamente de poniente a oriente”.
Distintos cultos milenarios también recrearon su propia constelación de miradas hacia los misterios de las estrellas. Es bien sabido que la epopeya sánscrita del “Ramayana” describe la presencia de vehículos metálicos llamados “vimanas” que realizaban “maniobras inteligentes” para sobrevolar entre las nubes.
En América, dentro de las ruinas de la etnia Quimbaya, en Colombia, diversas excavaciones arqueólogicas han encontrado durante la década de 1980, extrañas esculturas que muchos exploradores vincularon a la representación simbólica de insectos y peces o a la extraordinaria forma aerodinámica de singulares “cosmonaves”.
Por su parte, otras remotas narrativas míticas aborígenes también se destacaron por sus propias percepciones acerca de esas curiosas “esferas visitantes del espacio”. La cultura de los Hopis y Navajos establecida en Arizona, Estados Unidos, estaba impregnada por creencias que relacionaban esas “inmensas naves voladoras” con sus propios dioses.
También, dentro de las costumbres milenarias de los Cherokees, se hallaron registros pictóricos que representaban a diminutos seres de características espaciales y a los cuales denominaban “Gente de la Luna” ya que, de acuerdo con sus nocturnas costumbres, habían llegado en naves desde el espacio y habitaban en las cavernas para evitar el efecto de los rayos solares.
AGOBARDO DE LYON: UN RELIGIOSO ESCÉPTICO SOBRE LAS “NAVES”Hacia el año 815 D.C. en la península Ibérica, un sacerdote de nombre Agobardo de Lyon se ocupó de desmitificar todos aquellos sucesos “voladores y enigmáticos” que tenían a mal traer a una población ganada por las supersticiones y catástrofes.
También en esos tiempos había surgido el mito de Magonia y los “tempestarios”, que era un reino legendario habitado por hombres de mar, criminales y “aéreos” capaces de sobrevolar estratégicamente bajo las nubes de tormentas.
El obispo Agobardo alude a ellos en la única obra que dejó escrita titulada “Sobre el granizo y los truenos”: “Hemos visto y oído de mucha gente vencida de tanta necedad, que creen y dicen que hay una cierta región que se llama ‘Magonia’, de donde salen unas naves de las nubes. Y que en estas naves se llevan de regreso a aquella región las cosechas que cayeron por el granizo y se perdieron en las tormentas.
Es evidente que estos ‘marineros aéreos’ hacen un pago a los hacedores de tormentas para llevarse el grano y otras cosechas”, dice el texto.
(*) Periodista, investigador de temas sobrenaturales

