Aterradoras visiones de "espectros errantes"
FENÓMENOS. El vaporoso transitar de las apariciones espectrales a lo largo de la historia
Por Carlos Parodi (*)
@CarlosParodi.64
Históricamente se ha definido a los “espectros” como aquellas presencias visuales de figuras que representan a fallecidos, y lo real es que a través de los siglos todas las construcciones conceptuales que refieren a estas figuras por momentos “errantes”, han disparado una miríada de interpretaciones religiosas, filosóficas, artísticas y científicas.
Desde las primeras corrientes de pensamiento y desde las supersticiones provenientes de las distintas culturas, las “manifestaciones” de espectros en el plano terrenal constituyeron una cuestión medular que representaba uno de los interrogantes más acuciantes de la especie humana.
Inmerso en los misterios de la Mesopotamia, el culto de los Caldeos vinculaba la aparición de espectros en la vida terrenal a las prácticas adivinatorias y a los hechizos productos de la magia. Por su parte, en la antigua Grecia, los espectros en la vida mundana representaban un retorno de los muertos pero en la figura de seres que regresaban en pos de tomar venganza.
Una festiva ceremonia realizaban los Celtas en los bosques cuando apelaban al equinoccio para elegir el momento adecuado para vislumbrar a sus propios espectros. De acuerdo con su mitología, la celebración del “Samhain” (“Fin del verano”) representaba un reencuentro entre los vivos y los muertos.
Por otro lado, la milenaria cultura de Japón hacía mención de los llamados “Yurei” o espectros errantes que pertenecían a los fallecidos que permanecían en un estado de limbo y no hallaban la paz del descanso eterno.
Por su parte, en los cultos primigenios de la India y con el fin de evitar el retorno de aquellos peligrosos seres “errantes” se apelaba a la cremación del cadáver.
En la esotérica Europa medieval, la manifestación de los espectros constituía un aterrador vínculo con los entes demoníacos que surgían desde las tinieblas para atormentar las almas de los cristianos. Se las consideraba entidades malignas y se las llamaba “Luces de la Muerte” dado que su percepción se acentuaba en los cortejos fúnebres que transitaban los “caminos de la muerte”.
También durante el renacimiento se creía que los macabros actos por parte de los nigromantes provocaba el deambular de espectros malignos. A lo largo de la Edad Moderna y merced a la implementación de la Imprenta, también proliferaron tratados ocultistas que clasificaban a las “entidades espectrales” que provenian del otro plano.
Con el transcurrir de los tiempos, las figuras de espectros errabundos vinculados al mundo real continuaron expandiendo sus escalofriantes mantos también para la inspiración de obras literarias. Hacia el siglo XIX, las interpretaciones científicas coexistieron con las doctrinas espiritistas que se diseminaron por toda Europa y América.
Fue también la época de surgimiento de la parapsicología. Desde entonces y para la ciencia, las manifestaciones de “espíritus errantes” se reducen a imágenes evocadas por la mente y a figuras abstractas plenas de simbología inconsciente. Pero lo cierto, es que el mismo interrogante de antaño continúa peregrinando cada vez con mayor intensidad por el sendero que conduce a los inabarcables sucesos sobrenaturales.
OBRA: LOS EXORCISTAS Y LAS ALMAS ERRANTESSi bien la doctrina cristiana no acepta el concepto de “espíritus errantes”, a la luz de los tiempos actuales muchos exorcistas han señalado la existencia de una variable religiosa de “almas purgantes” que se manifiestan en casos de “posesión”.
En tal sentido y como fruto de una supuesta “infestación demoníaca”, han sucedido casos en los cuales se han presentado almas errantes dentro de los mismo poseídos.
Precisamente el renombrado sacerdote exorcista español José Antonio Fortea lo ha expresado en su obra “Tratado sobre las almas errantes”: “Estas almas se sitúan en la parte inferior del purgatorio, es decir, la más cercana al infierno. Pero hay una diferencia clave, mientras los moradores del infierno están en una actitud de rabia, las almas purgantes no demuestran odio sino una profunda tristeza que les impide dirigirse a la luz, que es a lo que aspiranà”.
El padre Fortea señala que esas almas errantes no son ni ángeles ni demonios, ya que no requieren de un exorcismo, sino de oraciones para que finalmente eleven.
(*) Periodista, investigador de temas sobrenaturales

