REVELADOR

El espejo negro del enigmático Leopoldo Lugones

ANÁLISIS. Un gran escritor que suma un sinfín de cuestiones misteriosas en su vida

Por Carlos Parodi (*)
carlosparodi64@gmail.com

Leopoldo Lugones, uno de los escritores más brillantes de la literatura argentina, poseía también facetas misteriosas. Dotado de un gran virtuosismo, lo que reflejó en su amplia y diversa creación literaria, fue polémico con sus cambiantes afinidades políticas. Nacido en la provincia de Córdoba, era partidario de la doctrina Teosófica, y dejó una obra que transitó por una dimensión de inabarcable y extraño espectro.

Buscando verdades ocultas

La Sociedad Teosófica, si bien la creó en Nueva York la escritora de origen ruso Madame Blavatsky en 1875, enseguida expandió sus "ramas" en Europa. Esta doctrina se basada en la unión de la religión, la filosofía y la ciencia. Relacionaba pensamientos espiritualistas y conceptos religiosos tomados de Oriente y Occidente. Sus adherentes afirmaban que todo lo que existe posee un espíritu y una inteligencia que constituía al ser humano en un Dios en potencia. Desde lo ideológico y político, los teósofos sostenían miradas anticlericales y cientificistas.

La doctrina llegó al país a partir de la revista española "Sophia". Lugones en plena juventud durante su estancia en Córdoba, desarrolló un perfil enigmático y se unió a la Rama local "Luz" que había sido creada en 1893. En virtud de su activa participación, fue elegido con el cargo de secretario general en 1900. Ya en Buenos Aires publicó ensayos sobre filosofía, ciencia y arte en la revista de estudios teosóficos "Philadelphia".

En su excelente ensayo sobre el escritor, el doctor en letras e investigador Pedro Luis Barcia sostiene: "Para Lugones teósofo, todas son ciencias, las ocultas y las exactas, químicas y físicas, sin contradicciones entre sí. Todas las fuerzas psíquicas y físicas se asocian". Si bien todo el libro de Lugones constituye una obra maestra de la narrativa fantástica, hay dos relatos cuyos argumentos se deslizan sobre la superficie de lo científico y lo misterioso. "El psychon" que trata sobre un experimento basado en la condensación física y química del pensamiento.

Y "La Metamúsica" en el cual indaga acerca de la física y las doctrinas pitagóricas del Universo como música. Lo cierto es que la Teosofía y el ocultismo confluyeron en la obra del escritor, en especial en su libro de relatos "Las fuerzas extrañas" editado en 1906 y cuyo este volumen está dividido en dos partes. Conformando doce cuentos de carácter fantástico la primera parte, y el "Ensayo de Cosmogonía en diez lecciones", la segunda. Sus cuentos están construidos en base a una atmósfera que irrumpe y vulnera los límites de lo cotidiano y real.

Sobrevuelan en sus relatos visiones filosóficas, esotéricas y científicas que conducen al lector hacia caminos desconcertantes y con finales abiertos . Barcia, en su "Estudio preliminar", edición de 1980 de "Las fuerzas extrañas", indica que "Lo fantástico supone una vacilación en el lector, proyectada a veces del personaje al lector frente a un suceso, que no se anima a explicar cabalmente. Esa experiencia dubitativa lo deja en la perplejidad, en la ambigua incertidumbre acerca de su significación. Lo fantástico se presente como una experiencias de límites, una quiebra de la coherencia universal, una fractura que se puede volcar como agresión sobre el mismo lector".

El espejo negro del enigmático Leopoldo Lugones

Black mirror

Por alguna extraña razón, un extraordinario relato de naturaleza fantástica no fue incluido en "Las Fuerzas extrañas". Nos referimos a "El espejo negro", publicado en el diario "Tribuna" el 17 de septiembre de 1898. Inspirado en postulados esotéricos, el protagonista del cuento es testigo del experimento de un científico basado en un espejo de carbón que absorbe la carga eléctrica del pensamiento, concretando en imágenes el fluido mental del protagonista. "El narrador es invitado a experimentar con el "espejo de brujas" y fijar su pensamiento en la imagen de un famoso criminal recientemente fallecido" según describe Barcia en su ensayo. Una experiencia alucinante de consecuencias nefastas que podría hoy incluirse en un capítulo de la famosa serie "Black Mirror".

Cómo pensaba...

En la última página de "Ensayo de una cosmogonía en diez lecciones" dejó escrito: "Pero un día, cuando nuestro universo esté quizá disuelto en una nubecilla atómica, el seno de esas tinieblas se estremecerá al impulso del rayo inicial, y los abismos estelares volverán a transformarse en soles. Quizá nosotros mismos seamos los animadores de esa vida, y así como ahora pensamos ideas, pensemos entonces espíritus vivientes".

MUY CAMBIANTE: VIVIÓ DIFERENTES ESTADOS Y MANERAS DE PENSAR

Lugones había nacido en 1874 en Villa María, Córdoba. Vivió luego en Santiago del Estero y regresó tiempo después a su provincia para finalizar sus estudios en el Colegio nacional de Monserrat, ya en la Docta.

Se instaló en 1896 en Buenos Aires, donde un año después publicó su primer libro: “Las montañas de oro”. Si bien sus inicios lo acercaron al pensamiento ateo y anarquista, el recorrido que ensayó por distintas corrientes políticas de la época le provocaron infinidad de críticas en la sociedad y en círculos literarios. Es que a lo largo de su vida adhirió sucesivamente al liberalismo, socialismo, conservadorismo y al fascismo más contumaz.

Partidario de la caída de Hipólito Yrigoyen en 1930 a manos del golpe militar que encabezó José Félix Uriburu, también adhirió a los siempre enigmáticos preceptos de la masonería. El cuento, la poesía, el ensayo filosófico y la novela conformaron su universo narrativo, siendo uno de los fundadores del movimiento Modernista.

Influenciado por los autores del simbolismo francés, escribió “Los crepúsculos del jardín” y entre sus obras más emblemáticas aparecen “La guerra gaucha”, “Lunario sentimental”, “Las fuerzas extrañas” y “Cuentos fatales”. Antes de la obra fantástica de Lugones, el país ya contaba con escritores que habían explorado esos mundos irreales, como Eduardo L. Holmberg (1852-1937), aunque también su en conjunto conjugaba lo fantástico con lo científico y policial.

Paradójicamente, Lugones, el escritor que deambuló con riqueza estilística por todos los senderos fantásticos de la escritura, había renovado su fe en la religión católica.

Aunque a los 63 años, nada le impidió acabar con su vida el 18 de febrero de 1938 en el recreo “El Tropezón”, en una isla del Tigre, cuando decidió beber cianuro mezclado con whisky

(*) Investigador paranormal y ufológico

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